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Biointellectus acelera la producción de bioplásticos compostables en México

La startup mexicana Biointellectus desarrolla bioplásticos compostables a partir de almidón y busca escalar su producción para atender a industrias como alimentos, cosmética y gestión de residuos.
mié 07 enero 2026 10:31 AM
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Biointellectus crea sus plásticos compostables a partir del almidón de origen industrial. (Foto: biointellectus.com)

Desde la universidad, Víctor Flores se hacía una pregunta que hoy guía el rumbo de su empresa: por qué la biotecnología no avanzaba al mismo ritmo vertiginoso que la tecnología digital. “Veía cómo salía el iPhone 6, luego el 7, el 8, y cómo el mundo se transformaba a pasos agigantados tecnológicamente, y me preguntaba por qué no veíamos esos cambios con tecnologías biológicas”, recuerda.

Esa inquietud, combinada con su formación como ingeniero en biotecnología y el ecosistema emprendedor de Monterrey, dio origen a Biointellectus, una startup mexicana que busca fabricar bioplásticos compostables a escala industrial.

La semilla del proyecto se plantó entre 2017 y 2019, cuando Flores comenzó a unir su interés científico por los biomateriales con herramientas de emprendimiento. “Me di cuenta de que un camino no era solo ser científico y hacer publicaciones, sino que también había una oportunidad real en el bioemprendimiento”, explica. Entre 2020 y 2022 se consolidó el equipo fundador y se desarrollaron los primeros prototipos, con la idea de crear “un sustituto al plástico que funcione como plástico, pero que no contamine”. A partir de 2023, la empresa entró en una etapa de formalización y acercamiento al mercado.

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Biointellectus está conformada por cuatro socios fundadores con perfiles complementarios. Además de Flores, el equipo incluye a Tania Acevedo, también ingeniera en biotecnología; Rafael Figueroa, psicólogo de formación y consultor de negocios; y José María Ventura, economista y abogado. “Es un equipo muy complementario, y ha funcionado hasta hoy por la confianza que tenemos unos a otros”, afirma el fundador.

Uno de los ejes centrales del proyecto es su proceso de producción. A diferencia de otros bioplásticos que dependen de procesos biotecnológicos más complejos, como fermentaciones bacterianas o reactores especializados, Biointellectus apostó por una ruta basada en almidón de origen industrial.

“Nuestros materiales son base de almidón; utilizamos un residuo industrial de producción y hacemos modificaciones químicas que forman parte de nuestra propiedad intelectual”, explica Flores. La materia prima proviene principalmente de Querétaro, donde se concentra cerca del 80% del suministro que utiliza la empresa, lo que permite reducir costos logísticos y asegurar una cadena de proveeduría estable y local.

El almidón recuperado se somete a un proceso térmico-mecánico de extrusión, similar al que utiliza la industria plástica tradicional. “No utilizamos bacterias ni reactores; usamos el equipo industrial que ya existe y ahí mismo hacemos la transformación del almidón a almidón termoplástico”, detalla el fundador. El resultado es un termoplástico de almidón (TPS) que puede transformarse en distintos productos finales, como cubiertos, bolsas o envases para cosmética. Esta compatibilidad con la infraestructura existente es una de las ventajas clave del modelo, ya que facilita el escalamiento y la adopción por parte de la industria.

El contexto juega a favor, pero también eleva la presión. De acuerdo con la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), México genera más de 120,000 toneladas de residuos sólidos urbanos al día, de los cuales alrededor del 50% corresponde a residuos orgánicos. En la Ciudad de México, la Secretaría del Medio Ambiente capitalina ha señalado que la contaminación de los orgánicos con plásticos limita su aprovechamiento en plantas de compostaje.

Para Flores, este es uno de los puntos donde los bioplásticos pueden marcar diferencia. “Uno de los grandes dolores del sistema de gestión de residuos orgánicos es la alta contaminación de plástico, por lo que tenemos que encontrar la forma de reemplazar el plástico que evita que las composteras funcionen”, dice Flores.

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La empresa ya trabaja en desarrollos específicos para bolsas, conscientes de que se trata de productos de altísima escala y con fuertes exigencias logísticas.

El reto económico sigue siendo uno de los principales obstáculos. El plástico convencional goza de décadas de inversión, infraestructura y economías de escala difíciles de igualar.

“Ningún bioplástico completamente biodegradable va a equiparar el precio del plástico”, admite Flores. Sin embargo, sostiene que la brecha se ha reducido: “Hace 10 años costaban 10 veces más; hoy cuestan cinco, y es muy probable que para 2028 o 2029 cuesten tres veces más”. A su juicio, la clave está en distribuir el sobrecosto entre productores, distribuidores y consumidores, apoyados por regulaciones más claras y una mayor conciencia ambiental.

En sectores críticos como alimentos y cosmética, donde el envase es parte esencial de la seguridad del producto, la empresa ha optado por una estrategia colaborativa. “Nos sentamos con los ingenieros de empaque y químicos de alimentos para someter los materiales a pruebas y entender qué falta y qué se requiere”, explica.

La empresa opera con una capacidad instalada de alrededor de 500 toneladas anuales y se prepara para escalar. El objetivo para 2026 y 2027 es alcanzar las 1,000 toneladas, y para 2028 o 2029 llegar a 5,000 toneladas anuales. “El reto ahora es venderlas, llevar ese suministro al mercado”, afirma Flores, quien reconoce la necesidad de fortalecer su brazo comercial.

Biointellectus forma parte de GreenTech LatAm 2025, un programa de aceleración de Village Capital enfocado en startups de tecnología climática en América Latina. Village Capital es una organización internacional sin fines de lucro que apoya emprendimientos en etapas tempranas mediante programas de aceleración, mentoría y acceso a capital.

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industria del plástico Contaminación ambiental

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