De acuerdo con Environmentally Related Tax Revenue (ERTR) de la OCDE, Eslovenia encabeza el ranking de países con mayor recaudación tributaria ambiental, con 3.07% de su PIB, le siguen Grecia, con 2.86% e Italia, con 2.68%, en el top 3.
México se encuentra por debajo del promedio de la OCDE. En el país, los ingresos por impuestos ambientales equivalieron a 1.32% del PIB, frente a 1.78% en promedio entre los países de la organización.
La mayor parte de esa recaudación proviene de la energía. Alrededor de 1.20% del PIB correspondió a impuestos relacionados con este sector, mientras que los vinculados con el transporte representaron 0.12%, según la OCDE.
El organismo señala que la tributación ambiental está subutilizada en México. En su Economic Survey of Mexico 2026, indica que el país introdujo un impuesto al carbono en 2014, pero su aplicación está limitada a determinados combustibles fósiles y las tasas son bajas. Además, señala que el gas natural y la gasolina quedan efectivamente exentos bajo la estructura vigente
Para 2023, la tasa efectiva neta de carbono de México, incluyendo impuestos a combustibles y precios explícitos de carbono, fue de 21.6 euros por tonelada de dióxido de carbono (CO2), frente a 76 euros en el promedio de la OCDE. El organismo estima que ampliar la base del impuesto al carbono y ajustar las tasas podría generar ingresos adicionales equivalentes a 1.8% del PIB.
México sigue el patrón observado en otros países, donde la mayor parte de los ingresos tributarios ambientales proviene de la energía. Sin embargo, esta fuente puede perder peso conforme avance la transición energética, disminuye el consumo de gasolina y diésel o se reduce la base gravable de algunos de los impuestos ambientales tradicionales.
La OCDE señala que, en los países miembros, la recaudación ambiental pasó de representar 1.8% del PIB en 2000 a 1.3% en 2023. Entre los factores están la inflación, que erosiona el valor real de impuestos fijados en cantidades nominales por litro, y el cambio hacia vehículos y combustibles menos intensivos en emisiones.
Esto está llevando a los gobiernos a buscar nuevas formas de ponerle precio a la contaminación. Una de ellas es cobrar directamente por las emisiones de carbono y ampliar las actividades sujetas a estos gravámenes. El informe Tax Policy Reforms 2026 de la OCDE señala que durante 2025 varios países elevaron sus tasas de carbono o ampliaron su cobertura.