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Programa hídrico limita uso de concesiones y endurece reglas para empresas

La meta de recuperar 3,000 millones de metros cúbicos de agua y priorizar el derecho humano anticipa un entorno de mayor fiscalización, escrutinio y exigencias de eficiencia para las empresas.
mié 17 junio 2026 05:00 AM
Urban Quarry Recycling Construction Waste Opens In Teesside
Indusrias como la minería, alimentos y bebidas, manufacturas, agroindustria y desarrollos inmobiliarios son las más intensivas en el uso de agua. (Foto: Ian Forsyth/Getty Images)

Con la publicación del Programa Nacional Hídrico 2026-2030, el gobierno federal fijó objetivos que tendrán implicaciones directas para industrias intensivas en consumo de agua, desde bebidas y alimentos hasta minería, manufactura, agroindustria y desarrollos inmobiliarios.

El programa reconoce que 104 de las 757 cuencas presentan problemas de disponibilidad; que 286 acuíferos ya no cuentan con agua disponible; y que regiones como el Valle de México registran niveles de presión hídrica superiores al 128%, según el documento

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El programa plantea fortalecer la supervisión de concesiones, impulsar el uso eficiente del recurso y garantizar el derecho humano al agua como prioridad nacional. “El programa cambia radicalmente la perspectiva del estado frente al consumo y la explotación del agua al verla como un derecho humano y quitándole la visión patrimonialista, es decir solo como un bien de consumo”, dice Mauricio Llamas, socio regulatorio de Hogan Lovells.

Entre sus metas se encuentran la recuperación acumulada de 3,000 millones de metros cúbicos de agua hacia 2030 y un análisis de alrededor de 500,000 títulos de concesiones para ordenar su uso y disponibilidad.

Esta revisión ya está en curso. Llamas cuenta que la Conagua ha enviado desde hace meses cartas de invitación a empresas para que se regularicen, paguen adeudos y devuelvan volúmenes que no están utilizando. "Ya estamos en revisiones que llamamos auditorías hídricas, y en litigios", comenta.

Una de las transformaciones para las empresas intensivas en agua es la prohibición de mantener volúmenes ociosos más allá de seis años, incluso pagando cuotas de garantía y la eliminación de la transmisión de derechos de agua entre particulares.

Antes era posible comprar o vender concesiones en el mercado; ahora esa puerta está cerrada. "Si no hay disponibilidad en una cuenca, recuperar esos derechos ya no va a ser posible a través de transmisiones, que están prohibidas por la nueva ley", explica Llamas. Esto convierte la concesión vigente en un activo que debe gestionarse activamente, no acumularse como reserva.

La reforma también introduce una figura que Llamas denomina la "empresa responsable hídrica", que implica tener narrativas, controles y programas de cumplimiento que permitan obtener mejores resultados ante la autoridad. Un concepto que antes era parte del discurso de sustentabilidad voluntaria ahora es regulatorio.

El problema de fondo que el programa intenta corregir va más allá de la burocracia. José Iván Zuñiga, director de Paisajes Forestales de WRI México, explica que con el programa se cambia la manera en la que se ve el recurso. "El agua la utilizamos de una manera extractiva, como si fuera minería. Yo saco el oro y no repongo nada. Yo saco el agua y no repongo nada", dice.

Zuñiga explica que el agua tiene dos grandes dimensiones: la del stock, que corresponde a los acuíferos que pueden tardar miles de años en recuperarse, y la del flujo, que es el agua de lluvia que corre por ríos y lagos. El problema es que México ha estado consumiendo ambas sin distinción ni reposición.

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"Al agua le pasa lo mismo que al capital, al dinero. Tendríamos que estar utilizando mayormente los intereses, ese flujo de agua, y el capital cuidarlo mucho, para poder reponerlo todo el tiempo", explica.

El estrés hídrico, además, no es homogéneo. El norte del país enfrenta acuíferos en estado crítico, el centro concentra una alta densidad de usuarios, el sur padece inundaciones y erosión que reducen la capacidad de retención. Y el cambio climático agrava cada una de estas situaciones a ritmos distintos, asegura Zuñiga.

Esta variabilidad, explica el especialista, implica que una empresa instalada en el centro del país hace diez años con un diagnóstico hídrico favorable puede encontrarse hoy en una cuenca con restricciones que no anticipó.

Es precisamente en ese punto donde el riesgo hídrico se convierte en riesgo financiero. "El acceso al agua en este momento deja de ser tan predecible como lo era antes. El funcionamiento de tu empresa puede depender de la disponibilidad. La continuidad operativa del negocio va a estar ligada a tener electricidad y agua. Lo demás se puede solventar con dinero, pero si no tienes esas dos commodities resueltas, muy difícilmente puedes desarrollarte”.

Mientras algunas compañías enfrentan presión por estas nuevas regulaciones, otras llevan años preparándose, como HEINEKEN México. Claudia de la Vega, directora de Asuntos Corporativos de la empresa señala que el agua constituye un factor crítico para sus decisiones de inversión y operación.

La compañía opera con un consumo promedio de 2.3 litros de agua por litro de cerveza producido, por debajo del promedio global de la industria cervecera, que oscila entre 4 y 6 litros, según datos de la empresa. Su planta en Meoqui, Chihuahua, funciona con 1.7 litros por litro producido.

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"La sostenibilidad hídrica no es un tema de cumplimiento, sino de corresponsabilidad. En un país como México, no puede haber crecimiento empresarial sostenible si no existe seguridad hídrica para todos", asegura De la Vega.

La empresa estructura su gestión bajo tres ejes: reducir el consumo por unidad producida, reusar el agua dentro de sus operaciones a través de sistemas de tratamiento y circularidad, y reabastecer las cuencas mediante soluciones basadas en la naturaleza.

En Tecate, Baja California, alcanzaron el balance hídrico de la totalidad del agua contenida en sus productos, lo que la convirtió en la primera cervecería de HEINEKEN en América Latina en lograr ese resultado, mediante proyectos de restauración en la cuenca del Río Colorado.

"Analizamos las condiciones hídricas de cada región donde tenemos presencia para entender los retos, riesgos y oportunidades asociados a la disponibilidad del recurso", asegura la directiva.

No todas las industrias están en el mismo punto. Zuñiga dice que mientras los sectores como el refresquero, el embotellador y el cervecero han avanzado, entre los más rezagados se encuentran el inmobiliario y el hotelero, que por la naturaleza de sus modelos de negocio no siempre asumen las consecuencias del consumo de agua de las edificaciones que construyen y luego transfieren.

Por lo pronto, la clave hacia adelante estará en los reglamentos que la Conagua tiene obligación de publicar y que darán especificidad a las disposiciones de la nueva Ley General de Aguas y a la Ley de Aguas Nacionales reformada.

Esos instrumentos determinarán cómo operará el Fondo de Reserva de Agua, que es el mecanismo a través del cual el Estado planea redistribuir los volúmenes recuperados, cuáles serán las condiciones para que proyectos industriales estratégicos accedan a ese fondo, y cómo se medirá el consumo con las nuevas normas en la materia. Hasta que estén disponibles, muchas de las preguntas concretas sobre viabilidad operativa permanecerán abiertas.

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