Arroz indio, cangrejo de Bering
En Marruecos seis años de sequía coronados por dos olas de calor históricas, en 2023 y 2024, redujeron los rendimientos de los cereales un 40% y arruinaron las cosechas de aceitunas y cítricos, recuerda Zahedi.
Esto también ocurre en zonas montañosas, como en la primavera de 2025, cuando temperaturas superiores a 30 °C (10 °C por encima de lo normal) en la cordillera kirguisa de Ferganá sometieron a frutas y cereales a un choque térmico y a una invasión de langostas. Resultado: 25 % menos de cosechas.
Por último, en el este del mar de Bering, una ola de calor marino en 2018–2019 provocó la muerte de 90% de los cangrejos de las nieves, lo que condujo al cierre de una de las pesquerías "más rentables" del Ártico, señala el informe.
Frente a esta situación "vemos ejemplos de acciones innovadoras", destaca Zahedi, quien menciona a India, donde los agricultores prueban variedades de arroz más precoces. Desafío enorme para un país que obtiene de este cultivo 70 % de sus calorías y donde la agricultura da sustento a millones de trabajadores.
Los picos de calor ya afectan a más de mil millones de personas, en primer lugar a los agricultores y sus familias (salud, productividad…).
También debilitan una seguridad alimentaria ya muy incierta (en 2024, 2,300 millones de personas sufrían algún tipo de inseguridad alimentaria).
El informe llama a adoptar semillas y razas adaptadas a las nuevas condiciones, y a poner sistemas de alerta a disposición de los agricultores, dado que el calor extremo es uno de los fenómenos meteorológicos más previsibles.
"Vemos acciones, pero son insuficientes", insiste el responsable de la FAO, subrayando la importancia "crítica" de los sistemas de alerta.
Pero sin una reducción "ambiciosa" de los gases de efecto invernadero, "la gravedad de los calores extremos superará cada vez más la capacidad de adaptación", señala el informe. "Construir resiliencia es esencial, pero no puede sustituir una acción climática decidida", destaca.