“Estamos proyectando que un agricultor puede ganar hasta cien dólares por hectárea al año por la aplicación del producto”, detalla. El costo del insumo es de alrededor de 1,300 pesos por hectárea por ciclo agrícola, lo que, según la empresa, se compensa con la reducción de insumos y el aumento en la productividad.
Sin embargo, la adopción de nuevas tecnologías no ha estado exenta de retos. Ángeles reconoce que existe resistencia por parte de algunos productores.
“Tienen un esquema de trabajo muy tradicional, con sus costumbres muy arraigadas de cómo sembraba su papá, cómo sembraba su abuelita”, comenta.
Para enfrentar esta barrera, la estrategia ha sido permitir que los agricultores prueben el producto en parcelas demostrativas y evalúen los resultados por sí mismos.
A estos desafíos se suman los regulatorios. Aunque el uso de biomoléculas reduce riesgos sanitarios y ambientales, el marco normativo mexicano para insumos agrícolas sigue siendo limitado.
“La normativa que hay para todo este tipo de insumos está bastante atrasada”, afirma Ángeles, al señalar que los procesos son burocráticos y poco adaptados a la innovación tecnológica.
El crecimiento de EcoScience Lab también ha implicado enfrentar retos de financiamiento y escalabilidad. En ese camino, la empresa forma parte del programa GreenTech Latam 2025 de Village Capital, una organización internacional de capital emprendedor sin fines de lucro que apoya startups de impacto social y ambiental mediante programas de aceleración, mentoría y acceso a redes de inversión. Village Capital opera en más de 30 países y se enfoca en modelos de negocio que combinan rentabilidad con impacto positivo.
Para Ángeles, esta experiencia ha sido clave en el desarrollo de la empresa. “Hemos recurrido a Village Capital para todos esos temas precisamente de levantamiento de capital”.
Aunque el mercado de créditos de carbono en México aún se encuentra en etapas iniciales, Ángeles considera que existe un amplio potencial, lo que para Ángeles representa una oportunidad para incorporar a más productores y avanzar hacia prácticas agrícolas que, además de producir alimentos, contribuyan a enfrentar el cambio climático.