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La infraestructura verde y soluciones naturales mitigan riesgos por olas de calor

En México y otras ciudades del mundo se enfrentan el desafío de adaptar su infraestructura para contener el aumento de temperatura para proteger a la población vulnerable.
jue 26 febrero 2026 01:55 PM
Cómo gobiernos y empresas pueden enfriar las ciudades ante olas de calor: el ejemplo que México debe seguir
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que el calor extremo es uno de los fenómenos climáticos más letales. Entre 2000 y 2024 provocó, en promedio, cerca de 489,000 muertes anuales a nivel global. (Bim/Getty Images)

Las temporadas veraniegas en 2024 y 2025 evidenciaron que las olas de calor son cada vez más intensas y frecuentes en ciudades de todo el mundo. La Organización Meteorológica Mundial ha confirmado que los años recientes figuran entre los más cálidos desde que existen registros, en un contexto marcado por el cambio climático y la expansión urbana, lo que ocasiona que la combinación de altas temperaturas y superficies impermeables multiplique los riesgos de salud y ambientales para millones de personas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que el calor extremo es uno de los fenómenos climáticos más letales. En las últimas dos décadas provocó, en promedio, cerca de 500,000 muertes anuales a nivel global. Además de los impactos directos en la salud, incrementa hospitalizaciones, agrava enfermedades cardiovasculares y respiratorias y presiona los sistemas sanitarios.

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Por su parte, el World Economic Forum (WEF, por sus siglas en inglés) ubica a los eventos climáticos extremos entre los principales riesgos globales para la economía en la próxima década. La WEF, destaca en su informe, que entre las principales afectaciones se encuentran en la productividad laboral, pues interrumpe cadenas de suministro y eleva los costos energéticos, especialmente en ciudades densamente pobladas que dependen de sistemas de enfriamiento intensivo.

En América Latina, la urbanización acelerada y desigual profundiza el problema. La pérdida de vegetación y el predominio del asfalto generan islas de calor urbano, donde la temperatura puede superar por varios grados a la de zonas rurales cercanas. Esta diferencia térmica impacta con mayor fuerza a comunidades con menor acceso a infraestructura y servicios. México enfrenta un escenario complejo. Más de 80% de su población vive en ciudades y varias han registrado récords históricos de temperatura en los últimos años. La combinación de sequía, contaminación atmosférica y alta densidad urbana incrementa la vulnerabilidad, particularmente en zonas con escasez de áreas verdes y vivienda precaria.

Frente a este panorama, los organismos internacionales coinciden en que enfriar las ciudades requiere estrategias integrales. La OMS hace la recomendación de ampliar espacios verdes, fortalecer sistemas de alerta temprana y diseñar planes de acción ante olas de calor que prioricen a población vulnerable.

El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) ha documentado que las soluciones basadas en la naturaleza, como corredores verdes, restauración de ríos urbanos y techos vegetales, pueden disminuir la temperatura local entre 2 y 4 grados centígrados. Estas medidas también mejoran la calidad del aire y promueven biodiversidad en entornos densamente construidos.

“La naturaleza es nuestra mejor aliada. Nos permite enfrentar desafíos sociales y generar beneficios para las personas y la biodiversidad. Estos incluyen la protección, restauración o gestión de ecosistemas naturales y seminaturales; la gestión sostenible de paisajes terrestres y marinos productivos y la creación de ecosistemas novedosos como la infraestructura verde urbana”, explica la WWF en un análisis.

No obstante, la implementación enfrenta retos estructurales. Las organizaciones internacionales enfatizan en que adaptar normas de construcción, financiar infraestructura verde y coordinar a distintos niveles de gobierno exige voluntad política y recursos sostenidos. Además, los beneficios suelen percibirse a mediano plazo, mientras que las inversiones son inmediatas.

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Algunas ciudades ya avanzan con resultados medibles. París ha ampliado sus corredores verdes y superficies permeables como parte de su plan climático; Medellín consolidó corredores ecológicos que redujeron temperaturas locales en zonas intervenidas; y Ahmedabad, en India, fue pionera en planes de acción contra el calor que integran alertas públicas y protocolos hospitalarios.

“Estos casos muestran que enfriar las ciudades no depende de una sola solución, sino de una combinación de planeación, financiamiento y colaboración entre gobiernos y sector privado. Frente a un clima más extremo, la resiliencia térmica se perfila como una prioridad estratégica”, explica el WEF.

Tanto el Foro Económico Mundial y la Organización de las Naciones Unidas subrayan que el sector privado tiene un papel relevante en la transición. Desde la creación y producción de materiales reflectantes en techos y pavimentos, así como el desarrollo de tecnología para la eficiencia energética en edificios y de la electrificación del transporte, que en el corto plazo ayudan a reducir tanto emisiones como calor residual, además de tener beneficios en costos operativos y de impacto social en el largo plazo.

Para Greenpeace la evidencia técnica coincide en que cada grado importa. La organización civil explica que enfriar las ciudades no es solo una agenda ambiental, sino una estrategia de salud pública, competitividad y resiliencia. Para gobiernos y empresas, anticiparse al calor extremo implica repensar el diseño urbano y la inversión con una visión de largo plazo.

“Saber qué son las olas de calor, reconocer las causas de las olas de calor y actuar en consecuencia son cuestiones esenciales para mitigar sus impactos. Este fenómeno ya no es una proyección del futuro: está ocurriendo ahora mismo, con efectos reales y medibles en la salud, el medio ambiente y la economía”, añade.

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