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Más allá del negocio, el deporte gana peso como motor social en México

Ligas, federaciones y autoridades impulsan programas que usan el deporte como herramienta de inclusión, prevención social y reconstrucción del tejido comunitario, en un país marcado por la desigualdad y la violencia.
vie 06 febrero 2026 05:55 AM
deporte e impacto social
Más allá del espectáculo o del valor económico que genera el deporte, su alcance simbólico y territorial lo posiciona como un vehículo para transmitir valores, fortalecer la comunidad y abrir espacios de participación colectiva. (FG Trade Latin/Getty Images)

En un país donde las brechas sociales, la violencia y la falta de oportunidades afectan de manera desproporcionada a niñas, niños y jóvenes, el deporte se ha consolidado como una de las herramientas más visibles para la reconstrucción del tejido social. Más allá del espectáculo o del valor económico que genera, su alcance simbólico y territorial lo posiciona como un vehículo para transmitir valores, fortalecer la comunidad y abrir espacios de participación colectiva.

De acuerdo con datos del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), la industria del deporte alcanzará ingresos superiores a los 800,000 millones de dólares anuales hacia 2033, lo que representa actualmente alrededor del 2% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial. Sin embargo, pese a este potencial, el WEF advierte que persisten desafíos que limitan el uso del deporte como una herramienta efectiva para el desarrollo y la paz. Entre ellos destacan la financiación insuficiente, la falta de infraestructura, la desigualdad en el acceso a oportunidades y la escasa concientización sobre su capacidad transformadora.

“Debemos actuar ahora para integrar el deporte en las políticas y estrategias de desarrollo. Esto requerirá colaboración entre sectores, movilización de recursos y un compromiso colectivo para desmantelar las barreras sistémicas”, señaló Charles Katoanga, director de la División de Desarrollo Social Inclusivo del Departamento de Desarrollo Económico y Social de las Naciones Unidas (DESA), en un reporte reciente.

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En México, esta visión ha comenzado a fortalecerse desde distintos frentes, tanto a través de políticas públicas como mediante iniciativas impulsadas por organizaciones deportivas como la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), la Federación Mexicana de Futbol (FMF) y la Liga Mexicana de Beisbol (LMB), que han incorporado temas de equidad, inclusión, educación infantil, derechos humanos y desarrollo sostenible en sus agendas.

Desde el ámbito gubernamental, en 2024 se puso en marcha el programa “Ponte Pila”, impulsado por la Comisión Nacional de Cultura Física y del Deporte (Conade), con el objetivo de utilizar el deporte como una herramienta de política pública que vaya más allá de la activación física. El programa busca contribuir a la reconstrucción del tejido social en comunidades con altos niveles de desigualdad, violencia o exclusión, particularmente en estados como Sinaloa y Michoacán.

Desde su implementación, “Ponte Pila” plantea al deporte no como un privilegio, sino como un derecho y un mecanismo de prevención social. A través de actividades físicas comunitarias, torneos barriales y jornadas de activación en espacios públicos, el programa fomenta la convivencia, la disciplina y el sentido de pertenencia, especialmente entre niñas, niños y jóvenes.

Por su parte, la Liga Mexicana de Beisbol ha asumido esta responsabilidad social a partir de programas que buscan acercar el deporte a comunidades de todo el país, al aprovechar una estructura que alcanza decenas de ciudades y miles de aficionados cada temporada. Desde esta plataforma, Carla Román, jefa de la oficina de la LMB y de la Liga Mexicana de Softbol (LMS), subraya que el béisbol se concibe como algo más que una competencia deportiva.

“La responsabilidad social es muy grande cuando se trata de un deporte familiar, que se transmite de generación en generación y que tiene una presencia directa en la vida cotidiana de las personas. La liga reconoce que su influencia no termina en el estadio y que los valores asociados al juego pueden trasladarse a otros ámbitos de la vida social”, señala Román.

Uno de los programas que materializa esta visión es “Unidos por el Diamante”, una iniciativa que articula a organizaciones de la sociedad civil con la liga y sus clubes para dar visibilidad, en más de 900 juegos por temporada, a diversas causas sociales. Cada partido se convierte así en una plataforma para amplificar mensajes y generar conciencia colectiva en temas como menstruación digna, salud mental, seguridad y prevención del delito, nutrición, discapacidad intelectual y apoyo a mujeres con cáncer.

Ivana Morett, coordinadora de Mercadotecnia de la LMB, explica que el deporte, el medio ambiente y los derechos humanos están profundamente interconectados, al formar parte de una misma línea de responsabilidad social. Desde la liga, apunta, uno de los principales retos es lograr que las organizaciones involucradas mantengan los esfuerzos en el largo plazo y los conviertan en políticas institucionales permanentes, capaces de trascender temporadas y resultados deportivos.

En el caso del deporte más influyente del planeta, el futbol, el impacto puede ser aún mayor. De acuerdo con la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), el organismo tiene presencia en 211 países, incluso más que los afiliados a la Organización de las Naciones Unidas, que hasta 2026 suma 193 Estados miembros.

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En México, la Federación Mexicana de Futbol ha comenzado a incorporar discursos y acciones vinculadas con la responsabilidad social, la equidad de género y el desarrollo sostenible, alineándose gradualmente con los estándares internacionales que conciben al deporte como una herramienta de impacto social. En el plano económico, la FMF articula un ecosistema que genera empleo, inversión y desarrollo regional a través de sus ligas profesionales y la cadena de valor del futbol, que va desde fuerzas básicas hasta eventos deportivos, estadios y servicios asociados.

Con miras al Mundial de 2026, este sistema puede contribuir a la movilidad social, la formación de talento y el crecimiento de la economía del deporte en México, al tiempo que integra criterios de responsabilidad social y sostenibilidad, en línea con la Agenda 2030 y una visión de desarrollo de largo plazo.

Desde la LMB, sus directivas coinciden en que, más allá de las anécdotas inspiradoras que suele ofrecer el deporte, se trata de una herramienta poderosa para desafiar desigualdades sistémicas y promover la inclusión. Aseguran que es una fuerza aún subutilizada, con capacidad para incidir en algunos de los problemas más urgentes del mundo, como la pobreza, la desigualdad de género y la exclusión social.

“La visión es utilizar el alcance masivo de las ligas, estadios, redes sociales y medios, como una vía para visibilizar causas que a menudo quedan relegadas o son poco conocidas. Se busca que lo que sucede en el terreno de juego tenga un impacto directo en la realidad cotidiana de los aficionados”, añaden.

Con información de Rafael Mejía

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Industria del Deporte Responsabilidad Social

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