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Javier Herrero, de Sistema B, impulsa una nueva forma de hacer negocio

El director de Sistema B México está impulsando un modelo de negocio que mide el éxito más allá de la rentabilidad y busca transformar el papel de las empresas en la sociedad.
lun 02 marzo 2026 05:00 AM
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La experiencia en un corporativo y en ONG moldeó la visión de Javier Herrero (Foto: Anylú Hinojosa-Peña.)

En la España de los años 80, el futuro parecía estar escrito entre los escritorios de un banco o de las oficinas del Estado, recuerda Javier Herrero, director ejecutivo de Sistema B México. Sus padres querían que él y sus hermanos fueran funcionarios o empleados de la banca, porque eso garantizaba un trabajo. Pero el destino le tenía reservada otra ruta, que cruzaría continentes y redefiniría el significado del impacto en los negocios.

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Herrero estudió Economía en Zaragoza, aunque pronto descubrió que la teoría y los modelos que aprendía en la facultad poco tenían que ver con la vida real. Ese desencuentro lo llevó a cuestionar el papel de la economía en el desarrollo humano. Hacer el Camino de Santiago lo conectó con “un mundo que va más allá de la economía que cuentan los periódicos”, dice. Lo marcó de tal manera que decidió vivir en Santiago de Compostela, donde le dio un nuevo giro a su carrera.

Tras estudiar Economía y comenzar Derecho, sentía que “no terminaba de encontrarse” en esos caminos tradicionales. En la universidad de la ciudad gallega descubrió una beca para cursar una maestría en creatividad aplicada, un programa “casi surrealista” para alguien con formación económica. A la par, comenzó a ser voluntario en Oxfam Intermón. Aquel aprendizaje marcó la brújula ética que acompaña su carrera.

El siguiente giro llegó por una coincidencia personal que lo trajo a México. En 2006, conoció a su esposa, una mexicana dedicada al desarrollo rural. Sus vidas pasaron entre los dos países hasta 2009, cuando decidieron mudarse. Herrero tenía una consultora para la coordinación de ONG de desarrollo de España, lo que le permitía trabajar a distancia, pero una amiga le contó que Natura, la empresa brasileña de productos de cuidado personal, había llegado a México y estaban buscando conformar el equipo.

Primero estuvo como consultor externo, luego, ingresó al área de RH y, a los pocos meses, fue nombrado gerente de Sustentabilidad. “Yo nunca había trabajado en un corporativo y de repente descubrí que una empresa podía tener una misión que generara un impacto tan valioso como el que buscábamos desde una ONG”, comenta.

Su experiencia en Natura transformó su visión sobre el sector privado. “Yo venía de criticar a las empresas y de repente vi que podían transformar vidas”, dice. En la compañía conoció de cerca el impacto real en las comunidades proveedoras de la Amazonía y en las consultoras que vendían los productos, algunas de ellas, en zonas de alta vulnerabilidad.

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Tender puentes

Después, Herrero trabajó como consultor para la UNICEF, donde reforzó su vocación de tender puentes y, en 2016, esa mirada plural lo llevó al movimiento Sistema B, organización civil que promueve que las compañías midan su éxito no solo por su rentabilidad, sino también por su impacto social y ambiental.

“Fue en una sesión de multiplicadores B cuando sentí que esto era una comunidad que iba más allá de una certificación. Era algo que conectaba lo que había visto en Natura como corporativo con lo que había visto con la ONG, esta idea de cómo creamos algo más allá de un interés particular de una empresa”, cuenta.

Así se fue involucrando hasta ser parte de Sistema B México en 2019. Desde entonces, trabaja para que más empresas se sumen al movimiento B. En México, hay 114 certificadas, entre ellas, Aires de Campo, Isla Urbana o Danone. “Cuando en el país hay 4.5 millones de empresas, 114 parecen pocas. Pero lo valioso es que son las que están abriendo el camino”, comenta.

El objetivo es promover un cambio en la forma de entender el papel de las empresas en la sociedad y así transformar la lógica con la que operan los mercados. Para Herrero, ese cambio comienza por reconocer que no son entes aislados, sino que están inmersas en un sistema en el que tienen un impacto en sus trabajadores, en las comunidades, en los consumidores y en el medioambiente. La meta es que se integre el bienestar social y ambiental en el modelo de negocio y no como algo externo . “No se trata de que todas las empresas sean B, sino de que todas se comporten como si lo fueran”, explica.

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Una compañía con esta visión considera el beneficio económico y el impacto, lo que implica, por ejemplo, trabajar en reducir brechas de desigualdad, fortalecer relaciones justas con proveedores y garantizar condiciones laborales dignas. También demanda una gestión más transparente con todos los grupos de interés.

En un contexto global marcado por la urgencia climática y las brechas sociales, Herrero cree que el movimiento B representa una respuesta de largo plazo. “El Camino de Santiago está lleno de catedrales. Quienes comenzaron a levantar sus muros nunca llegaron a verlas terminadas; con el tiempo, otros siguieron sumando piedras, nuevas ideas. Haciendo una analogía, también estamos construyendo una catedral”, dice.

Herrero sostiene que cada empresa comprometida con un propósito es una pieza de una gran obra colectiva que busca construir una economía más responsable. Su liderazgo no se mide en cifras, sino en la capacidad de inspirar a otros a repensar el sentido de hacer empresa y entender que el éxito no solo se refleja en los balances, sino en el impacto que se genera en la vida de las personas y en el entorno. “Somos un movimiento pequeño con un propósito enorme: demostrar que sí se puede construir una mejor economía, inclusiva, equitativa y regenerativa”.

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