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Festivales masivos: el nuevo laboratorio para cambiar hábitos climáticos

Con audiencias que alcanzan a 10 millones de personas al año, los conciertos en México prueban prácticas de economía circular, energía limpia y que buscan replicarse fuera del recinto.
vie 27 febrero 2026 05:55 AM
conciertos y contaminacion
Los organismos internacionales como el World Resources Institute (WRI) y la International Association of Event Hosts (IAEH) sostienen que, por su alcance, los eventos masivos pueden funcionar como verdaderos laboratorios contra el cambio climático y los problemas sociales. (Shinyfamily/Getty Images/iStockphoto)

En México, los festivales musicales no solo congregan a artistas nacionales e internacionales; también detonan cadenas completas de proveeduría, infraestructura temporal y consumo. Su impacto va más allá del espectáculo: influyen en los hábitos de alimentación y compra de millones de asistentes, así como en los mensajes que reciben de patrocinadores y figuras públicas durante la experiencia.

Los organismos internacionales como el World Resources Institute (WRI) y la International Association of Event Hosts (IAEH) sostienen que, por su alcance, los eventos masivos pueden funcionar como verdaderos laboratorios sociales. Es decir, espacios donde se prueban soluciones climáticas y se observa, casi en tiempo real, cómo las personas las adoptan o las descartan.

La lógica, explican, es directa: cuando miles de personas interactúan con esquemas de separación de residuos, movilidad compartida o consumo responsable dentro de un mismo recinto, el aprendizaje colectivo se acelera. Esa experiencia práctica incrementa la probabilidad de que las conductas sostenibles se repliquen fuera del evento.

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En el país, encuentros como Vive Latino, Corona Capital y EDC se han consolidado como vitrinas para impulsar iniciativas ambientales y sociales. En conjunto, de acuerdo con OCESA, alcanzan a cerca de 10 millones de personas al año, alrededor del 7.5% de la población. Además, un reporte del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reporta que 26.5% de los mexicanos dijo haber asistido a conciertos en 2024, lo que significa más de cinco puntos porcentuales respecto a periodos previos.

Para Armando Calvillo, director de marketing comercial y miembro del comité de sostenibilidad de OCESA, el tamaño de estas audiencias convierte a los festivales en plataformas idóneas para ensayar acciones con potencial transformador. Si la experiencia logra modificar comportamientos y trasladar esos cambios a la vida cotidiana, sostiene, el impacto puede trascender el escenario.

El directivo reconoce, no obstante, que reunir a miles de personas también implica una huella ambiental significativa. Traslados, consumo de energía, uso de materiales y operación logística generan emisiones de dióxido de carbono. Por ello, la estrategia, afirma, se centra en medir y reducir ese impacto, al tiempo que se aprovecha la atención del público para comunicar mensajes que vayan más allá del entretenimiento.

La IAEH enfatiza que el concepto de laboratorio no se limita a mitigar daños, sino a detonar cambios de conducta. Diversos estudios sobre turismo sostenible indican que la experiencia directa, como separar residuos o recibir orientación sobre compostaje, resulta más efectiva para modificar hábitos que una campaña publicitaria tradicional.

Uno de los desafíos más visibles es la gestión de residuos. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha documentado que los grandes eventos pueden generar toneladas de plásticos de un solo uso y desperdicio alimentario en pocos días, lo que obliga a implementar sistemas sólidos de economía circular.

En respuesta a esa situación, OCESA puso en marcha el programa Hagamos Composta en festivales como el Corona Capital. La iniciativa instala módulos para separar residuos orgánicos desde su origen y transformarlos en abono, evitando que terminen en rellenos sanitarios y reduciendo emisiones asociadas. La composta se reincorpora posteriormente a áreas verdes, cerrando el ciclo de los materiales.

Calvillo resalta que la operación y logística exige una coordinación milimétrica, pues separar residuos en un entorno con decenas de miles de asistentes implica capacitar personal, alinear a concesionarios y garantizar que los materiales no lleguen mezclados a los centros de procesamiento. La estrategia, explica el directivo, ha evolucionado hacia la corresponsabilidad de proveedores y patrocinadores para asegurar resultados medibles.

Dentro de esos proveedores se encuentra HEINEKEN, en la que conjuntamente implementaron una estrategia de “Experiencia Sustentable” en festivales como EDC, con más de 20 iniciativas ambientales y sociales: uso de desechables compostables, módulos de composta, donación de alimentos, puntos violeta y espacios de salud mental. Además, se instalaron stands operados con energía solar y promovieron consumo moderado y diversidad.

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El componente social también forma parte del laboratorio. Programas de accesibilidad para personas con discapacidad, donación de alimentos y protocolos contra la violencia de género buscan que la experiencia sea incluyente y segura. La premisa es que las prácticas probadas en el festival puedan replicarse después en otros espacios públicos y privados.

En materia energética, el reto es igualmente complejo. La Agencia Internacional de Energía advierte que el sector del entretenimiento demanda grandes volúmenes de electricidad para iluminación, sonido y transmisión. Migrar hacia opciones más limpias, como biodiésel o fuentes renovables, aún enfrenta limitaciones tecnológicas y de proveeduría en México, por lo que las empresas combinan medición de huella, bitácoras y estrategias de compensación.

“Hay muchos retos. En energía, por ejemplo, quisiéramos migrar totalmente a opciones más limpias como biodiésel, pero la tecnología y la proveeduría en México todavía no permiten cubrir las capacidades que requieren los escenarios. No podemos arriesgar un show, así que equilibramos con bitácoras, medición de huella y otras acciones que compensen”, reconoce Calvillo.

A futuro, la empresa busca ampliar certificaciones como la que obtuvo el año pasado el Corona Capital con el ISO 20121, el cual establece un sistema de gestión para organizar eventos sostenibles. Además, OCESA busca consolidar y profundizar en la medición de su huella de carbono como base para reducir y compensar emisiones. La medición, coincide el directivo, es el primer paso para una transición creíble.

La WRI y la IAEH coinciden en que las acciones de sostenibilidad que hoy impulsan empresas en México y el mundo impactan también a la música en vivo, eje de la cultura urbana. Los festivales han dejado de ser solo una cita anual: son laboratorios donde se ensayan soluciones ambientales y sociales ante millones. Al aplicarlas, su eco trasciende el escenario y se replica en la vida cotidiana de cada asistente.

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