Después de años de crecimiento constante en activos administrados, en 2025 los fondos de inversión basados en criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) registraron una salida de capitales, es la primera vez que ocurre desde 2018.
Los fondos ESG sufren salidas por 84,000 mdd, las primeras desde 2018
En 2025, los fondos globales con etiqueta ESG registraron 84,000 millones de dólares en salidas netas de capital, frente a 38,000 millones de dólares en entradas en 2024, marcando la primera vez con flujos negativos anuales desde 2018, año en el que Morningstar Sustainalytics comenzó el seguimiento.
Las salidas de capital en 2025 obedecen a una confluencia de factores donde lo político, lo regulatorio y lo económico han convergido para crear un entorno más desafiante para las estrategias sostenibles.
En primer lugar, la persistente oleada de escepticismo hacia el enfoque ESG en Estados Unidos, que ya había generado salidas durante más de una docena de trimestres, ha mantenido a inversionistas institucionales y minoristas a la defensiva. Aunque el reporte de Morningstar destaca que parte de las salidas también se explican por la reconfiguración de mandatos, pasando de fondos ESG genéricos a mandatos personalizados hechos a medida, la percepción de riesgos regulatorios y políticos ha pesado sobre la demanda.
En Europa, por primera vez desde 2018 este mercado, que tradicionalmente había compensado las tendencias bajistas de Estados Unidos, experimentó retiros de capital en lugar de entradas. Esto ha generado inquietud entre gestores, dado que Europa representa la mayor parte de los activos globales con criterios de sostenibilidad.
“Estamos viendo más señales de consolidación, actividad de cambio de nombre y desarrollo de producto cauteloso, en medio de una intensificación de la reacción contra el ESG en Estados Unidos que ahora también está afectando visiblemente el sentimiento en Europa”, dice Hortense Bioy, responsable de investigación de inversiones sostenibles en Morningstar Sustainalytics.
Aunque no todos los factores negativos son exclusivamente políticos, analistas coinciden en que el discurso cada vez más crítico hacia las inversiones ESG en Estados Unidos ha tenido efecto en el sentimiento global de los inversionistas.
Una de las conclusiones del informe de Morningstar es que tanto los fondos ESG activos como los pasivos experimentaron salidas netas en 2025. Los fondos pasivos con etiqueta sostenible registraron casi 35,000 millones de dólares en salidas, mientras que los fondos gestionados activamente soportaron aproximadamente 49,000 millones de dólares en retiros netos a nivel global. Este patrón indica que la desconexión con los inversionistas no se limita a una modalidad específica de gestión, sino que es un fenómeno transversal dentro del universo sostenible.
La industria, que durante años construyó una narrativa basada en la integración de criterios de sostenibilidad como una forma de mitigar riesgos a largo plazo y generar impacto positivo, ahora enfrenta el desafío de demostrar que estas estrategias pueden mantenerse relevantes incluso cuando el optimismo regulatorio y social se enfría.
Además, la desaceleración en la creación de nuevos fondos ESG y en la actividad de lanzamiento de productos también ha sido interpretada como un síntoma de cautela y es que en el último trimestre de 2025 solo se lanzaron 40 nuevos fondos sostenibles globalmente, en comparación con 50 en el trimestre anterior, uno de los más bajos registrados desde 2023, de acuerdo con Morningstar.
De hecho, en 2026, la perspectiva global de BlackRock no considera ESG como una megatendencia, algo que sí estaba presente en su análisis de 2024, por ejemplo. Sin embargo, sus perspectivas más actualesidentifican la “transición energética” como una de las fuerzas estructurales globales que están transformando la economía y presentan oportunidades para los inversionistas.
Ryan Ballard, senior manager de Cambio Climático y Sostenibilidad en EY Latinoamérica, señala que las Normas de Información de Sostenibilidad, alineadas con estándares internacionales como los del ISSB, están colocando los riesgos ambientales y climáticos al mismo nivel que los financieros.
Para el especialista el acceso a capital ya no depende solo de balances sólidos, sino de la capacidad de demostrar estrategias creíbles de largo plazo: transparencia, comparabilidad y rigor en sostenibilidad se convierten en una ventaja competitiva clave, justo cuando los flujos globales de inversión buscan refugio en modelos de negocio más resilientes.