En la práctica, esto significa que el compliance se ha convertido en la base de los tres pilares de ESG. En el aspecto ambiental, verifica que las políticas de reducción de emisiones, uso de recursos o reciclaje cumplan con la regulación y con los estándares internacionales. En lo social, vela por la equidad, la inclusión y el respeto a los derechos humanos dentro y fuera de la organización. En la gobernanza, establece los mecanismos de control, transparencia y rendición de cuentas.
“Compliance no es el único pilar de la gobernanza, pero sí es uno de los principales. Es el que cuestiona al consejo de administración, el que pide resultados, el que evita conflictos de interés. Sin compliance, la gobernanza se queda coja”, señala Flores.
Esto porque, dentro de la gobernanza, el cumplimiento establece los controles, los códigos de ética y los mecanismos de transparencia que dan credibilidad a las estrategias ambientales y sociales, afirma Omar Flores, socio de Ensho ESG, una consultora especializada en el tema. “El compliance revisa todo, desde las ventas hasta los proveedores, pasando por recursos humanos y la comunicación externa. Si la sostenibilidad se gestiona sin un componente fuerte de compliance, corre el riesgo de convertirse en greenwashing”.
Para el especialista, el reto más grande es evitar que las empresas comuniquen logros ambientales o sociales que no puedan comprobar. “Las áreas de compliance deben asegurarse de que las compañías no exageren ni mientan sobre su desempeño sostenible”, dice. “Recordemos el caso de Volkswagen, que declaró que sus autos contaminaban menos de lo que realmente lo hacían. Además de las multas millonarias, el daño reputacional fue incalculable. Por eso, el compliance tiene que estar muy cerca de la estrategia ESG, vigilando que lo que se comunica sea congruente con la realidad”, asegura Flores.
El informe de PwC coincide, pues el 77 % de las empresas encuestadas reconoce que la complejidad del cumplimiento puede afectar su capacidad de crecer, pero también afirma que las áreas de compliance son esenciales para mantener la confianza de los reguladores y del mercado.
Para abrirse camino
En México, las áreas de compliance están asumiendo un papel cada vez más visible dentro del gobierno corporativo. Con los comités de auditoría o de ética y la presentación de indicadores y gestión de riesgos, el consejo de administración entiende cada día mejor la importancia del cumplimiento y, a su vez, eso se permea a toda la organización, explica Ortiz.
Enrique Román, director legal y de cumplimiento de Aeroméxico, lo ha vivido de primera mano. “Cuando llegué a la empresa, en 2019, el programa de compliance era todavía muy normativo. Hoy se ha convertido en una parte viva de la cultura organizacional”, cuenta.
Román impulsó iniciativas como los embajadores y campeones de compliance, empleados de distintas áreas que promueven buenas prácticas y sirven de enlace entre el área de cumplimiento y las operaciones. “Hemos aprendido que el compliance se fortalece cuando deja de ser un tema de abogados y se vuelve una responsabilidad compartida”, comenta.