Biointellectus está conformada por cuatro socios fundadores con perfiles complementarios. Además de Flores, el equipo incluye a Tania Acevedo, también ingeniera en biotecnología; Rafael Figueroa, psicólogo de formación y consultor de negocios; y José María Ventura, economista y abogado. “Es un equipo muy complementario, y ha funcionado hasta hoy por la confianza que tenemos unos a otros”, afirma el fundador.
Uno de los ejes centrales del proyecto es su proceso de producción. A diferencia de otros bioplásticos que dependen de procesos biotecnológicos más complejos, como fermentaciones bacterianas o reactores especializados, Biointellectus apostó por una ruta basada en almidón de origen industrial.
“Nuestros materiales son base de almidón; utilizamos un residuo industrial de producción y hacemos modificaciones químicas que forman parte de nuestra propiedad intelectual”, explica Flores. La materia prima proviene principalmente de Querétaro, donde se concentra cerca del 80% del suministro que utiliza la empresa, lo que permite reducir costos logísticos y asegurar una cadena de proveeduría estable y local.
El almidón recuperado se somete a un proceso térmico-mecánico de extrusión, similar al que utiliza la industria plástica tradicional. “No utilizamos bacterias ni reactores; usamos el equipo industrial que ya existe y ahí mismo hacemos la transformación del almidón a almidón termoplástico”, detalla el fundador. El resultado es un termoplástico de almidón (TPS) que puede transformarse en distintos productos finales, como cubiertos, bolsas o envases para cosmética. Esta compatibilidad con la infraestructura existente es una de las ventajas clave del modelo, ya que facilita el escalamiento y la adopción por parte de la industria.
El contexto juega a favor, pero también eleva la presión. De acuerdo con la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), México genera más de 120,000 toneladas de residuos sólidos urbanos al día, de los cuales alrededor del 50% corresponde a residuos orgánicos. En la Ciudad de México, la Secretaría del Medio Ambiente capitalina ha señalado que la contaminación de los orgánicos con plásticos limita su aprovechamiento en plantas de compostaje.
Para Flores, este es uno de los puntos donde los bioplásticos pueden marcar diferencia. “Uno de los grandes dolores del sistema de gestión de residuos orgánicos es la alta contaminación de plástico, por lo que tenemos que encontrar la forma de reemplazar el plástico que evita que las composteras funcionen”, dice Flores.