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La transición energética también busca llegar a un millón de personas en comunidades rurales

La Alianza por la Equidad Energética reúne a empresas, gobierno y sociedad civil para llevar tecnologías limpias a comunidades que históricamente han quedado fuera del acceso energético.
Dos mujeres de una comunidad rural con una vela sobre la mesa, mientras que al fondo una ciudad con energía eléctrica
Más de un millón de personas carecen de electricidad en México. Una alianza multisectorial busca cerrar esta brecha con energía solar, capacitación y economía circular. (Gemini)

La pobreza energética en México afecta a más de un millón de personas que carecen de electricidad o confort térmico, evidenciando profundas desigualdades en el sistema. Para combatir esta problemática, la Alianza por la Equidad Energética promueve la colaboración multisectorial entre la sociedad civil, el gobierno y empresas privadas.

Isabel Studer, presidenta de Sostenibilidad Global explicó en el panel “Pobreza energética en México; qué se necesita para que la transición llegue a quien no tiene acceso” en la Semana México por el Clima, que mediante el uso de tecnologías limpias como sistemas fotovoltaicos y de bombeo agrícola, se busca empoderar a las comunidades rurales y originarias, incluyendo a cooperativas de mujeres instaladoras e incentivar la economía circular mediante la reutilización de paneles solares retirados de centrales industriales para darles una segunda vida útil.

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“Estas iniciativas no solo garantizan el acceso a energías renovables, sino que también impulsan la seguridad alimentaria, la preservación cultural y el desarrollo sostenible a largo plazo”, señala Studer.

La aplicación en las comunidades

En la Península de Yucatán, la transición energética se ha traducido en proyectos que combinan acceso a electricidad, producción agrícola y participación comunitaria. La Alianza por la Equidad Energética reúne a 22 actores de la sociedad civil, el sector privado y el gobierno para desarrollar soluciones orientadas a comunidades que enfrentan barreras de acceso a tecnologías limpias.

Una de ellas es la Escuela Agroecológica U yits ka’an, cuyo nombre significa “el rocío que cae del cielo” en lengua maya, acumula 30 años de trabajo con comunidades de la Península de Yucatán para impulsar la producción de alimentos sanos, nutracéuticos y éticos. Su labor combina prácticas agroecológicas con ecotecnologías para fortalecer la producción local y el vínculo de las comunidades con el territorio.

“Es una escuela de agricultura ecológica. Tenemos ya 30 años de echar a andar este barquito y por 30 años hemos navegado en aguas turbulentas en ocasiones, en aguas positivas, tranquilas y siempre encaminados hacia la producción de alimentos sanos, nutracéuticos, éticos en una palabra”, explicó Atilano Ceballos, fundador y director de la Escuela Agroecológica U yits ka’an.

Hace 15 o 16 años comenzó a utilizar biodigestores para aprovechar el metano generado por excretas de cerdos, mientras que posteriormente incorporó paneles solares para extraer agua destinada a la producción agroecológica con sistemas de bombeo solar que beneficiaron a 10 productores y se complementaron con riego por goteo para reducir el consumo de agua y evitar la sobreexplotación del acuífero.

“Es muy importante producir alimentos. Ese vínculo de que pensemos que toda la comida viene del súper y que toda la comida viene de determinados departamentos, la comida viene de la madre tierra. Entonces, producir alimentos sanos y nutritivos es un valor muy importante”, agrega Ceballos.

Otro de los proyectos se desarrolló con la Cooperativa Túumben K'óoben y permitió que Fátima y Karina, integrantes de la cooperativa, recibieran capacitación para operar y mantener los sistemas instalar 37 sistemas solares en 18 comunidades, principalmente en Quintana Roo y dos en Yucatán. De estos sistemas, 25 fueron destinados a viviendas que no contaban previamente con electricidad y 12 a espacios comunitarios, entre ellos centros de salud, telebachilleratos, iglesias y centros culturales.

Enertika MX fue la que aportó conocimiento técnico para la instalación y operación de los sistemas. La empresa capacitó a las mujeres de la cooperativa en aspectos de seguridad eléctrica, cableado, protecciones y mantenimiento, además de desarrollar materiales visuales y sencillos para facilitar el aprendizaje. Guillermo Rodríguez, gerente general de la empresa, dijo que el objetivo es que las comunidades puedan operar y resolver problemas básicos de sus sistemas sin depender permanentemente de terceros.

Por su parte, Gabriela Zapata, gerente de vinculación comunitaria de Sostenibilidad Global, señaló que el trabajo con la cooperativa permitió diseñar los proyectos a partir de las necesidades de cada comunidad y fortalecer la confianza entre sus habitantes, con un modelo que también busca desarrollar capacidades locales, mediante la participación de las familias en la construcción de las estructuras para los paneles y el trabajo de las mujeres instaladoras, quienes se convirtieron en referentes dentro de sus comunidades.

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Los aliados en la transición

Las alianzas entre empresas, gobierno y sociedad civil pueden facilitar el acceso a tecnologías limpias y permitir que los beneficios de la transición lleguen también a comunidades que históricamente han enfrentado barreras de acceso a la energía. Por ello, Energía Real, empresa de generación distribuida fundada en 2016, participa en la Alianza por la Equidad Energética mediante un modelo de donación vinculado con sus proyectos privados.

La compañía aporta entre tres y cinco dólares por cada kilowatt instalado y, en lugar de limitarse a entregar equipos, busca donar el servicio completo de energía solar a comunidades que enfrentan barreras de acceso.

“La mayoría de nuestros esquemas de donación se llevan a cabo a través de contratos de compraventa de energía, por sus siglas en inglés es que le llaman contratos de PPA, a partir del cual nosotros realizamos el financiamiento de entre 15 y 25 años, la instalación y mucho más importante la operación y mantenimiento de estos paneles en donde sea que estén instalados”, indicó Lorenza Urias, Energy Associate en Energía Real.

Rafiqui, asociación civil sin fines de lucro especializada en el reciclaje de paneles solares, incorpora el componente de economía circular, pues su modelo prioriza evaluar y reutilizar los módulos retirados de centrales solares que todavía tienen capacidad de generación, antes de enviarlos a reciclaje.

Algunos de los paneles utilizados en los proyectos comunitarios provienen de una planta solar en Cancún y pueden conservar entre 10 y 20 años de vida útil. El proceso contempla su evaluación, traslado, instalación y eventual retiro responsable al finalizar su segunda vida.

En el marco del evento México por el Clima, Sostenibilidad Global y Honnold Foundation firmaron un convenio de colaboración para fortalecer el trabajo de la Alianza por la Equidad Energética. Como parte del acuerdo, la fundación realizó un donativo para dar continuidad al proyecto de U Yits Ka’an, en Maní, Yucatán, y promover que más comunidades y pequeños productores se incorporen a la iniciativa de energía solar.

“Para nosotros es de suma importancia que las comunidades estén desarrollando estos proyectos como ellos quieran y que estemos trabajando dentro de territorios como las comunidades aquí en México y en otras partes del mundo desarrollando la energía solar como una herramienta para encender las luces de estos lugares”, afirmó Cynthia Arellano, directora de Donaciones y Asociaciones de Beneficiarios de Honnold Foundation.

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