Estos fondos tienen el objetivo de ayudar a los países en desarrollo, que cargan con una responsabilidad histórica mucho menor en el calentamiento global, para que inviertan en energías limpias y hagan frente a las consecuencias del cambio climático.
La financiación pública a favor del clima retrocedió 2.6%, hasta los 101,600 millones de dólares, en 2024. Pero esta bajada se vio compensada por un aumento de las contribuciones del sector privado, de 30,500 millones de dólares.
Raphaël Jachnik, encargado del informe para la OCDE, explicó a la AFP la disminución de la financiación pública bilateral en parte por una vuelta a los niveles normales, tras el fuerte aumento registrado en 2023.
Incertidumbre respecto a 2025
Las cifras para 2025, cuando regresó al poder en Estados Unidos el presidente Donald Trump, escéptico del cambio climático, no se conocerán hasta el año próximo como mínimo pero podrían apuntar a un declive de la financiación climática.
Por su lado, la UE, que es el mayor contribuyente a las finanzas climáticas, atraviesa un período fiscal delicado y está tratando de reservarse margen para incrementar el gasto militar.
Para Jachnik, el contexto internacional "plantea cuestiones más fundamentales respecto al nuevo objetivo": que los países ricos eleven esa financiación a 300,000 millones de dólares anuales, para el año 2035.
Un monto, fijado durante la COP29 de Azerbaiyán en 2024, que los países en vías de desarrollo consideran todavía insuficiente.