Pero el rediseño implica retos. De acuerdo con Organisation for Economic Co-operation and Development, uno de los principales desafíos es la transformación de las cadenas de suministro, que deben adaptarse a nuevos materiales y procesos más sostenibles, lo que puede generar disrupciones operativas y costos adicionales.
A esto se suma el comportamiento del consumidor. El Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas inglés) advierte que la adopción de modelos circulares depende en gran medida de cambios en los hábitos de consumo, como el uso de sistemas de recarga o la preferencia por productos duraderos, lo que requiere educación y confianza en las nuevas soluciones.
La experiencia en los cosméticos
En sectores de consumo masivo, estas innovaciones son más visibles. L'Oréal, por ejemplo, ha impulsado productos de cuidado personal sin empaque o con sistemas de recarga, con el objetivo de reducir el uso de plásticos de un solo uso y mejorar la reciclabilidad de sus envases. Según datos de la propia empresa, más del 60% de sus empaques ya son reutilizables, reciclables o compostables, y su meta es alcanzar el 100% en 2030. Estas estrategias de economía circular también incluyen el uso de materiales reciclados y la reducción del peso de los envases.
“Hemos pasado de entender la circularidad solo en términos de envases a aplicarla en lo que llamamos la ‘circularidad de la molécula’. Esto implica repensar el origen mismo de los ingredientes: en lugar de extraer nuevos recursos, reutilizamos subproductos de otras industrias. Por ejemplo, utilizamos pulpa de madera de la industria papelera para desarrollar Pro-Xylane, o aprovechamos cáscaras de frutas y semillas provenientes de la industria alimentaria para extraer antioxidantes y aceites esenciales. De esta forma, cerramos ciclos de valor sobre recursos ya cosechados, reduciendo presión sobre la biodiversidad”, señala Araceli Becerril, directora de Responsabilidad Corporativa de L'Oréal.
Becerril agrega que otra estrategia clave es el sistema de refill, que puede tener un impacto inmediato y cuantificable en la reducción de residuos. Al rellenar un envase existente en lugar de adquirir uno nuevo, se evita la fabricación de nuevos componentes, lo que reduce el uso de materiales vírgenes y la energía asociada a su producción. Ejemplos como Lancôme La Vie Est Belle, que al optar por una recarga de 100 mililitros (ml) en lugar de dos frascos de 50 ml, se logra un ahorro del 73% de vidrio, 66% de plástico y 61% de cartón y también, Acqua di Giò Eau de Toilette, que con una recarga de 150 ml frente a tres frascos de 50 ml permite ahorrar 57% de vidrio, 49% de cartón, 21% de plástico y 100% de metal.
Otras empresas más pequeñas del sector también han avanzado en esta ruta. Fátima Sámano y Luula Sámano, CEO de Rice & Shine, señalan que lo natural no siempre es sinónimo de sostenibilidad y reconocen que algunos ingredientes naturales pueden requerir un uso excesivo de agua o tierra, o involucrar procesos poco responsables, por lo que la clave está en seleccionar insumos que sean efectivos, seguros y obtenidos de manera responsable.
“Hoy en día, las marcas no podemos limitarnos a la simple noción de que un ingrediente es ‘natural’. Es esencial conocer el origen de cada componente, quién lo cultiva o produce y bajo qué estándares. En Rice & Shine, nuestra prioridad es colaborar con proveedores de confianza y utilizar materias primas con un respaldo verificable. Para nosotros, la trazabilidad es un pilar fundamental que garantiza la calidad de nuestros productos”, comenta Sámano.
Las directivas añaden que una estrategia centrada en la economía circular permite optimizar el uso de recursos y evitar desperdicios. En su caso, insumos como el arroz representan una oportunidad para desarrollar múltiples beneficios a partir de una misma fuente. “La idea es formular con propósito, utilizando ingredientes con valor real y evitando fórmulas innecesariamente complejas”, dicen.
La implementación en otros sectores
La consultora PwC señala que muchas empresas aún se enfocan en mejoras incrementales en productos ya existentes. Por ejemplo, las compañías de agua embotellada han reducido el tamaño de los tapones de plástico, una medida que, aunque positiva, tiene un impacto limitado frente al problema de los plásticos de un solo uso. Las empresas, advierte, deberían abordar el embalaje de forma más integral.