México se encuentra debajo del promedio mundial y lejos de países como Brasil que cuenta con 26,000 metros cúbicos o Canadá, con 73,000 metros cúbicos. Además, en los últimos 60 años ha perdido 70% de su disponibilidad y se prevé que caiga debajo de los 3,000 metros cúbicos para 2030.
Si se considera la distribución territorial del agua en el país el escenario es más crítico en algunas regiones. El sur y sureste concentran la mayor parte de los recursos hídricos del país, mientras que las zonas con mayor población, actividad industrial y demanda de agua se localizan principalmente en el centro y norte, regiones con crisis hídrica.
Así que para una empresa, el indicador nacional dice poco sobre las condiciones concretas en las que opera. Una planta industrial, un desarrollo inmobiliario o una operación agrícola pueden ubicarse en una región con estrés hídrico elevado, aunque el país, en promedio, mantenga una disponibilidad superior a la de otras economías.
México enfrenta, así, un doble desafío: por un lado, es una de las economías que más agua dulce extraen a escala global. Por otro, no cuenta con una disponibilidad por habitante comparable con la de los países más abundantes en recursos hídricos y, además, enfrenta una profunda desigualdad entre las regiones donde está el agua y aquellas donde se concentra la demanda.