Cada 30 de marzo, el Día Mundial de Cero Residuos invita a repensar la forma en que producimos, consumimos y desechamos materiales, una reflexión que en México se vuelve cada vez más urgente. La presión por mejorar la gestión de residuos y reducir su impacto ambiental evidencia que el problema no se limita a lo que tiramos, sino a cómo están diseñados los productos desde su origen. En ese proceso de transición hacia esquemas más sostenibles, los materiales biodegradables y compostables comienzan a ganar terreno como parte de un cambio más amplio hacia modelos de economía circular.
El Día Mundial de Cero Residuos fue proclamado en 2022 por la Asamblea General de las Naciones Unidas y es promovida principalmente por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, junto con gobiernos, empresas y organizaciones civiles, con el objetivo de impulsar acciones concretas que disminuyan el impacto ambiental de los residuos y aceleren la transición hacia sociedades más sostenibles.
El día funciona como una plataforma para acelerar políticas públicas, innovaciones y cambios de comportamiento que permitan transitar hacia sociedades con menor generación de basura y mayor aprovechamiento de recursos. En este escenario, los bioplásticos son una alternativa para reducir la dependencia de materiales de origen fósil y disminuir la huella ambiental de los productos de uso cotidiano, al tiempo que abren la puerta a esquemas más circulares donde los residuos puedan reintegrarse al entorno de manera controlada, ya sea a través del compostaje o de procesos de valorización más sostenibles.