Para los gobiernos que buscan proteger el abastecimiento de agua, la agricultura o la infraestructura, conseguir recursos exige superar obstáculos que tampoco quedan registrados de manera completa. La CMNUCC señala que los intentos fallidos de encontrar una entidad que acompañe un proyecto pueden no dejar rastro y que varios intervalos entre la planificación y el financiamiento carecen de medición. Una parte del retraso, por tanto, queda fuera de los indicadores con los que se evalúa el avance.
Turquía y Australia, responsables de conducir la cumbre y sus negociaciones, proponen conectar las prioridades nacionales con fuentes de financiamiento y asistencia técnica mediante la iniciativa BRIDGE. Su carta conjunta del 5 de octubre precisa que no será un nuevo fondo, sino que es una propuesta para acercar proyectos y financiadores, mientras las negociaciones deberán dar seguimiento al llamado de la COP30 a triplicar el financiamiento para adaptación hacia 2035.
En su balance publicado el 27 de octubre, la CMNUCC estima que los compromisos actuales de los países permitirían reducir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero alrededor de 6% para 2035, respecto de los niveles registrados en 2019. Si todas las promesas se cumplieran plenamente, la disminución podría llegar a cerca de 9%.
Sin embargo, el organismo advierte que estos recortes siguen siendo insuficientes para mantener al alcance la meta de limitar el calentamiento global a 1.5 grados centígrados respecto de la era preindustrial. Por ello, los países deben tanto cumplir sus compromisos como establecer metas de reducción más exigentes.
En energía, la presidencia impulsa una adhesión voluntaria para que la electricidad represente 35% del consumo final mundial en 2035. La propuesta complementa los compromisos de triplicar la capacidad renovable y duplicar el ritmo de mejora de la eficiencia energética para 2030.
La COP31 también abordará medidas que pueden ponerse en marcha desde las ciudades y las empresas para reducir emisiones y proteger a la población del calor. Entre las prioridades del Programa están disminuir las emisiones de metano, impulsar sistemas de refrigeración más eficientes y fortalecer la capacidad de las ciudades para enfrentar temperaturas extremas. Esto incluye evitar el desperdicio de alimentos y mejorar el manejo de los residuos orgánicos, cuya descomposición genera metano.