De acuerdo con información del Senado, se aprobaron reformas para elevar las penas por delitos ambientales, incluyendo sanciones más severas para quienes dañen ecosistemas o contaminen cuerpos de agua.
Análisis legales como los de Hogan Lovells señalan que estas modificaciones también amplían la responsabilidad de las empresas, lo que incrementa el riesgo legal y reputacional ante incumplimientos.
“Lo que hemos visto también con algunos estudios que están circulando es que los procesos de fiscalización aplican a puntos bastante recurrentes, sobre todo permisos ambientales desactualizados o inexistentes, reportes incompletos o sin respaldo, y falta de trazabilidad de la información, lo que finalmente deriva en sanciones”, dice Pedro Feres, gerente comercial de m-risk.
La importancia de la supervisión
El aumento de sanciones no necesariamente implica un deterioro ambiental, sino una mayor capacidad de supervisión. De acuerdo con análisis de KPMG, la regulación ambiental en México y en el mundo se ha vuelto más estricta en los últimos años, impulsada por la necesidad de combatir la crisis climática y fortalecer la gobernanza corporativa. Este contexto ha obligado a las empresas a elevar sus estándares de cumplimiento y a integrar la sostenibilidad como un eje estratégico dentro de sus operaciones.
“En general, la gran mayoría de las multas aplica principalmente a temas de errores de cumplimiento más que a desastres medioambientales; son fallas en la gestión, omisiones o falta de información adecuada, lo que muestra que todavía hay una brecha importante en la forma en que las empresas administran sus obligaciones”, agrega Feres.
Daniel Ortiz, director de Forensic en KPMG México, explica en el análisis que uno de los principales desafíos para las empresas radica en la gestión de la información ambiental. Señala que aunque muchas compañías implementan acciones para mitigar su impacto, no siempre cuentan con sistemas que permitan documentar y demostrar ese cumplimiento ante las autoridades.
“En un mundo donde la corrupción y la crisis climática representan amenazas reales, las organizaciones tienen la responsabilidad y el poder de liderar con el ejemplo. Implementar programas ESG sólidos no solo mejora la reputación y resiliencia empresarial, sino que también contribuye a un futuro más justo y sostenible”, menciona Ortiz.