¿Cómo funcionan los biocombustibles?
Por otro lado, los biocombustibles permiten sustituir parte del combustible fósil con energía obtenida de materia orgánica. Para los camiones con motores diésel, las opciones incluyen combustibles elaborados a partir de aceites vegetales, grasas animales y aceite de cocina usado. Estas materias primas pasan por procesos industriales que modifican su composición para que puedan utilizarse en el motor.
El biodiésel se obtiene mediante una reacción química que transforma aceites y grasas en combustible y genera glicerina como coproducto. Según el Departamento de Energía de Estados Unidos, suele mezclarse con diésel en diferentes proporciones. Esto permite aprovechar motores existentes, aunque la proporción admisible depende de cada tipo de vehículo, no es la misma para todas.
El diésel renovable elaborado mediante hidrotratamiento, conocido como HVO, utiliza hidrógeno para transformar esas materias primas en un combustible químicamente similar al diésel de petróleo. Esa diferencia permite emplearlo puro o mezclado con combustible fósil en motores compatibles.
Ambas alternativas se queman dentro del motor para producir movimiento y siguen emitiendo dióxido de carbono por el escape. Su posible ventaja climática, según el departamento de Energía de EU, se determina al contabilizar las emisiones de toda la cadena, desde la obtención de la materia prima hasta su consumo.
En México, el Reglamento de la Ley de Biocombustibles, publicado el 3 de octubre de 2025, establece responsabilidades para conservar las características del producto durante su distribución y comercialización. También prohíbe cambiar suelo forestal a agrícola y ampliar la frontera agrícola para producir biomasa destinada a estos combustibles, y exige reportar tipos, origen y volúmenes comercializados.
Por ello, la factura de un combustible identificado como renovable no demuestra por sí sola cuánto reduce la huella del transporte. El cálculo debe considerar si proviene de residuos o cultivos, la energía utilizada para producirlo, las distancias de traslado y la proporción mezclada con diésel fósil. Una mezcla con 20% de biodiésel no equivale automáticamente a reducir 20% las emisiones. Para las flotas mexicanas, su utilidad como alternativa de transición depende de comprobar ese beneficio y de contar con suministro suficiente para sostenerlo durante la operación.
Por ahora, en México, los camiones eléctricos pueden ser una mejor opción para rutas que regresan al mismo punto y cuentan con dónde recargar. Los biocombustibles pueden ayudar a reducir emisiones en vehículos que aún no serán reemplazados y en trayectos sin suficientes cargadores, siempre que el motor permita utilizarlos. Para elegir, cada empresa debe comparar cuánto cuesta y cuánto contamina mover la misma carga en cada ruta.