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Las empresas pueden mitigar hasta 6 dólares de riesgo hídrico por cada dólar invertido en el campo

Las empresas de alimentos y bebidas concentran hasta 90% de su exposición al agua en sus proveedores agrícolas, por lo que financiar eficiencia de riego puede reducir riesgos en sus cadenas de suministro.
Chorro de agua en primer plano, de fondo un campo a medio sembrar.
La mayoría de los riesgos de las empresas sobre su exposición al agua están relacionados con el campo. (Foto: fmihura/Getty Images/iStockphoto)

Para una empresa, el riesgo hídrico puede estar mucho más lejos de su planta de lo que muestran sus reportes de sostenibilidad. Una fábrica puede reducir su consumo, reciclar agua o instalar sistemas de captación pluvial y, aun así, mantener su operación expuesta a riesgos hídricos.

Ese desplazamiento del riesgo, de la operación hacia la cadena de suministro, está cambiando la manera en que algunas empresas empiezan a abordar la seguridad hídrica. El campo deja de ser solamente un usuario intensivo del agua y se convierte en una pieza de la infraestructura con la que las compañías pueden reducir su exposición a la escasez.

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De acuerdo con Carbon Disclosure Project, una organización internacional sin fines de lucro, las empresas que reportaron información identificaron 339,000 millones de dólares en posibles impactos financieros asociados con riesgos relacionados con el agua.

La organización calcula que esos riesgos podrían mitigarse con una inversión de 58,700 millones de dólares, lo que equivale a un potencial retorno de seis dólares por cada dólar invertido

De las más de 8,500 empresas que reportaron información sobre agua a CDP en 2024, último reporte disponible, solo 426, equivalentes a 5%, dijeron utilizar un precio interno del agua y apenas el 3% aplicaban un precio que iba más allá de la tarifa externa. Además, aunque 70% de las compañías que reportan sobre agua toman medidas para mapear su cadena de valor, 73% de ellas solo identifica a proveedores directos o de primer nivel.


En México, el campo puede ocupar un lugar central en esa estrategia. Daniela Tagle, Head of Water & Climate Development de Kilimo, explica que las empresas de alimentos y bebidas con las que trabaja encuentran que entre 80% y 90% de su exposición al agua está relacionada con sus proveedores agrícolas y no con sus propias plantas.

Tagle señala que, de acuerdo con datos de CDP que utiliza Kilimo, 65% de las empresas evaluadas considera que el agua es un asunto material, pero solo 29% tiene metas hídricas y 22% reporta avances reales.

Una de las vías para cerrar esa brecha está en llevar capital corporativo, tecnología y conocimiento técnico al campo. Kilimo trabaja directamente con agricultores mediante datos satelitales, agronomía aplicada y sensores para mejorar las decisiones de riego. La compañía mide posteriormente el agua que deja de utilizarse y la traduce en metros cúbicos con trazabilidad hasta las parcelas donde se generó el ahorro.

Es una forma distinta a la de una inversión tradicional en infraestructura hídrica, pues en lugar de construir una nueva fuente de abastecimiento, se busca reducir la cantidad de agua necesaria para producir los mismos alimentos. Tagle considera que la agricultura ofrece una oportunidad para generar ahorros de agua con rapidez y a menor costo, porque concentra una parte importante del consumo y también de las ineficiencias.

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La tecnología, sin embargo, no es suficiente. El agricultor es quien finalmente decide cuánto y cuándo regar. Por eso, Tagle insiste en que el productor debe estar en el centro de la estrategia. “Las empresas grandes pueden tener el compromiso o el presupuesto o la meta de sustentabilidad, pero son ellas las que abren o cierran la válvula de riego, al final”, comenta.

La reducción del consumo de agua no necesariamente es el principal motivo que lleva a un productor a invertir en tecnificación. En un sector fragmentado, donde muchos productores pequeños y medianos no tienen acceso a capital para modernizar sus sistemas de riego, el argumento ambiental pasa a segundo plano.

Tagle explica que la conversación con los agricultores se plantea en términos de rendimiento por hectárea, reducir el consumo puede significar disminuir el gasto de energía para bombear agua, mantener la productividad o proteger su capacidad de seguir produciendo en los siguientes ciclos.

La empresa modificó parcialmente su modelo de negocio hace unos cinco años. Inicialmente vendía directamente a agricultores tecnología para mejorar el riego. Después desarrolló una metodología para cuantificar el agua ahorrada y comenzó a trabajar con corporativos que financian proyectos en cuencas relevantes para sus operaciones y cadenas de suministro.

El modelo de Kilimo agrupa productores de una misma cuenca para alcanzar una escala que un agricultor individual no tendría y canalizar recursos corporativos hacia proyectos de eficiencia hídrica.

El mecanismo puede incluir desde recomendaciones para optimizar sistemas existentes hasta la conversión de riego por gravedad a goteo o aspersión. Estos últimos proyectos requieren mayor inversión inicial, pero también pueden generar mayores ahorros, explica la directiva.

En México, esta estrategia tiene mayor potencial en las regiones donde coinciden estrés hídrico, agricultura y presencia de grandes empresas con compromisos sobre el agua. Tagle identifica entre ellas la cuenca del Río Bravo, que abarca Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas; el Bajío, con Jalisco, Michoacán y Guanajuato; y el noroeste, particularmente Sonora y Sinaloa.

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Suministro de agua Campo mexicano

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