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El modelo Carbono Biodiverso paga por cuidar el bosque en la Sierra Gorda de Querétaro

El modelo impulsado por Grupo Ecológico Sierra Gorda (GESG) busca regenerar ecosistemas y fortalecer economías comunitarias a través del pago que hacen las empresas para compensar sus emisiones de carbono.
lun 09 marzo 2026 05:55 AM
Querétaro y carbono biodiverso
El programa Carbono Biodiverso es impulsado por el Grupo Ecológico Sierra Gorda (GESG), que busca crear un mercado de carbono vinculado a la regeneración natural de los bosques y al fortalecimiento de la economía local. (MattGush/Getty Images)

En México, donde la degradación de los bosques y la pérdida de biodiversidad avanzan al mismo tiempo que crecen las emisiones de gases de efecto invernadero, comienzan a surgir mecanismos que buscan conectar la acción climática con beneficios económicos para las comunidades rurales. La Reserva de la Biósfera Sierra Gorda, en Querétaro, se ha convertido en uno de los territorios donde se prueba este modelo.

Con una extensión de 383,567 hectáreas, que representa más del 32% del territorio estatal, esta área natural protegida alberga una de las mayores diversidades biológicas del país y es hogar de alrededor de 100,000 personas distribuidas en 638 comunidades. En este territorio opera el programa Carbono Biodiverso, impulsado por el Grupo Ecológico Sierra Gorda (GESG), que busca crear un mercado de carbono vinculado a la regeneración natural de los bosques y al fortalecimiento de la economía local.

El esquema permite que empresas compensen parte de su huella de carbono mediante pagos a propietarios forestales que conservan y regeneran sus terrenos. Entre 2020 y 2024, el programa reporta la captura de 438,242 toneladas de dióxido de carbono equivalente en 48,746 hectáreas en proceso de regeneración natural, con pagos dirigidos a 174 propietarios de tierras forestales.

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Los mercados de carbono han sido promovidos como una herramienta para compensar emisiones, pero su efectividad depende de que los recursos lleguen a quienes viven y gestionan los ecosistemas. Bajo esa lógica, iniciativas como la de Sierra Gorda buscan demostrar que la transición climática también puede generar ingresos en territorios rurales donde la conservación rara vez ha sido una actividad económicamente viable.

Para Roberto Pedraza, encargado técnico de biodiversidad y monitoreo de carbono del proyecto, el punto de partida del modelo es reconocer la realidad de la propiedad de la tierra en la región.

“¿Por qué va a conservar nuestros vecinos si no tiene un retorno económico de su patrimonio? Este gran mar de montañas parece silvestre, pero todo tiene dueño. El 70% de la tierra es propiedad privada y el resto es ejidal o comunal. Hasta el último cerro que se ve tiene propietario”, explicó durante una presentación del proyecto.

El modelo se basa en la regeneración natural de los bosques, un proceso en el que los ecosistemas se recuperan sin necesidad de reforestación intensiva. A medida que los árboles crecen, capturan dióxido de carbono a través de la fotosíntesis y lo almacenan en su biomasa.

Esa captura adicional se mide mediante monitoreo forestal y se traduce en certificados de carbono que pueden adquirir empresas interesadas en compensar parte de sus emisiones.

“Cuando el árbol crece y forma madera está capturando dióxido de carbono. Lo que ofrece el propietario es ese carbono adicional que el árbol capturó porque no se taló, porque no se dejó que el ganado lo dañara y porque no se permitió que el bosque se degradara”, explicó el equipo técnico encargado del monitoreo del proyecto.

Pedraza destaca que el programa también se articula con una política pública estatal. En Querétaro, señala, la industria debe pagar un impuesto por sus emisiones de carbono, aunque puede compensar una parte mediante proyectos forestales certificados dentro del estado, lo que ha permitido comenzar a construir un mercado local de carbono.

Según los promotores del esquema, el objetivo no es únicamente reducir emisiones, sino transformar la relación que las comunidades mantienen con los bosques. Durante décadas, actividades como la ganadería extensiva o la agricultura de subsistencia ejercieron presión sobre los ecosistemas, mientras que la conservación rara vez generaba ingresos.

“Antes muchos decían ‘¿para qué tanto monte si no nos da nada?’. Ahora lo ven como un capital y un ingreso. Eso cambia completamente la relación con el bosque, porque los propietarios se vuelven sus propios guardianes”, señaló Pedraza.

Además de la captura de carbono, la regeneración forestal contribuye a otros servicios ambientales clave, como la infiltración de agua, la regulación del clima local y la conservación de hábitats para especies silvestres.

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¿Cómo se mide el carbono?

El funcionamiento del modelo depende de la medición técnica de la captura de carbono en los bosques. Para ello, el equipo del proyecto realiza monitoreo forestal en parcelas dentro de los predios participantes. En estas áreas se registran variables como el diámetro y la altura de los árboles, la densidad de la vegetación y la cobertura del dosel (capa superior continua de un bosque que crea sombra y alberga gran biodiversidad).

A partir de esta información, se calcula la biomasa del bosque y, posteriormente, la cantidad de carbono almacenado en los árboles. A partir de estos datos se estiman las toneladas de dióxido de carbono equivalente que cada predio captura gracias a la regeneración natural.

“La estrategia del grupo ecológico, después de experiencias fallidas de reforestación, es permitir que la naturaleza se regenere por sí misma. Los árboles compiten por la luz, el agua y los nutrientes, y en ese proceso natural se da la captura de carbono”, explicó Salvador Sarabia, director forestal de Bosque Sustentable.

Las mediciones se realizan mediante parcelas de muestreo representativas que permiten calcular los resultados al resto de la superficie del predio. El proyecto utiliza actualmente una estimación conservadora de entre tres y cuatro toneladas de dióxido de carbono capturadas por hectárea cada año en áreas en regeneración.

Con base en estos cálculos se generan certificados de carbono que pueden ser adquiridos por empresas interesadas en compensar parte de sus emisiones. El mecanismo está vinculado con el impuesto estatal al carbono de Querétaro, que permite a ciertas industrias compensar una parte de sus emisiones mediante proyectos forestales certificados dentro del estado.

Los recursos se transfieren directamente a los propietarios de los predios participantes como un pago por conservar sus bosques. Aunque el monto varía según el volumen de carbono capturado y el precio de los certificados, los promotores del programa señalan que puede representar un ingreso adicional relevante para comunidades rurales.

“Si logramos que los propietarios vivan de conservar, estaremos protegiendo un tesoro natural que beneficia a todos”, concluyó Sarabia.

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