De acuerdo con el Protocolo de Gases de Efecto Invernadero (GHG Protocol), el Alcance 3 considera todas las emisiones indirectas de la cadena de valor, desde materias primas hasta el uso final de los productos. Según datos del CDP y del World Business Council for Sustainable Development (WBCSD), estas emisiones representan en promedio más de 70% de la huella corporativa global en sectores de consumo y alimentos.
Durante la conferencia, Terroba explicó que los riesgos climáticos ya están afectando los costos y la disponibilidad de productos básicos. Citó aumentos registrados desde 2022 en alimentos como la lechuga en Australia, con incrementos de hasta 300%, así como el cacao en Costa de Marfil y el café en Brasil y Vietnam, presionados por sequías, calor extremo y alteraciones climáticas.
“Ya está viendo como su cadena de suministro está interrumpida, ya está viendo la volatilidad de los precios. Y pues es una cadena de suministro muy compleja. Tiene una enorme cantidad de proveedores, mientras los consumidores quieren lechuga, café o pescado todo el año, al mismo precio y con múltiples opciones. El supermercado enfrenta márgenes ajustados y, aun así, el 93% de sus emisiones vienen del Alcance 3”, señaló Terroba.
La especialista destacó que muchas compañías han avanzado en energía renovable, reciclaje o eficiencia operativa, pero todavía carecen de información más detallada sobre sus cadenas de suministro. Esa falta de datos limita la capacidad para identificar riesgos críticos y diseñar estrategias de mitigación. En el estudio presentado por Carbon Trust y el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD, por sus siglas en inglés), una de las principales barreras detectadas entre empresas globales fue precisamente la información incompleta y poco precisa para medir emisiones indirectas.
“Sin información sólida, ¿cómo voy a tomar decisiones? ¿Cómo voy a abatir mis riesgos reputacionales y regulatorios para poder comunicar algo sustentado en evidencia? La transparencia por sí sola no resuelve nada si los datos no son robustos y verificables”, afirmó Terroba al explicar la necesidad de mejorar la trazabilidad de proveedores y productos.
Uno de los casos expuestos fue el de una empresa global de ingredientes nutricionales y lácteos que identificó que solo entre 1% y 2% de sus emisiones provenían de sus operaciones directas, mientras el resto se concentraba en su cadena de valor. A partir de un análisis detallado de proveedores y riesgos climáticos, la compañía pudo detectar vulnerabilidades asociadas a la producción de leche, como el estrés térmico en ganado y el incremento de costos veterinarios.