Ante este panorama, Lenovo impulsa en México y América Latina una estrategia de impacto social centrada en la educación tecnológica. La compañía busca aprovechar su experiencia en innovación para acercar herramientas digitales y formación STEM a comunidades con acceso limitado, con el objetivo de desarrollar talento desde etapas tempranas.
“Nosotros tenemos muchos retos todavía en educación STEM, en el desarrollo de gente para trabajar con tecnología y hay que hacer la inversión porque sabemos que perdemos mucho talento si no le damos la oportunidad. Estamos trabajando exactamente en esto, cómo impulsar en Latinoamérica también en esta área de educación STEM”, explica Alice Damasceno, directora de Ciudadanía Corporativa y Comunicación ESG en Lenovo.
El programa se construye a partir de alianzas con organizaciones como Movimiento STEM y Educando, con las que la empresa desarrolla contenidos educativos, guías para docentes y programas de capacitación. La lógica es trabajar con actores que conocen el contexto local para adaptar la enseñanza tecnológica a las necesidades de cada comunidad.
Uno de los enfoques centrales es vincular el aprendizaje con problemas reales. En comunidades rurales, los estudiantes han desarrollado soluciones tecnológicas aplicadas a su entorno, lo que permite comprender la utilidad de las matemáticas y la ingeniería en la vida cotidiana, además de fomentar habilidades analíticas.
“Había alumnos hablando de una tecnología aplicada a sus realidades. Por ejemplo, un grupo de niñas preparó un sistema para limpiar el agua utilizada en talleres textiles de sus familias. No era un proyecto lejano, era algo completamente conectado con su entorno”, relata Damasceno.
La relevancia de este tipo de iniciativas radica en el papel que juega la educación STEM en la competitividad económica. La OCDE ha advertido que el desarrollo de habilidades digitales será determinante para la productividad en los próximos años, mientras que el Banco Mundial ha señalado que los países con menor acceso a educación tecnológica enfrentan mayores barreras para integrarse a economías basadas en innovación. En ese sentido, ampliar la base de talento en STEM no solo responde a una agenda social, sino también a una necesidad estructural para el crecimiento sostenible.
Damasceno menciona que, a pesar de los avances, el despliegue de recursos financieros implica retos, como las limitaciones en infraestructura tecnológica y, sobre todo, la necesidad de que muchos jóvenes se incorporen tempranamente al mercado laboral para apoyar a sus familias, lo que reduce el tiempo disponible para su formación. A ello se suma una brecha digital persistente que limita el acceso a herramientas y contenidos educativos en zonas rurales, lo que obliga a diseñar soluciones más flexibles y adaptadas a cada contexto.
“Cuando buscamos solucionar problemas complejos, no es posible hacerlo solos. Hay que construir junto con organizaciones que conocen el contexto local. Nosotros sabemos hacer tecnología, pero las organizaciones sociales saben cómo generar el cambio en las comunidades”, afirma Damasceno.