Publicidad

La agenda social se consolida en el 74% de las empresas internacionales

Aunque el entorno geopolítico ha sido incierto, las grandes corporaciones mantienen compromisos en diversidad e inclusión para reducir riesgos reputacionales.
mar 24 febrero 2026 07:50 AM
impacto social y empresas
Según el análisis de Pledge1% señala que 71% de los empleados considera el propósito social un factor clave al elegir empleo y que 90% se siente más inspirado en empresas con propósito claro. (Juthamat Yamuangmorn/Getty Images)

La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos en 2017 marcó un punto de inflexión en la relación entre política, sociedad y empresas. Su discurso centrado en el nacionalismo económico, el endurecimiento de las políticas migratorias y una postura conservadora en temas sociales contrastó con una tendencia empresarial que, en los años previos, había comenzado a integrar con mayor fuerza agendas de diversidad, inclusión y sostenibilidad.

En México, uno de los primeros focos de tensión fue la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). La amenaza de cancelarlo o imponer aranceles a productos mexicanos obligó a las compañías exportadoras, sobre todo de los sectores automotriz, agroindustrial y manufacturero, a revisar sus estrategias de inversión y diversificación de mercados. El entorno político evidenció que los riesgos geopolíticos podían incidir directamente en la planeación corporativa.

Sin embargo, lejos de frenar la agenda social, el contexto internacional reforzó la necesidad de institucionalizarla. El impacto social dejó de ser un elemento accesorio en los reportes de sostenibilidad para convertirse en un factor determinante en la gestión empresarial. De acuerdo con la Survey of Sustainability Reporting 2024 de KPMG, cerca de 74% de las 250 empresas más grandes del mundo (G250) ya reporta riesgos sociales, frente a 49% en 2022, lo que muestra un crecimiento acelerado en apenas dos años.

Publicidad

Los analistas de KPMG subrayan que este avance responde, en parte, a que las políticas de diversidad, equidad e inclusión (DEI) ya estaban consolidadas en grandes corporativos. En ese sentido, el entorno político estadounidense no implicó un retroceso generalizado en sus compromisos sociales, pues para muchas compañías resulta prioritario alinearse con estándares globales, protocolos contra la discriminación, programas de equidad de género y apoyo a la comunidad LGBT+, con el fin de mantener coherencia internacional y reducir riesgos reputacionales.

Además del componente reputacional, el impacto social tiene efectos directos en el desempeño interno de las organizaciones. Según el análisis de Pledge1% señala que 71% de los empleados considera el propósito social un factor clave al elegir empleo y que 90% se siente más inspirado en empresas con propósito claro, lo que puede reducir hasta en 52% la rotación. Asimismo, 53% de la Generación Z busca un trabajo con significado. Este enfoque no solo fortalece la cultura organizacional, sino que también se asocia con mejores resultados financieros: compañías con alto compromiso registran hasta 23% más rentabilidad.

“En un entorno donde inversionistas institucionales y fondos internacionales integran criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza), las empresas entendieron que su competitividad no depende únicamente de costos o productividad, sino también de su desempeño social”, señala el reporte de KPMG.

En este contexto, una de las principales discusiones empresariales gira en torno a cómo demostrar, con datos verificables, que se genera empleo digno, se promueve una inclusión real, se respetan los derechos humanos y se contribuye al desarrollo comunitario. Para ello, existen estándares internacionales que sirven como marco de referencia, como los del Global Reporting Initiative (GRI) y el Sustainability Accounting Standards Board (SASB), aplicables también en México.

“El tener un marco (framework) para implementar criterios de impacto social es fundamental para las empresas modernas, ya que transforma la responsabilidad social de una actividad filantrópica opcional en un motor estratégico que impulsa la sostenibilidad a largo plazo, mejora la reputación y crea valor compartido”, indica Juan Mennel, director de Estrategia ESG y Sostenibilidad de Deloitte, en un reporte.

El marco del GRI permite medir y reportar el desempeño ambiental, social y de gobernanza mediante análisis de materialidad, recopilación sistemática de datos y publicación de informes alineados a estándares internacionales. Aunque su adopción es voluntaria, fortalece la transparencia, facilita el acceso a financiamiento e integra la sostenibilidad en la estrategia del negocio.

Publicidad

Por su parte, el SASB ofrece estándares sectoriales que ayudan a identificar y reportar riesgos y oportunidades ESG con impacto financiero. Su aplicación implica analizar temas materiales por industria, medir indicadores específicos como condiciones laborales, seguridad de datos o gestión de clientes y divulgar información comparable para inversionistas. Aunque también es voluntario, su uso refuerza la transparencia y el acceso a capital.

El giro hacia métricas sociales responde, en última instancia, a una lógica de mercado. Los fondos con mandatos ESG evalúan cada vez más la consistencia entre discurso y desempeño. La ausencia de indicadores claros puede traducirse en mayores primas de riesgo o incluso en la exclusión de portafolios. En un entorno geopolítico polarizado, donde las prioridades regulatorias pueden cambiar con cada ciclo político, los datos ofrecen una base más estable que las declaraciones públicas.

En México también se puede obtener la norma ISO 26000 o el Certificado B, la cual permite a las empresas fortalecer su reputación, atraer inversionistas y clientes conscientes, mejorar su gobernanza y gestión de riesgos, para demostrar un compromiso verificable con el impacto social y ambiental.

Así, mientras algunas empresas ajustan o replantean sus políticas de inclusión, la presión estructural por demostrar un impacto social medible se intensifica. Según la consultora Pledge1%, el pilar social de ESG deja de ser el componente más difuso de la sostenibilidad corporativa para convertirse en un eje estratégico que se audita, se compara y condiciona decisiones de inversión.

“En la nueva ecuación empresarial, la legitimidad ya no depende solo de la intención declarada, sino de la capacidad de probar resultados concretos en la vida de trabajadores y comunidades”, destaca la organización.

La capacitación de las empresas es relevante para que comprender como llevar el impacto social a nivel corporativo. Por ello, en alianza con la Revolution Sustainability Partners, Expansión ofrece una beca para cursar el segundo Diplomado ‘ESG Change Management Program’, un programa diseñado para directivos, consultores y profesionales que desean comprender a fondo las nuevas exigencias ESG y traducirlas en estrategias de cambio dentro de sus organizaciones.

El diplomado aborda temas como gobierno corporativo, gestión de riesgos, sostenibilidad y liderazgo ético, con un enfoque práctico y multidisciplinario que permite aplicar los conocimientos desde el primer día. Si quieres conocer más detalles, puedes consultarlos aquí .

Publicidad

Publicidad