“Estos espacios de convivencia, de celebración, de festivales masivos en los que venimos a disfrutar, también podemos impulsar a hacer el cambio y dejar un impacto positivo en nuestro entorno. Aprovechamos estas plataformas para demostrar que la sustentabilidad puede integrarse en la experiencia del usuario”, indica Inti Pérez, directora de sostenibilidad de Heineken México.
De acuerdo con la estrategia Pa’l Norte Sustentable, el festival articula acciones en dos ejes principales: ambiental y social. En el primero, destaca el programa de “cero residuos”, cuyo objetivo es evitar que los desechos lleguen a rellenos sanitarios mediante su correcta segregación, acopio y envío a cadenas de reciclaje . Este esfuerzo se complementa con la medición de huella de carbono, el reúso de agua en estructuras y alternativas de movilidad como el carpooling y la extensión del transporte público.
El año pasado, el programa evitó el uso de 135,000 artículos desechables mediante la implementación de vasos reutilizables, lo que permitió recuperar 11 toneladas de materiales reciclados. Además, 90% de los establecimientos de alimentos adoptaron envases compostables. En materia de gestión de recursos, las iniciativas enfocadas en el cuidado del agua y la eficiencia energética permitieron reutilizar más de 100,000 litros de agua (equivalente a 10 camiones cisterna) empleada en la infraestructura para el riego del Parque Fundidora.
Entre las iniciativas destaca un stand modular alimentado con energía solar, diseñado para ser reutilizado en distintos eventos y evitar el uso de materiales de un solo uso. A ello se suma el uso de iluminación LED y la reutilización de materiales promocionales para fabricar productos como sombreros o pines, en línea con principios de economía circular.
Desde la perspectiva de Heineken México, el festival funciona como una plataforma para materializar su estrategia de sustentabilidad, acercando al público prácticas de circularidad, consumo responsable y eficiencia energética mediante experiencias interactivas.
“Estos espacios de convivencia, de celebración, de festivales masivos en los que venimos a disfrutar, también podemos impulsar a hacer el cambio y dejar un impacto positivo en nuestro entorno. Aprovechamos estas plataformas para demostrar que la sustentabilidad puede integrarse en la experiencia del usuario", agrega Pérez.
En paralelo, el eje social incluye accesibilidad en escenarios, intérpretes de lengua de señas, experiencias sensoriales para personas con discapacidad auditiva y espacios de atención como puntos violeta y blanco, enfocados en salud mental y prevención de violencia. Estas acciones responden a una demanda creciente por entornos más inclusivos en eventos masivos, en línea con estándares internacionales de la industria.
Según datos de la compañía, en eventos previos se han registrado hasta 1,600 interacciones diarias en estos espacios, lo que evidencia el potencial de los festivales como plataformas de sensibilización masiva. Además, el programa ha logrado que 30 shows tengan una interpretación con lenguaje de señas mexicana, 120 personas sordas vivieran la música a través de chalecos sensoriales de Fundación OCESA y que más de 230 personas con discapacidad disfrutaran el festival a través de una plataforma accesible.