El reto de la escalabilidad
Uno de los principales retos ha sido el escalamiento. La industria del PET opera con márgenes bajos y volúmenes gigantescos, ya Rodríguez da como ejemplo que Alpek produce alrededor de cuatro millones de toneladas de resina virgen al año, lo que obliga a pensar en plantas de al menos 5,000 toneladas anuales para que el modelo sea rentable. Hasta ahora, el directivo destaca que BreakPET no ha conseguido el capital necesario para construir esa infraestructura.
Ante ese escenario, la empresa decidió aprovechar su capacidad instalada para producir enzimas destinadas a otros mercados industriales, como alimentos o detergentes, donde la demanda ya existe y los volúmenes son más manejables.
“Son enzimas que ya tienen un mercado establecido y con esas ventas iremos aumentando nuestra capacidad. La meta es generar ingresos recurrentes que permitan, a mediano plazo, retomar el escalamiento de la enzima para PET”, explica el fundador de la empresa.
BreakPET, además, forma parte del programa GreenTech LatAm 2025 de Village Capital, una iniciativa de aceleración que apoya a startups de América Latina con soluciones tecnológicas para impulsar la sostenibilidad y acelerar el desarrollo en la región. Village Capital es una organización global que trabaja con emprendedores que enfrentan retos socioambientales, ofreciéndoles mentoría, conexiones con inversionistas, formación en preparación para financiamiento y acceso a una red internacional de expertos para escalar su impacto.
A futuro, dice Rodríguez, BreakPET busca consolidar un portafolio biotecnológico que le dé solidez financiera y, al mismo tiempo, mantener viva la apuesta por el reciclaje infinito del plástico.
“No lo vamos a cambiar de un día para otro, sino gradualmente, desplazando procesos petroquímicos por biotecnológicos. En un país donde la presión regulatoria y social por la economía circular va en aumento, ese enfoque podría convertirse en una pieza clave del rompecabezas ambiental”, destaca Rodríguez.