Este debate sobre la utilidad de los créditos de carbono fue parte del panel “¿Son los créditos de carbono una solución real y duradera?” realizado en el Encuentro Pacto Global 2026, donde representantes de organizaciones ambientales, especialistas en mercados climáticos y activistas discutieron el papel de estos instrumentos en la transición hacia economías bajas en emisiones.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estima que el mercado voluntario de carbono podría movilizar 100,000 millones de dólares hacia proyectos de conservación, reforestación y energías renovables durante la próxima década.
Carlos Sánchez, gerente comercial de MÉXICO2, señaló que los créditos de carbono representan una herramienta para acelerar la acción climática y movilizar financiamiento hacia proyectos ambientales, porque permiten financiar proyectos que difícilmente serían viables en condiciones normales de mercado.
“Los mercados de carbono y los créditos de carbono son un impulsor a la acción climática. Rechazar los créditos de carbono no es radicalismo climático. Nuestra lucha exige acciones rápidas, acciones ambiciosas y acciones a gran escala. Los créditos permiten que proyectos ambientales encuentren financiamiento y que las empresas puedan avanzar en sus metas mientras las tecnologías de descarbonización continúan desarrollándose”, afirmó Sánchez.
No obstante, investigaciones de organizaciones como Greenpeace y Carbon Market Watch han advertido sobre problemas relacionados con doble contabilidad, sobreestimación de captura de emisiones y proyectos que no generan beneficios climáticos adicionales.
Nina Escobar, directora de Cambio Climático y Energía en WWF México, advirtió que uno de los principales desafíos está relacionado con la proliferación de créditos de baja calidad y con la falta de reglas más estrictas que obliguen a las empresas a priorizar reducciones internas antes de recurrir a mecanismos de compensación.
“Actualmente, el mercado muestra es una abundancia de proyectos y créditos de mala calidad que funcionan como una alternativa para empresas que buscan evitar cambios internos más profundos. Hay compañías que prefieren comprar créditos baratos antes que enfrentar cambios tecnológicos o inversiones que realmente reduzcan sus emisiones”, comentó Escobar.
Otra de las preocupaciones tiene que ver con el impacto social de ciertos proyectos forestales desarrollados en países del sur global. Algunos especialistas advirtieron que, sin salvaguardas adecuadas, las comunidades pueden perder control sobre sus territorios o recibir beneficios económicos limitados frente a las ganancias generadas por los mercados internacionales de carbono.
Pese a las críticas, varios participantes coincidieron en que el problema no es el concepto de los créditos de carbono, sino la necesidad de fortalecer la regulación y la transparencia. Valeria Enciso, oficial de Programas Senior en Relaciones con Mercados de Verra, aseguró que el sector atraviesa una etapa de evolución en la que cada vez existe mayor presión por mejorar estándares, trazabilidad y monitoreo de proyectos.