La conversación sobre sostenibilidad dejó de concentrarse únicamente en las áreas ambientales o sociales y comenzó a instalarse en los comités financieros de las empresas. En el panel ‘¿Cómo hablar el idioma de tu Dirección de Finanzas?’, realizado durante el Encuentro Pacto Global México 2026, directivas de Grupo Herdez, Sports World y Natura México coincidieron en que el reto ya no es convencer de la importancia de la agenda ESG (ambiental, social y de gobernanza, por sus siglas en inglés), sino demostrar cómo impacta en la rentabilidad, el acceso a financiamiento y la permanencia de los negocios.
La sostenibilidad debe entrar al radar financiero de las empresas para avanzar
El cambio ocurre en un contexto en el que las finanzas sostenibles ganan peso en México. Datos del Consejo Mexicano de Finanzas Sostenibles muestran que entre 2015 y 2025 el mercado de deuda etiquetada en el país acumuló 284 emisiones por más de 1.5 billones de pesos.
Griselda Ramos, directora de Sustentabilidad de Natura México, contó que la empresa ha tenido que traducir sus iniciativas socioambientales en modelos de negocio medibles. Uno de los casos que compartió fue el de la línea Natura Ekos, desarrollada con comunidades amazónicas. Según Ramos, el proyecto involucra la conservación de más de 2.2 millones de hectáreas de selva y el trabajo con más de 10,000 familias en 44 comunidades. El objetivo, dijo, es demostrar que la protección ambiental también puede convertirse en un negocio rentable.
“No lo hacemos porque nos encanta ayudar a las comunidades. Lo hacemos porque buscamos cómo transformar estos desafíos socioambientales en oportunidades de negocio”, dijo la directiva.
Ramos explicó que Natura desarrolló una herramienta llamada Integrated Profit and Loss, con la que mide el impacto ambiental, social y económico de sus operaciones. De acuerdo con la ejecutiva, el modelo mostró que por cada real generado en ventas, la empresa obtuvo un retorno socioambiental de 2.7 reales el año pasado. La meta es alcanzar cuatro reales por cada real vendido.
“Cuando dejas de hablar de iniciativas, dejas de hablar a corto plazo. Entonces vamos a hablar de inversión, porque la inversión siempre debería traer una recuperación”, comentó
Andrea Amozurrutia, chief financial and sustainability officer de Grupo Herdez, señaló que uno de los desafíos es integrar los proyectos de sostenibilidad dentro de la estructura financiera tradicional de las empresas. La ejecutiva contó que una de las experiencias más relevantes en la compañía ocurrió con la emisión de un bono ligado a objetivos de sostenibilidad.
El instrumento incluía indicadores relacionados con la reducción en el consumo de agua. “Por primera vez en la compañía realmente estuvimos trabajando por cumplir los KPIs del año. No nos podemos dar el lujo de no tener bajo control este indicador de agua, porque si se nos sale de control vamos a tener que pagar un mayor interés”, dijo Amozurrutia.
La directiva señaló que la presión sobre los recursos hídricos se convirtió en uno de los temas más sensibles para la compañía. Después de un análisis de más de un año, la empresa identificó riesgos relacionados con la disponibilidad de agua en algunas cuencas.
“Cuando llevamos el caso ante la dirección y decimos que si no hacemos algo, en seis años ya no vamos a tener agua en esta operación específica, ni siquiera necesitas usar un tema de sustentabilidad para justificar”, comentó. “Creo que el esfuerzo que tenemos que hacer es poder hablar el lenguaje del negocio”, dijo.
La ejecutiva también destacó el papel de los incentivos financieros para acelerar la adopción de criterios ESG. Grupo Herdez implementó un programa de factoraje para proveedores con criterios de sostenibilidad, mediante el cual las empresas que acreditan estrategias alineadas con los objetivos ambientales y sociales del grupo pueden acceder a tasas preferenciales.
La sostenibilidad, coincidieron las especialistas, ya no puede presentarse como una conversación paralela dentro de las empresas. Para avanzar, deberá hablar el lenguaje de los estados financieros, de los riesgos operativos y de la rentabilidad.
Gabriel Ramírez, director de finanzas de Sports World, consideró que el reto no es solo que la dirección de sostenibilidad aprenda a hablar el lenguaje financiero, sino porque las áreas financieras entiendan las implicaciones ambientales y sociales de los proyectos.
Ramírez sostuvo que las empresas todavía enfrentan resistencias internas, sobre todo cuando las inversiones sostenibles implican costos inmediatos y retornos de largo plazo. Sin embargo, consideró que ignorar los riesgos puede resultar más costoso.
“Si hoy no estás dispuesto a realizar una inversión para que tu equipo operativo sea mucho más eficiente energéticamente, en un futuro te va a costar mucho más”, advirtió el directivo.
Y a veces ya no es un tema de lo que sucederá, en muchas ocasiones ya hay un impacto en las decisiones de consumo, la reputación corporativa y la atracción de talento.
Las empresas también enfrentan nuevas presiones regulatorias y de mercado. En México, por ejemplo, en enero de 2026 se publicó la Ley General de Economía Circular, que entre otras cosas plantea la Responsabilidad Extendida del Productor (REP) que obliga a fabricantes e importadoras a gestionar sus productos, empaques y envases durante todo su ciclo de vida, incluyendo la etapa post-consumo.
En el panel, Ramos recordó cómo Natura comenzó hace varios años a prepararse para este tipo de regulaciones. “Hoy tenemos una ley y nosotros tenemos cuatro años de camino avanzado para lo que podamos hacer y trabajar”, explicó Ramos.
Los participantes coincidieron en que el reto ya no consiste únicamente en medir emisiones o presentar reportes, sino en construir argumentos financieros sólidos que permitan sostener inversiones de largo plazo. En un entorno marcado por riesgos climáticos, nuevas regulaciones y consumidores más exigentes, las áreas financieras dejaron de ser observadoras y comenzaron a convertirse en actores centrales de la estrategia ESG.
Para Amozurrutia hay que incorporar a las áreas financieras en las conversaciones de sostenibilidad desde el inicio de los proyectos para que sea más sencillo que se conviertan en ese habilitador que también impulse las estrategias ESG. “Vamos en la dirección correcta, pero la velocidad no es suficiente”, aseguró.