Los mercados de carbono han sido promovidos como una herramienta para compensar emisiones, pero su efectividad depende de que los recursos lleguen a quienes viven y gestionan los ecosistemas. Bajo esa lógica, iniciativas como la de Sierra Gorda buscan demostrar que la transición climática también puede generar ingresos en territorios rurales donde la conservación rara vez ha sido una actividad económicamente viable.
Para Roberto Pedraza, encargado técnico de biodiversidad y monitoreo de carbono del proyecto, el punto de partida del modelo es reconocer la realidad de la propiedad de la tierra en la región.
“¿Por qué va a conservar nuestros vecinos si no tiene un retorno económico de su patrimonio? Este gran mar de montañas parece silvestre, pero todo tiene dueño. El 70% de la tierra es propiedad privada y el resto es ejidal o comunal. Hasta el último cerro que se ve tiene propietario”, explicó durante una presentación del proyecto.
El modelo se basa en la regeneración natural de los bosques, un proceso en el que los ecosistemas se recuperan sin necesidad de reforestación intensiva. A medida que los árboles crecen, capturan dióxido de carbono a través de la fotosíntesis y lo almacenan en su biomasa.
Esa captura adicional se mide mediante monitoreo forestal y se traduce en certificados de carbono que pueden adquirir empresas interesadas en compensar parte de sus emisiones.
“Cuando el árbol crece y forma madera está capturando dióxido de carbono. Lo que ofrece el propietario es ese carbono adicional que el árbol capturó porque no se taló, porque no se dejó que el ganado lo dañara y porque no se permitió que el bosque se degradara”, explicó el equipo técnico encargado del monitoreo del proyecto.
Pedraza destaca que el programa también se articula con una política pública estatal. En Querétaro, señala, la industria debe pagar un impuesto por sus emisiones de carbono, aunque puede compensar una parte mediante proyectos forestales certificados dentro del estado, lo que ha permitido comenzar a construir un mercado local de carbono.
Según los promotores del esquema, el objetivo no es únicamente reducir emisiones, sino transformar la relación que las comunidades mantienen con los bosques. Durante décadas, actividades como la ganadería extensiva o la agricultura de subsistencia ejercieron presión sobre los ecosistemas, mientras que la conservación rara vez generaba ingresos.
“Antes muchos decían ‘¿para qué tanto monte si no nos da nada?’. Ahora lo ven como un capital y un ingreso. Eso cambia completamente la relación con el bosque, porque los propietarios se vuelven sus propios guardianes”, señaló Pedraza.
Además de la captura de carbono, la regeneración forestal contribuye a otros servicios ambientales clave, como la infiltración de agua, la regulación del clima local y la conservación de hábitats para especies silvestres.