El escenario más costoso incluye una amplia descontaminación de los suelos y el tratamiento de las aguas residuales para garantizar que la Unión Europea cumpla con normas medioambientales elevadas en el agua, para una veintena de PFAS.
El escenario de 395,000 millones de dólares corresponde al cese total de la producción y del uso de los PFAS, pero sin el tratamiento adicional del agua potable ni de las residuales.
El estudio estima finalmente un coste de 527,000 millones de dólares si la Unión Europea no hace nada más que lo que hace hoy. En este caso serían los costos sanitarios los que se dispararían, en particular para las poblaciones de riesgo: niños, personas que viven cerca de emplazamientos contaminados por estos "contaminantes eternos" y trabajadores expuestos en la industria.
Los autores del estudio reconocen que probablemente subestimaron en gran medida los costos sanitarios, al limitar el análisis a solo cuatro PFAS (PFOA, PFOS, PFHxS y PFNA).
Cosméticos, utensilios de cocina, envases… los PFAS están por todas partes. Se utilizan por sus propiedades antiadherentes, impermeabilizantes o por su resistencia al calor.
Estas sustancias químicas perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas tardan muchísimo tiempo en descomponerse, de ahí su apodo de "contaminantes eternos".
Pueden tener efectos perjudiciales para la salud, como el aumento del colesterol y de algunos tipos de cánceres y sobre la fertilidad y el desarrollo de los fetos.
El informe, elaborado por consultoras y publicado el jueves, debe ayudar a la Unión Europea a preparar una futura ley sobre los PFAS.
Desde las cajas de pizza hasta la ropa, la Comisión Europea quiere prohibir los contaminantes eternos en los productos de consumo actual, con excepciones para sectores estratégicos, como el ámbito médico.
Pero su propuesta legislativa no se espera antes de finales de 2026 como muy pronto, con mucha incertidumbre sobre las exenciones de las que podrían beneficiarse determinadas industrias.