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Las empresas enfrentan presión ante las nuevas metas climáticas de México

El nuevo compromiso climático de México redefine reglas, riesgos y oportunidades para el sector privado en un contexto donde la implementación se vuelve el principal desafío.
mié 06 mayo 2026 03:36 PM
Reduce CO2 emissions to limit climate change and global warming. Chart with temperature forecast for low and high greenhouse gas levels in the future. Decarbonize. Net zero carbon dioxide footprint.
Empresas, gobierno y sociedad civil deben trabajar juntos para reducir emisiones y lograr los objetivos de ser un país net zero en la década de 2050. (Foto: NicoElNino/Getty Images/iStockphoto)

La actualización de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés) abre una nueva etapa para la acción climática en México, con implicaciones directas para el sector empresarial. En el panel “NDC 3.0: ¿qué deben hacer las empresas ahora?”, realizado durante el Encuentro Pacto Global 2026, representantes de gobierno, organismos internacionales y empresas coincidieron en que el desafío ya no es definir metas, sino ejecutarlas en tiempo y forma.

El punto de partida es un contexto global en el que los compromisos actuales aún resultan insuficientes. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la suma de las NDC vigentes coloca al mundo en una trayectoria de calentamiento superior a 2.5 grados centígrados hacia finales de siglo, lejos del objetivo del Acuerdo de París de limitarlo a 1.5 grados centígrados. Esta brecha, conocida como “gap de emisiones”, obliga a elevar la ambición y acelerar la implementación.

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Durante la conversación, Andrea Hurtado, directora general de Políticas para la Acción Climática de la Semarnat, explicó que la NDC 3.0 de México introduce cambios estructurales que buscan responder a ese reto. “Lo que buscamos fue presentarla como una hoja de ruta integral de acción climática para el país”, señaló. A diferencia de versiones anteriores, el nuevo instrumento incorpora tres componentes adicionales: pérdidas y daños, medios de implementación y temas transversales como derechos humanos y transición justa.

Uno de los cambios más relevantes es el paso de metas relativas a metas absolutas de reducción de emisiones. “Eso nos permite traducirnos a metas en presupuestos de carbono sectoriales específicos y trazar rutas sectoriales de descarbonización”, explicó la funcionaria. Este enfoque busca dar mayor claridad sobre cuánto debe reducir cada sector y en qué plazos, en línea con el objetivo de alcanzar emisiones netas cero hacia mediados de siglo.

En 2024, México emitió alrededor de 784 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente y la meta es reducirlas a menos de 700 millones para 2035.

Desde la perspectiva internacional, Heidi Huusko, líder de Medio Ambiente y Clima del Pacto Global de Naciones Unidas, comentó que las NDC envían señales claras al mercado, pero su éxito depende de la ejecución. “Ahora se trata de implementación, y ahí es donde se vuelve difícil”, advirtió. La experta recordó que, incluso sumando los compromisos actuales, el mundo no está en ruta para cumplir el objetivo de 1.5 grados.

En este escenario, el sector privado adquiere un papel central. “Estos esfuerzos van más allá de los gobiernos y es ahí donde el sector privado juega un rol clave”, afirmó Huusko. Para la especialista, las empresas no solo deben fijar metas de reducción de emisiones, sino desarrollar planes de transición que alineen todas sus áreas, desde finanzas hasta compras.

El reto implica integrar la sostenibilidad en la estrategia de negocio. “No vas a descarbonizar para luego volver a carbonizar; no es una forma financieramente viable de operar”, dijo Huusko. En ese sentido, la adopción de objetivos basados en ciencia y la transparencia en los avances se vuelven herramientas clave para generar confianza y evitar prácticas como el greenwashing.

Mariana Fernández, gerente senior de Sustentabilidad y Relación con Inversionistas de Rotoplas, describió cómo este nuevo entorno regulatorio y de mercado está transformando la operación de las compañías.

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En México, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores comenzó a exigir reportes alineados con estándares internacionales de sostenibilidad, lo que eleva el nivel de exigencia para las empresas. “Muchas veces ya tenemos estrategias de sustentabilidad, pero ahora es el siguiente nivel”, dijo Fernández .

Más allá del cumplimiento, la transición climática también abre oportunidades de negocio. Fernández destacó el caso del sector hídrico, donde la demanda de soluciones ha crecido ante fenómenos como sequías e inundaciones. “Pasamos de un trimestre donde la demanda era por captación pluvial a otro donde era por almacenamiento”, contó respecto a los fenómenos climáticos que se han vivido en los últimos años en el país.

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) estima que por cada grado adicional de calentamiento global, alrededor del 7% de la población mundial enfrentará una reducción de al menos 20% en la disponibilidad de agua, lo que incrementa la presión sobre sectores productivos y cadenas de suministro.

En este contexto, la innovación se vuelve un factor competitivo. Empresas que desarrollen soluciones en eficiencia energética, economía circular o gestión del agua podrán posicionarse mejor en un mercado cada vez más regulado y exigente. “Podemos generar valor a través de lo que vendemos, con algunos cambios importantes o a veces no tan grandes”, señaló Fernández .

El enfoque de la NDC 3.0 también apunta a una transformación estructural de la economía. Hurtado destacó que la estrategia climática está vinculada a una política industrial que busca generar valor agregado y empleo. “Es un desarrollo económico distinto, de otra calidad”, señaló la funcionaria.

Un ejemplo es el sector transporte, responsable de cerca del 23% de las emisiones del país. La apuesta no es solo electrificar vehículos, sino impulsar cadenas de valor nacionales y modelos de movilidad más sostenibles. Este enfoque, inspirado en experiencias internacionales, busca combinar descarbonización con desarrollo económico.

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La transición, sin embargo, no está exenta de riesgos. Las empresas deberán gestionar impactos físicos del cambio climático, como interrupciones en cadenas de suministro, así como riesgos de transición derivados de cambios regulatorios y tecnológicos. “No hay una sola empresa que sobreviva en un mundo con 2 o 3 grados por encima de los niveles preindustriales”, advirtió Hurtado.

Otro desafío clave es la integración de las pequeñas y medianas empresas. Aunque su contribución directa a las emisiones es menor, su papel en las cadenas de valor es fundamental. En este sentido, los incentivos de mercado y el acceso a financiamiento serán determinantes. “Cuando condicionemos el acceso al crédito al desempeño ambiental, ahí es donde cambian las cosas”, señaló la funcionaria.

Las grandes empresas ya están trasladando estas exigencias a sus proveedores, generando un efecto cascada. Programas de capacitación, mejores condiciones comerciales y acompañamiento técnico se perfilan como mecanismos para facilitar la transición de las pymes.

Así, la NDC 3.0 no solo redefine metas climáticas, sino que establece un nuevo marco de operación para el sector privado. En un escenario donde la regulación, los inversionistas y los consumidores convergen, las empresas deberán adaptarse con rapidez o quedar rezagadas en una economía que ya comenzó a transformarse.

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Organización de las Naciones Unidas Expansión ESG Summit 2025, cambio climático

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