Para Mariuz Calvet, chief sustainability officer de Santander México, el reto de la banca ya no consiste únicamente en ofrecer productos verdes, sino en revisar el conjunto de su cartera. “Los bancos somos el motor del desarrollo y podemos tomar las decisiones de dónde se asigna y dónde no se asigna el capital”, señaló.
Esa responsabilidad implica medir las llamadas emisiones financiadas, que es el impacto climático asociado con los proyectos y empresas que reciben crédito. Sectores como minería, cemento, aerolíneas, energía y petróleo y gas seguirán formando parte de la economía, por lo que, dijo Calvet, la respuesta no puede ser simplemente dejar de financiarlos.
“Se tiene que ir marcando la línea de aquí ya no puedo seguir prestando, pero sí es muy importante que se entienda que sí queremos estar para estos sectores para financiar su transición”, explicó.
En las Afores, el proceso también está modificando la evaluación de las inversiones. Davi Razú, director general de Afore XXI-Banorte, explicó que la institución utiliza desde hace varios años un procedimiento de cuatro pasos que comienza por identificar los asuntos de sostenibilidad materiales para cada inversión, revisar indicadores, asignar una puntuación diferenciada por sector y establecer una calificación.
El problema, dijo, sigue siendo la disponibilidad de información. “La información en México todavía no está lo suficientemente estandarizada”. Ante esa limitación, la Afore utiliza su posición como inversionista para pedir mayores datos a las empresas.
Pero la estrategia no consiste necesariamente en excluir a las compañías que todavía no cumplen todos los criterios. Razú explicó que la Afore ha optado por una política de acompañamiento, mediante cartas de condicionamiento que establecen metas que las empresas deben cumplir durante el periodo de inversión.