Publicidad

México requiere 150,000 mdp anuales para atender su infraestructura hídrica

ONU-Habitat, CMIC y especialistas ambientales plantean una gestión integral que combine inversión, infraestructura, saneamiento, tecnología y protección de ecosistemas.
Personas en el desierto de México sacando agua de una tubería vieja
La CMIC plantea recursos sostenidos para operación y mantenimiento, mientras especialistas advierten sobre el estrés hídrico, las fugas, ponen presión sobre los acuíferos. (Google Flow)

El 45% del territorio de México enfrenta niveles altos o muy altos de estrés hídrico. Sin embargo, la crisis va más allá de la disponibilidad del agua y está relacionada con el acceso desigual, el saneamiento insuficiente, las pérdidas en las redes, el envejecimiento de la infraestructura y la falta de recursos. A ello se suma que solo 43% de la población tiene acceso a servicios de agua gestionados de manera segura, mientras 63% cuenta con servicios de saneamiento y apenas 64% de las aguas residuales recibe un tratamiento seguro.

En el panel “La crisis del agua en México: del diagnóstico al ODS 6” de México por el Clima, reunió las perspectivas de organismos internacionales, el sector de la construcción y la academia, con el objetivo de analizar las brechas del país y las condiciones necesarias para avanzar hacia una gestión integral del recurso.

Publicidad

Dulce García. analista en Medio Ambiente y Cambio Climático de la ONU-Habitat, dijo que la crisis hídrica en México debe abordarse desde una visión sistémica y no únicamente como un problema de infraestructura e indicó que el ODS 6, enfocado en agua limpia y saneamiento, está estrechamente vinculado con otros objetivos de la Agenda 2030, como salud, infraestructura, ciudades sostenibles, acción climática y protección de los ecosistemas.

García resaltó que la gestión del agua debe incorporar aspectos como calidad, eficiencia, tratamiento, higiene y una administración centrada tanto en las personas como en los ecosistemas. Sin embargo, el reto no consiste únicamente en ampliar la infraestructura, sino en garantizar su operación y mantenimiento, especialmente ante redes que en algunos casos tienen entre 50 y más de 100 años de antigüedad.

“México es uno de los pocos países de la subregión que establece el derecho al agua dentro de su constitución, pero a veces el gran reto no es tener la normatividad en torno al tema. Es cómo lo implementas, cómo lo llevas a las ciudades, cómo realmente conviertes una ley en una mejora para la ciudadanía”, destacó.

Ricardo González Noli, presidente de la delegación Ciudad de México de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC), señaló que México cuenta con una amplia cobertura de infraestructura hidráulica, pero persisten importantes brechas en la continuidad del servicio, pues explica que 96.1% de la población tiene cobertura de agua potable y 95.2% de alcantarillado, solo 56.3% recibe agua entubada diariamente.

A esto se suma que 68.1% de las aguas residuales recibe tratamiento, mientras que la falta de recursos para operar y mantener las plantas limita su funcionamiento. El diagnóstico del presidente de la CMIC también muestra una fuerte presión sobre los recursos hídricos, particularmente en el Valle de México, donde la presión hídrica alcanza 128%, frente a 19.2% a nivel nacional.

González agregó que además que cerca de la mitad de los acuíferos del país ya no tiene disponibilidad de agua. Ante este escenario, consideró necesario incrementar la inversión a 150,000 millones de pesos para garantizar recursos específicos para la operación y mantenimiento de la infraestructura, más allá de la construcción de nuevas obras, de los cuales alrededor de 50,000 millones corresponderían al Valle de México.

Publicidad

“Para garantizar que estos recursos se destinen al sector, tenemos la propuesta de crear un fideicomiso público-privado que concentre recursos provenientes de los derechos de factibilidad de desarrollos inmobiliarios y los canalice exclusivamente a obras hidráulicas.

El representante del sector de la construcción también planteó incorporar tecnología para mejorar el monitoreo y mantenimiento de las redes, mediante drones acuáticos, sensores, satélites e inteligencia artificial. Además, propuso fortalecer la reparación de fugas, la medición del consumo y el reúso del agua tratada, ante la pérdida de cerca de 30% del agua potable en la Ciudad de México. También llamó a impulsar esquemas de inversión mixta, programas de captación y recarga de acuíferos, así como campañas de concientización para involucrar a la población en el cuidado del recurso.

Por su parte, Víctor Ávila, titular del Consejo Mexiquense de Ciencia y Tecnología (COMECYT), destacó la importancia del llamado Bosque de Agua para la seguridad hídrica del centro del país. Explicó que este corredor ecológico, que se extiende desde la región de la mariposa monarca y Valle de Bravo hasta el Nevado de Toluca, la Sierra de las Cruces, el Chichinautzin y los volcanes Popocatépetl, Iztaccíhuatl y Tláloc, es fundamental para el suministro de agua de alrededor de 35 millones de personas, además de concentrar 20% de la biodiversidad nacional y sostener 30% de la economía mexicana.

El especialista advirtió que la conservación de estos ecosistemas enfrenta presiones por la tala ilegal, la expansión urbana y los asentamientos humanos. También cuestionó la dependencia de la Zona Metropolitana del Valle de México de los trasvases de agua desde otras cuencas, particularmente mediante el Sistema Cutzamala y dijo que trasladar el recurso desde Michoacán hasta el Valle de México implica superar un desnivel de alrededor de 1,000 metros y requiere una cantidad de energía equivalente al consumo de una ciudad del tamaño de Puebla.

Ávila destacó la intención de destinar recursos para su saneamiento y respaldó la recuperación del Lago de Texcoco como vaso regulador y advirtió sobre la presión que enfrentan cuerpos de agua como las presas Guadalupe y Madín, esta última utilizada para abastecer a alrededor de 300,000 personas.

“Tenemos que rescatar los vasos reguladores de todo el valle, la presa Guadalupe se volvió una fosa séptica al aire libre y si esa presa, ese lago, tuviera una mejor calidad de agua, probablemente dejaríamos de depender bastante del sistema Lerma-Cutzamala”, destacó.

Publicidad

Publicidad