En México, esta visión ha comenzado a fortalecerse desde distintos frentes, tanto a través de políticas públicas como mediante iniciativas impulsadas por organizaciones deportivas como la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), la Federación Mexicana de Futbol (FMF) y la Liga Mexicana de Beisbol (LMB), que han incorporado temas de equidad, inclusión, educación infantil, derechos humanos y desarrollo sostenible en sus agendas.
Desde el ámbito gubernamental, en 2024 se puso en marcha el programa “Ponte Pila”, impulsado por la Comisión Nacional de Cultura Física y del Deporte (Conade), con el objetivo de utilizar el deporte como una herramienta de política pública que vaya más allá de la activación física. El programa busca contribuir a la reconstrucción del tejido social en comunidades con altos niveles de desigualdad, violencia o exclusión, particularmente en estados como Sinaloa y Michoacán.
Desde su implementación, “Ponte Pila” plantea al deporte no como un privilegio, sino como un derecho y un mecanismo de prevención social. A través de actividades físicas comunitarias, torneos barriales y jornadas de activación en espacios públicos, el programa fomenta la convivencia, la disciplina y el sentido de pertenencia, especialmente entre niñas, niños y jóvenes.
Por su parte, la Liga Mexicana de Beisbol ha asumido esta responsabilidad social a partir de programas que buscan acercar el deporte a comunidades de todo el país, al aprovechar una estructura que alcanza decenas de ciudades y miles de aficionados cada temporada. Desde esta plataforma, Carla Román, jefa de la oficina de la LMB y de la Liga Mexicana de Softbol (LMS), subraya que el béisbol se concibe como algo más que una competencia deportiva.
“La responsabilidad social es muy grande cuando se trata de un deporte familiar, que se transmite de generación en generación y que tiene una presencia directa en la vida cotidiana de las personas. La liga reconoce que su influencia no termina en el estadio y que los valores asociados al juego pueden trasladarse a otros ámbitos de la vida social”, señala Román.
Uno de los programas que materializa esta visión es “Unidos por el Diamante”, una iniciativa que articula a organizaciones de la sociedad civil con la liga y sus clubes para dar visibilidad, en más de 900 juegos por temporada, a diversas causas sociales. Cada partido se convierte así en una plataforma para amplificar mensajes y generar conciencia colectiva en temas como menstruación digna, salud mental, seguridad y prevención del delito, nutrición, discapacidad intelectual y apoyo a mujeres con cáncer.
Ivana Morett, coordinadora de Mercadotecnia de la LMB, explica que el deporte, el medio ambiente y los derechos humanos están profundamente interconectados, al formar parte de una misma línea de responsabilidad social. Desde la liga, apunta, uno de los principales retos es lograr que las organizaciones involucradas mantengan los esfuerzos en el largo plazo y los conviertan en políticas institucionales permanentes, capaces de trascender temporadas y resultados deportivos.
En el caso del deporte más influyente del planeta, el futbol, el impacto puede ser aún mayor. De acuerdo con la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), el organismo tiene presencia en 211 países, incluso más que los afiliados a la Organización de las Naciones Unidas, que hasta 2026 suma 193 Estados miembros.