“Estas iniciativas no solo garantizan el acceso a energías renovables, sino que también impulsan la seguridad alimentaria, la preservación cultural y el desarrollo sostenible a largo plazo”, señala Studer.
La aplicación en las comunidades
En la Península de Yucatán, la transición energética se ha traducido en proyectos que combinan acceso a electricidad, producción agrícola y participación comunitaria. La Alianza por la Equidad Energética reúne a 22 actores de la sociedad civil, el sector privado y el gobierno para desarrollar soluciones orientadas a comunidades que enfrentan barreras de acceso a tecnologías limpias.
Una de ellas es la Escuela Agroecológica U yits ka’an, cuyo nombre significa “el rocío que cae del cielo” en lengua maya, acumula 30 años de trabajo con comunidades de la Península de Yucatán para impulsar la producción de alimentos sanos, nutracéuticos y éticos. Su labor combina prácticas agroecológicas con ecotecnologías para fortalecer la producción local y el vínculo de las comunidades con el territorio.
“Es una escuela de agricultura ecológica. Tenemos ya 30 años de echar a andar este barquito y por 30 años hemos navegado en aguas turbulentas en ocasiones, en aguas positivas, tranquilas y siempre encaminados hacia la producción de alimentos sanos, nutracéuticos, éticos en una palabra”, explicó Atilano Ceballos, fundador y director de la Escuela Agroecológica U yits ka’an.
Hace 15 o 16 años comenzó a utilizar biodigestores para aprovechar el metano generado por excretas de cerdos, mientras que posteriormente incorporó paneles solares para extraer agua destinada a la producción agroecológica con sistemas de bombeo solar que beneficiaron a 10 productores y se complementaron con riego por goteo para reducir el consumo de agua y evitar la sobreexplotación del acuífero.
“Es muy importante producir alimentos. Ese vínculo de que pensemos que toda la comida viene del súper y que toda la comida viene de determinados departamentos, la comida viene de la madre tierra. Entonces, producir alimentos sanos y nutritivos es un valor muy importante”, agrega Ceballos.
Otro de los proyectos se desarrolló con la Cooperativa Túumben K'óoben y permitió que Fátima y Karina, integrantes de la cooperativa, recibieran capacitación para operar y mantener los sistemas instalar 37 sistemas solares en 18 comunidades, principalmente en Quintana Roo y dos en Yucatán. De estos sistemas, 25 fueron destinados a viviendas que no contaban previamente con electricidad y 12 a espacios comunitarios, entre ellos centros de salud, telebachilleratos, iglesias y centros culturales.
Enertika MX fue la que aportó conocimiento técnico para la instalación y operación de los sistemas. La empresa capacitó a las mujeres de la cooperativa en aspectos de seguridad eléctrica, cableado, protecciones y mantenimiento, además de desarrollar materiales visuales y sencillos para facilitar el aprendizaje. Guillermo Rodríguez, gerente general de la empresa, dijo que el objetivo es que las comunidades puedan operar y resolver problemas básicos de sus sistemas sin depender permanentemente de terceros.
Por su parte, Gabriela Zapata, gerente de vinculación comunitaria de Sostenibilidad Global, señaló que el trabajo con la cooperativa permitió diseñar los proyectos a partir de las necesidades de cada comunidad y fortalecer la confianza entre sus habitantes, con un modelo que también busca desarrollar capacidades locales, mediante la participación de las familias en la construcción de las estructuras para los paneles y el trabajo de las mujeres instaladoras, quienes se convirtieron en referentes dentro de sus comunidades.