En el país, encuentros como Vive Latino, Corona Capital y EDC se han consolidado como vitrinas para impulsar iniciativas ambientales y sociales. En conjunto, de acuerdo con OCESA, alcanzan a cerca de 10 millones de personas al año, alrededor del 7.5% de la población. Además, un reporte del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reporta que 26.5% de los mexicanos dijo haber asistido a conciertos en 2024, lo que significa más de cinco puntos porcentuales respecto a periodos previos.
Para Armando Calvillo, director de marketing comercial y miembro del comité de sostenibilidad de OCESA, el tamaño de estas audiencias convierte a los festivales en plataformas idóneas para ensayar acciones con potencial transformador. Si la experiencia logra modificar comportamientos y trasladar esos cambios a la vida cotidiana, sostiene, el impacto puede trascender el escenario.
El directivo reconoce, no obstante, que reunir a miles de personas también implica una huella ambiental significativa. Traslados, consumo de energía, uso de materiales y operación logística generan emisiones de dióxido de carbono. Por ello, la estrategia, afirma, se centra en medir y reducir ese impacto, al tiempo que se aprovecha la atención del público para comunicar mensajes que vayan más allá del entretenimiento.
La IAEH enfatiza que el concepto de laboratorio no se limita a mitigar daños, sino a detonar cambios de conducta. Diversos estudios sobre turismo sostenible indican que la experiencia directa, como separar residuos o recibir orientación sobre compostaje, resulta más efectiva para modificar hábitos que una campaña publicitaria tradicional.
Uno de los desafíos más visibles es la gestión de residuos. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha documentado que los grandes eventos pueden generar toneladas de plásticos de un solo uso y desperdicio alimentario en pocos días, lo que obliga a implementar sistemas sólidos de economía circular.
En respuesta a esa situación, OCESA puso en marcha el programa Hagamos Composta en festivales como el Corona Capital. La iniciativa instala módulos para separar residuos orgánicos desde su origen y transformarlos en abono, evitando que terminen en rellenos sanitarios y reduciendo emisiones asociadas. La composta se reincorpora posteriormente a áreas verdes, cerrando el ciclo de los materiales.
Calvillo resalta que la operación y logística exige una coordinación milimétrica, pues separar residuos en un entorno con decenas de miles de asistentes implica capacitar personal, alinear a concesionarios y garantizar que los materiales no lleguen mezclados a los centros de procesamiento. La estrategia, explica el directivo, ha evolucionado hacia la corresponsabilidad de proveedores y patrocinadores para asegurar resultados medibles.
Dentro de esos proveedores se encuentra HEINEKEN, en la que conjuntamente implementaron una estrategia de “Experiencia Sustentable” en festivales como EDC, con más de 20 iniciativas ambientales y sociales: uso de desechables compostables, módulos de composta, donación de alimentos, puntos violeta y espacios de salud mental. Además, se instalaron stands operados con energía solar y promovieron consumo moderado y diversidad.