Para organizaciones ambientales y sectores turísticos locales, la medida podría marcar el inicio de una nueva etapa para la región: la expansión del negocio de cruceros hacia territorios que históricamente se promovieron por su fragilidad ecológica y exclusividad natural.
La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) define al Parque Nacional Bahía de Loreto como “una de las áreas marinas de mayor biodiversidad en México”. De acuerdo con el organismo, la región alberga cinco islas y una amplia diversidad de mamíferos marinos, aves y peces que dependen de la conservación de los ecosistemas costeros y marinos. Por otro lado, el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda) advierte que el cambio en la operación portuaria que propone el gobierno podría incrementar riesgos para especies protegidas.
La diferencia con destinos como Cozumel o Mahahual es parte central de la discusión. En Loreto, gran parte de la economía turística se construyó alrededor de la baja densidad urbana y de experiencias asociadas con naturaleza y conservación. El temor de operadores turísticos y organizaciones es que la llegada masiva de cruceros y el crecimiento de embarcaciones comerciales altere precisamente el modelo que volvió competitivo al destino dentro del mercado internacional.
“La ballena azul depende de condiciones acústicas adecuadas para alimentarse, comunicarse y reproducirse; el aumento del tráfico marítimo amenaza directamente estos procesos”, señaló en un reporte el Cemda.
Greenpeace México también advierte sobre los efectos acumulativos de los grandes proyectos turísticos en ecosistemas marinos, pues menciona que el turismo masivo genera una presión enorme sobre manglares, arrecifes y especies marinas, particularmente en regiones donde la biodiversidad es el principal atractivo económico.
La discusión en Loreto ocurre mientras el sector turístico internacional busca nuevas fórmulas para mantener el crecimiento económico frente al deterioro ambiental en varios destinos del Caribe. El avance del sargazo, la pérdida de playas y el estrés sobre arrecifes llevaron a empresas turísticas a invertir cada vez más en infraestructura artificial, como lagunas controladas, parques acuáticos y playas modificadas, menos dependientes de las condiciones naturales.
La Organización Mundial del Turismo (OMT) señala que el turismo y la biodiversidad están estrechamente relacionados y que la degradación ambiental pone en riesgo la competitividad futura de los destinos y sostiene que la protección de ecosistemas naturales será determinante para mantener la viabilidad económica de las regiones turísticas en el largo plazo.
La industria de cruceros enfrenta crecientes cuestionamientos por su impacto ambiental debido a la enorme cantidad de residuos y emisiones que genera. De acuerdo con un informe de Oceana, un crucero con capacidad para entre 2,000 y 3,000 pasajeros puede producir diariamente hasta 800,000 litros de aguas grises, más de 100,000 litros de aguas negras y toneladas de basura y residuos tóxicos. Además, estos barcos utilizan combustibles altamente contaminantes que emiten dióxido de carbono, óxidos de azufre y partículas suspendidas, mientras que la quema de basura a bordo libera sustancias tóxicas.