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Ecovermis transforma residuos plásticos en fertilizante para el campo mexicano

El proyecto produce un biofertilizante que se origina por un proceso biotecnológico para poder degradar el plástico y aprovecharlo como un nutriente para la agricultura.
dom 30 noviembre 2025 07:04 AM
ecovermis y agricultura
Ecovermis, un proyecto que propone un puente entre la biotecnología, la economía circular y la conservación ambiental en el sector agrícola del país. (Iryna Inshyna/Getty Images)

La agricultura enfrenta un momento crítico: debe alimentar a una población creciente mientras lidia con límites ambientales claros. La degradación del suelo, la escasez de agua, las emisiones y la pérdida de biodiversidad alertan al mundo. El uso excesivo de fertilizantes químicos agota nutrientes, destruye microorganismos benéficos y contamina acuíferos. En este contexto, Ecovermis ofrece soluciones que reducen impactos y gestionan residuos de manera sostenible.

Ecovermis nació en 2020 de la visión de Luis Ángel Martínez y Leonardo Garduño, estudiantes en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, BUAP, quienes, tras investigar con agricultores locales, identificaron problemas urgentes: contaminación plástica, fertilizantes químicos dañinos y pérdida de polinizadores. Así, transformaron su proyecto escolar en una iniciativa sostenible con impacto real.

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“Nosotros precisamente vamos a una investigación de hace ya casi 5 años en donde desarrollamos un proceso biotecnológico para poder degradar este plástico y poder aprovecharlo como un nutriente y convertirlo así en un fertilizante, no solo con plástico, sino también con basura orgánica”, explica Martínez.

México es uno de los mayores consumidores de fertilizantes en América Latina. Según datos de la Secretaría de Agricultura (SADER) y de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el país utiliza más de cuatro millones de toneladas al año, principalmente urea, fosfatos y mezclas NPK, las cuales contienen los tres macronutrientes esenciales para las plantas: nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K).

En materia climática, los fertilizantes nitrogenados generan óxido nitroso (N₂O), un gas de efecto invernadero 298 veces más potente que el dióxido de carbono (CO₂). En México, el sector agrícola aporta alrededor del 10% de las emisiones nacionales de gases de efecto invernadero, y una proporción importante proviene del uso de fertilizantes, ya que aproximadamente el 70% de los insumos aplicados son nitrogenados, los de mayor impacto ambiental.

Ante este panorama crítico, los estudiantes idearon un proceso biotecnológico que emplea dos especies de escarabajo, Tenebrio molitor y Zophobas morio, capaces de degradar poliéster, poliuretano y poliestireno.

El plástico degradado se mezcla con residuos orgánicos y pasa por un proceso de evaporación, triple filtrado y fermentación anaeróbica, en el que participan lombrices y cucarachas, formando una red bacteriana que estabiliza el biofertilizante. El resultado es un producto 100% orgánico, libre de químicos y seguro para los polinizadores.

“Creamos un proceso biotecnológico que permite degradar el plástico y transformarlo en un nutriente útil Un residuo inorgánico que se pensaba que no podría ser utilizado para este proceso (...) por el momento no hay nadie en el mercado haciéndolo”, destacan los fundadores.

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Actualmente, Ecovermis se encuentra en vías de ser patentado, con una tecnología que permite recuperar entre 70% y 75% de un bote de basura doméstico, al integrar residuos orgánicos e inorgánicos en un ciclo regenerativo. El litro de concentrado, que ronda los 150 pesos, se diluye en 30 litros de agua, haciéndolo altamente accesible para pequeños y medianos agricultores.

Garduño destaca que el producto ha demostrado tener superioridad a los fertilizantes químicos, ya que han realizadopruebas en plantaciones de fresas en donde se muestra que un cultivo tratado su producto llega a tener una superioridad tanto en tamaño como en su diámetro.

Además, ambos estudiantes enfatizaron que, desde el inicio, han buscado que su fertilizante sea seguro para los polinizadores, es decir, que sea amigable con toda la fauna que contribuye a la diversidad de los ecosistemas.

El emprendimiento ha sido reconocido con el Premio Unitec, y los recursos obtenidos han contribuido a consolidar el proyecto. Gabriela Bengochea Marín, responsable de la red de incubadoras de la institución, destaca que la institución impulsa iniciativas de alto impacto social y tecnológico como Ecovermis, ya que esto les permite cumplir su misión de ciencia y técnica con un enfoque humanista, aplicando la tecnología para generar un verdadero impacto social.

Hasta ahora, Luis Ángel Martínez y Leonardo Garduño coinciden en que el principal reto del equipo ha sido cambiar la mentalidad del sector agrícola. Por ello, han optado por permitir pruebas pequeñas en parcelas para demostrar la superioridad del producto frente a los fertilizantes químicos.

Ecovermis, actualmente con sede en Puebla, ya colabora con escuelas y mantiene diálogo con autoridades ambientales para asegurar la obtención de residuos plásticos y fortalecer la economía circular local. Además, busca distribuidores en estados estratégicos como Coahuila y analiza oportunidades fuera del país.

El futuro del proyecto incluye aumentar su capacidad de reciclaje, ampliar la gama de productos, establecer puntos de venta físicos y avanzar hacia la internacionalización.

“Las mejores ideas siempre vienen acompañadas de un gran equipo, y con aliados estratégicos, el proyecto se perfila como un caso de éxito en innovación sostenible", indicaron los fundadores del proyecto.

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