“La transición ocurre más rápido cuando estos factores se alinean y el caso ambiental también tiene sentido económico. El cambio en la matriz energética ya no depende exclusivamente de las metas climáticas, sino también de la capacidad de las empresas para reducir riesgos y sostener el crecimiento de sus operaciones”, señala Óscar García Morales, director de Crecimiento de Energía Real.
Morales considera que la energía se ha convertido en una variable de competitividad, continuidad y acceso a mercados, particularmente ante el crecimiento industrial asociado al nearshoring y las presiones sobre la infraestructura eléctrica. Entre 2019 y 2025, señala, la capacidad de transformación creció 4.1% y las líneas de transmisión 3.8%, mientras la demanda industrial se acelera.
“Hoy hay empresas que no están cambiando su matriz por una meta climática, sino porque no consiguen capacidad para crecer o porque las variaciones de voltaje les están costando producción. En las regiones con mayor presión sobre la infraestructura, el autoconsumo comienza así a ganar relevancia no solo como una estrategia de sostenibilidad, sino como una alternativa para reforzar la continuidad operativa”, advierte.
Por su parte, las cinco empresas que ocupan los últimos lugares de la muestra presentan una distancia considerable frente a los líderes. Banco del Bajío registra 16% de energía renovable; Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP), 10.06%; Gruma, 8.58%; Grupo Aeroportuario del Sureste (ASUR), 2.22%; y Grupo Televisa, 0.14%. Los datos muestran que la incorporación de renovables avanza a diferentes velocidades, dependiendo tanto del sector como de las condiciones para acceder a infraestructura y financiar nuevos proyectos.
Los obstáculos, sin embargo, cambian según el tamaño de las compañías, ya que las grandes empresas enfrentan procesos complejos para integrar soluciones en múltiples instalaciones y coordinar decisiones entre las áreas de finanzas, operaciones, energía y sostenibilidad. Sin embargo, para las pequeñas y medianas empresas, las principales barreras son el acceso a financiamiento, el conocimiento técnico y la capacidad para invertir en proyectos cuyos retornos pueden llegar en el mediano plazo.
“La energía es una decisión estratégica que impacta la competitividad y el crecimiento a largo plazo. La transformación responde a una combinación de costos, exigencias de clientes e inversionistas y compromisos ESG, pero también a la necesidad de fortalecer la resiliencia de las empresas frente a un entorno energético más complejo”, afirma Mónica Vera, Head de Latinoamérica de TMF Group.