“Si queremos que la industria crezca, debemos hacerlo en beneficio de la comunidad y medir cómo contribuimos a ella. Esto incluye capacitación, educación, instalaciones y apoyo a las empresas. También implica gestionar los recursos naturales a largo plazo. No se trata solo de cifras, sino de lo que dejamos a las comunidades”, destacó Stewart Moore, fundador y CEO de EarthCheck.
Por otro lado, Daniel Walsh, fundador y director general de Reforest, planteó que los destinos deben evaluar su desempeño ambiental a partir de una pregunta concreta: si el turismo está dejando el entorno mejor de como lo encontró. Para ello, propuso medir el cambio ecológico neto mediante la comparación entre los ecosistemas restaurados, como bosques o arrecifes, y la superficie alterada para desarrollar infraestructura.
En el ámbito social, consideró necesario consultar directamente a las comunidades sobre los aspectos que quieren mejorar y evitar que las prioridades sean definidas exclusivamente desde las empresas o los gobiernos.
“Si hacemos que un lugar sea excelente para vivir, también será excelente para visitar. El turismo debe considerar a los residentes, el territorio y la comunidad que recibe a los viajeros. Por eso, es importante preguntarles qué quieren mejorar, en lugar de decidir desde fuera cuáles deberían ser sus prioridades”, agregó Walsh.
El directivo también señaló que la restauración ecológica debe dejar de ser una acción aislada de sostenibilidad para convertirse en parte del producto turístico. Según su intervención, 84% de los viajeros busca opciones sostenibles, pero espera que estas prácticas estén integradas en la experiencia y no se limiten a un pago adicional.
Para facilitar la participación de las empresas, especialmente pequeñas y medianas, propuso que los destinos impulsen programas colectivos con proyectos de restauración previamente validados, vinculados con las prioridades ambientales de cada territorio y visibles para los visitantes.
El Programa Sectorial de Turismo 2025-2030 del Gobierno de México, advierte que, en algunos destinos, la demanda de agua de hoteles y desarrollos turísticos compite con las necesidades de las comunidades locales, por lo que presión sobre los recursos puede afectar los servicios básicos y la calidad de vida de los residentes, al tiempo que compromete los atractivos naturales de los que depende la propia actividad turística.
“Si hablamos en serio de sostenibilidad, debe ocupar un lugar central en el plan corporativo y, en el caso de un destino, en su estrategia económica. No es una opción de marketing ni una actividad aislada. Debe ser un valor fundamental que oriente las decisiones de inversión y desarrollo”, añadió Moore.