La especialista afirmó que las compañías que avanzan más rápido son aquellas que combinan objetivos de largo plazo con metas inmediatas. “Queremos tener la trayectoria de largo plazo, pero también metas de corto plazo. Eso ha creado mucha innovación dentro de las empresas”. Y añadió que actualmente existen soluciones tecnológicas suficientes para acelerar la transición climática, aunque el desafío está en implementarlas a la velocidad necesaria para cumplir con el objetivo de limitar el calentamiento global a 1.5 grados Celsius.
De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (IEA), alcanzar emisiones netas cero para mediados de siglo requiere una transformación profunda de los sistemas energéticos globales y un incremento sostenido de las inversiones en tecnologías limpias. La misma agencia estimó que en 2025 la inversión global en energía limpia alcanzará 2.2 billones de dólares, el doble de los recursos destinados a combustibles fósiles.
En el panel también se discutió el impacto de la incertidumbre geopolítica sobre las estrategias corporativas de sostenibilidad. Huusko advirtió que la dependencia mundial de los combustibles fósiles ha incrementado la vulnerabilidad económica de distintos países frente a conflictos internacionales y disrupciones en las cadenas de suministro. “Existe una vulnerabilidad estructural derivada de la dependencia de los combustibles fósiles. Eso impulsa inflación e inestabilidad social y política”, dijo.
La representante de Naciones Unidas destacó que las energías renovables se han convertido en una oportunidad económica y de seguridad energética para gobiernos y empresas.
México importa cerca de 75% del gas natural que consume, principalmente desde Estados Unidos, lo que mantiene abierto el debate sobre cómo acelerar el despliegue de energías renovables, almacenamiento y otras tecnologías para reducir esa dependencia.
La especialista hizo un llamado para que pese a los cambios políticos y regulatorios observados en algunos países, las empresas no abandonen sus planes climáticos de largo plazo y consideró que el reto actual no es demostrar que la transición energética es posible, sino acelerar su implementación mediante políticas públicas coherentes, financiamiento y liderazgo empresarial.