Para algunos científicos, estos estudios estarían sesgados por la contaminación debida a la omnipresencia de materiales plásticos en los laboratorios, mientras que las técnicas utilizadas por los investigadores podrían confundir tejidos humanos, como la grasa cerebral, con plástico.
Para zanjar el debate, 30 científicos de 20 institutos de todo el mundo han propuesto un nuevo marco para la investigación sobre los microplásticos, fruto de trabajos publicados el martes en la revista Environment & Health.
Esta metodología permite a los investigadores precisar su grado de certeza sobre el nivel de microplásticos detectados.
La omnipresencia de esos materiales en el medioambiente es indiscutible. También es "muy probable" que el ser humano ingiera regularmente microplásticos presentes en el aire y en los alimentos, explica a la AFP Leon Barron, investigador del Imperial College de Londres.
Sin embargo, aún no hay pruebas suficientes para afirmar que sean perjudiciales para la salud, según el autor principal del nuevo marco de investigación, presentado el martes.
Aunque los microplásticos, y sobre todo los nanoplásticos, que son aún más pequeños, son muy difíciles de detectar, algunas investigaciones han reportado su presencia en zonas del cuerpo humano donde era "menos probable" encontrarlos, indica Barron.