El programa plantea fortalecer la supervisión de concesiones, impulsar el uso eficiente del recurso y garantizar el derecho humano al agua como prioridad nacional. “El programa cambia radicalmente la perspectiva del estado frente al consumo y la explotación del agua al verla como un derecho humano y quitándole la visión patrimonialista, es decir solo como un bien de consumo”, dice Mauricio Llamas, socio regulatorio de Hogan Lovells.
Entre sus metas se encuentran la recuperación acumulada de 3,000 millones de metros cúbicos de agua hacia 2030 y un análisis de alrededor de 500,000 títulos de concesiones para ordenar su uso y disponibilidad.
Esta revisión ya está en curso. Llamas cuenta que la Conagua ha enviado desde hace meses cartas de invitación a empresas para que se regularicen, paguen adeudos y devuelvan volúmenes que no están utilizando. "Ya estamos en revisiones que llamamos auditorías hídricas, y en litigios", comenta.
Una de las transformaciones para las empresas intensivas en agua es la prohibición de mantener volúmenes ociosos más allá de seis años, incluso pagando cuotas de garantía y la eliminación de la transmisión de derechos de agua entre particulares.
Antes era posible comprar o vender concesiones en el mercado; ahora esa puerta está cerrada. "Si no hay disponibilidad en una cuenca, recuperar esos derechos ya no va a ser posible a través de transmisiones, que están prohibidas por la nueva ley", explica Llamas. Esto convierte la concesión vigente en un activo que debe gestionarse activamente, no acumularse como reserva.
La reforma también introduce una figura que Llamas denomina la "empresa responsable hídrica", que implica tener narrativas, controles y programas de cumplimiento que permitan obtener mejores resultados ante la autoridad. Un concepto que antes era parte del discurso de sustentabilidad voluntaria ahora es regulatorio.
El problema de fondo que el programa intenta corregir va más allá de la burocracia. José Iván Zuñiga, director de Paisajes Forestales de WRI México, explica que con el programa se cambia la manera en la que se ve el recurso. "El agua la utilizamos de una manera extractiva, como si fuera minería. Yo saco el oro y no repongo nada. Yo saco el agua y no repongo nada", dice.
Zuñiga explica que el agua tiene dos grandes dimensiones: la del stock, que corresponde a los acuíferos que pueden tardar miles de años en recuperarse, y la del flujo, que es el agua de lluvia que corre por ríos y lagos. El problema es que México ha estado consumiendo ambas sin distinción ni reposición.