Actualmente, la OMS establece un valor de referencia de 50 miligramos de nitratos por litro de agua potable, equivalente a 11.3 miligramos por litro cuando la concentración se expresa como nitrógeno procedente de nitratos. El parámetro tiene sus antecedentes en criterios establecidos desde 1958 y se mantiene en las directrices internacionales.
Sin embargo, las organizaciones consideran que este umbral ya no refleja suficientemente los conocimientos científicos sobre los posibles efectos de la exposición crónica, particularmente en relación con el cáncer colorrectal y las complicaciones durante el embarazo.
La solicitud se difundió con motivo del Día Mundial de Una Sola Salud, una iniciativa que reconoce la relación entre la salud humana, los animales, las plantas y los ecosistemas.
La agricultura intensiva, en el centro del problema
Los nitratos son compuestos que aparecen de manera natural en el ambiente y forman parte del ciclo del nitrógeno. Sin embargo, su concentración puede aumentar por actividades humanas, especialmente por el uso excesivo de fertilizantes y el manejo inadecuado de residuos ganaderos.
Cuando las plantas no absorben todo el nitrógeno aplicado a los cultivos, parte de estos compuestos puede filtrarse hacia los acuíferos o llegar a ríos y lagos mediante la escorrentía.
La OMS reconoce que la actividad agrícola, el uso de fertilizantes nitrogenados y el estiércol constituyen fuentes importantes de nitratos en las aguas superficiales y subterráneas. También identifica aportaciones procedentes de aguas residuales y sistemas de saneamiento.
El problema resulta especialmente relevante en las regiones que dependen de pozos para abastecer de agua potable a sus comunidades, debido a que la contaminación de los acuíferos puede permanecer durante periodos prolongados.
Para las empresas agrícolas, una eventual revisión de los estándares internacionales podría traducirse en mayores exigencias para controlar el uso de fertilizantes, monitorear la calidad del agua y reducir las descargas de nutrientes al ambiente.
Sin embargo, la petición presentada ante la OMS todavía no representa un cambio regulatorio. Las directrices del organismo funcionan como referencias científicas para los países, que establecen sus propias normas de calidad del agua.