Por su parte, el World Economic Forum (WEF, por sus siglas en inglés) ubica a los eventos climáticos extremos entre los principales riesgos globales para la economía en la próxima década. La WEF, destaca en su informe, que entre las principales afectaciones se encuentran en la productividad laboral, pues interrumpe cadenas de suministro y eleva los costos energéticos, especialmente en ciudades densamente pobladas que dependen de sistemas de enfriamiento intensivo.
En América Latina, la urbanización acelerada y desigual profundiza el problema. La pérdida de vegetación y el predominio del asfalto generan islas de calor urbano, donde la temperatura puede superar por varios grados a la de zonas rurales cercanas. Esta diferencia térmica impacta con mayor fuerza a comunidades con menor acceso a infraestructura y servicios. México enfrenta un escenario complejo. Más de 80% de su población vive en ciudades y varias han registrado récords históricos de temperatura en los últimos años. La combinación de sequía, contaminación atmosférica y alta densidad urbana incrementa la vulnerabilidad, particularmente en zonas con escasez de áreas verdes y vivienda precaria.
Frente a este panorama, los organismos internacionales coinciden en que enfriar las ciudades requiere estrategias integrales. La OMS hace la recomendación de ampliar espacios verdes, fortalecer sistemas de alerta temprana y diseñar planes de acción ante olas de calor que prioricen a población vulnerable.
El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) ha documentado que las soluciones basadas en la naturaleza, como corredores verdes, restauración de ríos urbanos y techos vegetales, pueden disminuir la temperatura local entre 2 y 4 grados centígrados. Estas medidas también mejoran la calidad del aire y promueven biodiversidad en entornos densamente construidos.
“La naturaleza es nuestra mejor aliada. Nos permite enfrentar desafíos sociales y generar beneficios para las personas y la biodiversidad. Estos incluyen la protección, restauración o gestión de ecosistemas naturales y seminaturales; la gestión sostenible de paisajes terrestres y marinos productivos y la creación de ecosistemas novedosos como la infraestructura verde urbana”, explica la WWF en un análisis.
No obstante, la implementación enfrenta retos estructurales. Las organizaciones internacionales enfatizan en que adaptar normas de construcción, financiar infraestructura verde y coordinar a distintos niveles de gobierno exige voluntad política y recursos sostenidos. Además, los beneficios suelen percibirse a mediano plazo, mientras que las inversiones son inmediatas.