Publicidad

El Niño amenaza a América Latina y México enfrenta riesgos en alimentos y tasas

Un choque inflacionario en México no será de manera automática, pero puede volverse relevante si golpea a zonas productoras de alimentos en momentos en que los precios ya están elevados, señala UBS.
Corn crops destroyed by drought and disease
El Niño afecta las lluvias y el ciclo de producción de los alimentos, lo que puede elevar sus precios. (Foto: Marccophoto/Getty Images/iStockphoto)

El Niño tiene en alerta a la región latinoamericana y es que se estima que hay 81% de probabilidad que el fenómeno alcance la categoría de "muy fuerte", con anomalías de temperatura iguales o mayores a dos grados centígrado entre octubre y diciembre de este año y proyecta que las condiciones cálidas se mantengan hasta comienzos de 2027 con una probabilidad superior al 96%, de acuerdo con el Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).

Para los inversionistas, el fenómeno no se queda en mera anécdota meteorológica, sino que se ha vuelto una variable con implicaciones económicas. De acuerdo con UBS, el fenómeno ha presionado al alza los precios de los alimentos, complicando la labor de los bancos centrales y ha elevado el gasto público destinado a atención de emergencias y reconstrucción de infraestructura dañada por eventos climáticos extremos.

Publicidad

El Niño, que ocurre de manera cíclica cada dos a siete años y su duración típica oscila entre nueve y doce meses, se caracteriza por un debilitamiento de los vientos que normalmente empujan las aguas cálidas del Pacífico hacia Asia. Cuando esos vientos pierden fuerza, el agua caliente regresa hacia las costas de Sudamérica y el océano libera calor hacia la atmósfera, lo que altera la distribución de las lluvias a escala global.

Zonas históricamente secas, como la costa de Perú, pueden registrar lluvias intensas e inundaciones, mientras que regiones que dependen de las precipitaciones estacionales, como Colombia, el norte de Brasil y partes de Centroamérica, enfrentan riesgo de sequía. El cambio también interrumpe el ascenso de aguas frías cargadas de nutrientes frente a las costas sudamericanas, lo que afecta a la pesca, en particular la de anchoveta en Perú.

El análisis de UBS, en el que señala que economías están más expuestas, toma en cuenta la exposición física y la resiliencia macroeconómica, entendida como el margen fiscal y la credibilidad antiinflacionaria disponibles para absorber un choque si este llega a materializarse.


UBS ubica a Colombia como la economía más vulnerable de la región, por la combinación de una posición fiscal débil, inflación elevada y una exposición significativa al fenómeno a través de los precios de los alimentos y la electricidad.

Brasil y Perú aparecen también en la zona de mayor riesgo, aunque por razones distintas: Brasil enfrenta mayores fragilidades macroeconómicas con un impacto climático comparativamente menor, mientras que Perú presenta el escenario inverso, con un riesgo climático significativo y posibles efectos de segunda ronda en forma de daños a cultivos, pérdidas pesqueras y afectaciones a infraestructura, compensados por fundamentos macroeconómicos más sólidos.

En Venezuela, las sequías asociadas a El Niño podrían complicar la generación hidroeléctrica, principal fuente de energía del país, lo que representaría un contratiempo para los esfuerzos de recuperación de la producción petrolera.

Publicidad

Por su parte, Argentina podría registrar beneficios netos, ya que las lluvias asociadas al fenómeno favorecen los cultivos de granos y oleaginosas, mientras que Chile presenta, según el análisis, preocupaciones limitadas.

México se ubica en una posición intermedia, por un lado el choque no es inflacionario de manera automática pero puede volverse relevante si golpea a zonas productoras de alimentos clave en momentos en que los precios ya se encuentran elevados, como ocurrió con el jitomate, que de acuerdo con el Inegi, su precio acumuló un incremento de 107.8% a nivel nacional entre enero y abril de este año, con variaciones estatales de entre 68.4% y 179.7%, en un contexto asociado a menor disponibilidad del producto y mayores costos de comercialización.

La presión se revirtió meses después: para la primera quincena de julio, el INEGI reportó una caída de 38.98% en el precio del jitomate respecto al periodo previo, lo que contribuyó a que la inflación general se ubicara en 3.12% anual, uno de los niveles más moderados del año.

De materializarse un choque inflacionario derivado de El Niño, ya sea de forma directa a través de los alimentos o indirecta por la destrucción de capacidad productiva que puede provocar un episodio severo, la respuesta más probable de los mercados sería anticipar tasas de interés más altas.

La experiencia reciente, señala el reporte, ha mostrado que los bancos centrales de mercados emergentes, y en particular los latinoamericanos, prefieren pecar de una postura más restrictiva con tal de preservar la credibilidad ganada en los últimos años, lo que a su vez ayudaría a contener los riesgos de depreciación cambiaria.

Publicidad

Tags

Fenómenos meteorológicos Ola de calor Lluvias

Publicidad