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Camiones eléctricos vs. biocombustibles y cuál conviene más en México

La electricidad ofrece ventajas en rutas con recarga asegurada mientras que los biocombustibles permiten aprovechar la flota existente, pero su beneficio depende del origen y la mezcla.
Un camión eléctrico azul estacionado
Los camiones eléctricos representaron 9% de las ventas mundiales en 2025 y su precio de compra sigue siendo entre dos y tres veces el de los modelos diésel.
(Foto: jetcityimage/Getty Images)

La mejor alternativa para descarbonizar el transporte de carga en México cambia según la ruta y el momento de renovar el camión. La electrificación ofrece ventajas para operaciones previsibles con recarga asegurada, mientras que los biocombustibles pueden reducir el uso de diésel fósil en unidades existentes, siempre que sean compatibles y tengan suministro verificable.

De acuerdo con el Programa Sectorial de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes 2025-2030. En 2024, las carreteras movilizaron 572 millones de toneladas, equivalentes a 58.3% de la carga nacional. Los vehículos motrices del autotransporte federal de carga tenían una edad promedio de 19.3 años. Esa antigüedad obliga a considerar tanto la incorporación de unidades nuevas como alternativas para reducir el uso de combustibles fósiles en la flota existente.

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Costos y retos de los camiones eléctricos en México

El mercado internacional muestra que la electrificación gana terreno, aunque conserva una barrera de entrada. Según el Global EV Outlook 2026 de la Agencia Internacional de Energía (AIE), los camiones eléctricos representaron 9% de las ventas mundiales en 2025 y su precio de compra sigue siendo entre dos y tres veces el de los modelos diésel.

Para transportistas en México, esa diferencia de precio es apenas una parte de la cuenta, pues hay que evaluar no solo la compra del vehículo, sino también el costo del financiamiento, la instalación de cargadores, las adecuaciones eléctricas y el consumo de energía, además del tiempo que la unidad permanecerá detenida para recargar.

De acuerdo con el análisis de camiones pesados de la AIE, la rentabilidad también depende de los kilómetros recorridos al día, el peso de la carga y el uso de la infraestructura. Si un cargador abastece a varias unidades, su costo se reparte entre más viajes, lo que puede mejorar la viabilidad de la inversión siempre y cuando las rutas sean previsibles y las unidades regresen a una base para recargar.


En el caso de los trayectos largos, la evaluación debe incorporar la disponibilidad efectiva de cargadores compatibles. La AIE contabilizó alrededor de 4,000 puntos públicos de carga en México en 2025 dentro de su análisis de vehículos ligeros; esa cifra no equivale a una red habilitada para tractocamiones, que requieren potencia, conectores y espacio de maniobra adecuados.

Otro punto a considerar es la electricidad utilizada, que también forma parte de la huella ambiental y es que según el Programa Sectorial de Energía 2025-2030, con base en información de Sener, solo 24% de la generación provenía de energías limpias.

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¿Cómo funcionan los biocombustibles?

Por otro lado, los biocombustibles permiten sustituir parte del combustible fósil con energía obtenida de materia orgánica. Para los camiones con motores diésel, las opciones incluyen combustibles elaborados a partir de aceites vegetales, grasas animales y aceite de cocina usado. Estas materias primas pasan por procesos industriales que modifican su composición para que puedan utilizarse en el motor.

El biodiésel se obtiene mediante una reacción química que transforma aceites y grasas en combustible y genera glicerina como coproducto. Según el Departamento de Energía de Estados Unidos, suele mezclarse con diésel en diferentes proporciones. Esto permite aprovechar motores existentes, aunque la proporción admisible depende de cada tipo de vehículo, no es la misma para todas.

El diésel renovable elaborado mediante hidrotratamiento, conocido como HVO, utiliza hidrógeno para transformar esas materias primas en un combustible químicamente similar al diésel de petróleo. Esa diferencia permite emplearlo puro o mezclado con combustible fósil en motores compatibles.

Ambas alternativas se queman dentro del motor para producir movimiento y siguen emitiendo dióxido de carbono por el escape. Su posible ventaja climática, según el departamento de Energía de EU, se determina al contabilizar las emisiones de toda la cadena, desde la obtención de la materia prima hasta su consumo.

En México, el Reglamento de la Ley de Biocombustibles, publicado el 3 de octubre de 2025, establece responsabilidades para conservar las características del producto durante su distribución y comercialización. También prohíbe cambiar suelo forestal a agrícola y ampliar la frontera agrícola para producir biomasa destinada a estos combustibles, y exige reportar tipos, origen y volúmenes comercializados.

Por ello, la factura de un combustible identificado como renovable no demuestra por sí sola cuánto reduce la huella del transporte. El cálculo debe considerar si proviene de residuos o cultivos, la energía utilizada para producirlo, las distancias de traslado y la proporción mezclada con diésel fósil. Una mezcla con 20% de biodiésel no equivale automáticamente a reducir 20% las emisiones. Para las flotas mexicanas, su utilidad como alternativa de transición depende de comprobar ese beneficio y de contar con suministro suficiente para sostenerlo durante la operación.

Por ahora, en México, los camiones eléctricos pueden ser una mejor opción para rutas que regresan al mismo punto y cuentan con dónde recargar. Los biocombustibles pueden ayudar a reducir emisiones en vehículos que aún no serán reemplazados y en trayectos sin suficientes cargadores, siempre que el motor permita utilizarlos. Para elegir, cada empresa debe comparar cuánto cuesta y cuánto contamina mover la misma carga en cada ruta.

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vehículos eléctricos Contaminación ambiental Industria del transporte

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