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Los bioplásticos reducen la huella ambiental y mejoran la gestión de residuos

Producir bioplásticos emite 90% menos CO2 que los convencionales, además se degradan en menos de 90 días y no producen microplásticos, lo que los vuelve una alterativa para lograr cero residuos.
mar 31 marzo 2026 05:55 AM
bioplasticos y emisiones co2
Los bioplásticos no se perfilan como una solución única, sino como parte de una estrategia más amplia que incluye reducción, reutilización y mejor gestión de residuos. (vlarub/Getty Images/iStockphoto)

Cada 30 de marzo, el Día Mundial de Cero Residuos invita a repensar la forma en que producimos, consumimos y desechamos materiales, una reflexión que en México se vuelve cada vez más urgente. La presión por mejorar la gestión de residuos y reducir su impacto ambiental evidencia que el problema no se limita a lo que tiramos, sino a cómo están diseñados los productos desde su origen. En ese proceso de transición hacia esquemas más sostenibles, los materiales biodegradables y compostables comienzan a ganar terreno como parte de un cambio más amplio hacia modelos de economía circular.

El Día Mundial de Cero Residuos fue proclamado en 2022 por la Asamblea General de las Naciones Unidas y es promovida principalmente por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, junto con gobiernos, empresas y organizaciones civiles, con el objetivo de impulsar acciones concretas que disminuyan el impacto ambiental de los residuos y aceleren la transición hacia sociedades más sostenibles.

El día funciona como una plataforma para acelerar políticas públicas, innovaciones y cambios de comportamiento que permitan transitar hacia sociedades con menor generación de basura y mayor aprovechamiento de recursos. En este escenario, los bioplásticos son una alternativa para reducir la dependencia de materiales de origen fósil y disminuir la huella ambiental de los productos de uso cotidiano, al tiempo que abren la puerta a esquemas más circulares donde los residuos puedan reintegrarse al entorno de manera controlada, ya sea a través del compostaje o de procesos de valorización más sostenibles.

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Datos de la Asociación Mexicana de Bioplásticos (AMBío) indican que la producción de un bioplástico compostable genera alrededor de 0.5 kg de dioxido de carbono (CO2) por kilo de material producido, frente a los 5.5 kg asociados a plásticos tradicionales, lo que representa una reducción de 90% de las emisiones por kilo de plástico producido.

Gisela Galicia, presidenta de la AMBío, explica que además de reducir la huella ambiental en la producción, los bioplásticos buscan reducir la acumulación de residuos, ya que la producción global de plásticos supera cientos de millones de toneladas y una parte importante termina en rellenos sanitarios o ecosistemas.

“Son tecnologías diferentes que en menos de 90 días ya es imperceptible en una planta de compostas y no genera microplásticos, comparado con el resto de los productos que no sabemos cuándo se van a desintegrar, que acaban en un relleno sanitario y generan gases de efecto invernadero porque traen orgánico y no se procesa correctamente”, explica Galicia.

En México, proyectos basados en almidón o residuos agrícolas buscan reducir costos y dependencia de insumos importados, al tiempo que mejoran la biodegradabilidad de los materiales.

Uno de los casos más visibles en el país es PolyAgave, un bioplástico desarrollado a partir de residuos del agave, que ya forma parte de cadenas comerciales como 7-Eleven. Este material aprovecha subproductos de la industria tequilera para fabricar popotes, cubiertos y otros desechables, con menor impacto ambiental y un enfoque de economía circular .

Otro ejemplo surge desde la investigación científica. Equipos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) trabajan en el desarrollo de bioplásticos a partir de almidón y otras fuentes naturales, con el objetivo de generar materiales más accesibles y con propiedades mejoradas. Estas iniciativas buscan escalar soluciones que permitan sustituir plásticos convencionales en aplicaciones cotidianas

Sin embargo, los beneficios ambientales no ocurren de forma automática. La biodegradabilidad depende de condiciones específicas como temperatura, humedad y presencia de microorganismos, lo que implica que muchos materiales requieren sistemas de compostaje industrial para completar su ciclo . Además, la normativa continúa en desarrollo. En México, estándares como la NMX-E-273-NYCE-2019 establecen criterios para evaluar desintegración, biodegradación y ecotoxicidad, aunque su implementación enfrenta retos técnicos y de costos.

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“Nos falta educación. México tiene instalaciones, tiene la capacidad, pero muchas veces la gente no distingue entre residuos orgánicos e inorgánicos. Cuando se integran los compostables en la gestión, se puede mejorar la recuperación y el reciclaje”, señala la presidente de la AMBío.

Otro desafío relevante es la producción. Aunque el sector crece a tasas cercanas al 30% anual, su participación sigue siendo baja frente a los plásticos convencionales. Los costos más altos, la dependencia de importaciones y la limitada infraestructura industrial en países como México dificultan su adopción masiva. A esto se suma la confusión en el mercado, donde productos etiquetados como biodegradables no siempre cumplen con estándares verificables.

“Ha sido lento y doloroso convencer a la industria. Hay resistencia por costos, pero también por desconocimiento. Sin embargo, hay oportunidades enormes para producir localmente y sustituir importaciones, especialmente en empaques y desechables”, agrega Galicia.

A pesar de estos obstáculos, las perspectivas del sector se mantienen positivas. La UNAM y estudios de empresas como BIOsolutions, coinciden en que el crecimiento de la regulación ambiental, el interés de los consumidores y la presión por reducir emisiones impulsan la innovación. Nuevas tecnologías, como bioplásticos derivados de residuos agroindustriales o mezclas con mejores propiedades mecánicas, buscan cerrar la brecha con los materiales convencionales y facilitar su adopción.

“En ese escenario, los bioplásticos no se perfilan como una solución única, sino como parte de una estrategia más amplia que incluye reducción, reutilización y mejor gestión de residuos. Su potencial depende tanto de avances tecnológicos como de cambios en hábitos de consumo y marcos regulatorios más claros”, puntualiza la directiva.

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