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El diseño define hasta 80% del impacto ambiental de un producto

En el sector de consumo destacan empresas como L'Oréal, que tiene como objetivo que el 100% de sus empaques sean reutilizables, reciclables o compostables para 2030.
jue 30 abril 2026 05:55 AM
rediseño de productos
Un estudio reciente de Bain & Company revela que el 75% de los consumidores está dispuesto a pagar más por productos sostenibles. (Dilok Klaisataporn/Getty Images)

La presión regulatoria, el cambio en las preferencias de los consumidores y la urgencia climática empuja a las empresas a replantear, desde su origen, la forma en que diseñan sus productos. De acuerdo con la Ellen MacArthur Foundation, hasta el 80% del impacto ambiental de un producto se define en la etapa de diseño. Esto implica que decisiones sobre materiales, procesos de manufactura y el fin de vida determinan, en gran medida, la huella ambiental total, por lo que intervenir en esta fase resulta clave.

Pero este cambio no solo responde a un beneficio ambiental, sino también a múltiples efectos positivos en el mercado; por ejemplo un estudio de Bain & Company señala que el 75% de los consumidores está dispuesto a pagar más por productos sostenibles.

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Pero el rediseño implica retos. De acuerdo con Organisation for Economic Co-operation and Development, uno de los principales desafíos es la transformación de las cadenas de suministro, que deben adaptarse a nuevos materiales y procesos más sostenibles, lo que puede generar disrupciones operativas y costos adicionales.

A esto se suma el comportamiento del consumidor. El Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas inglés) advierte que la adopción de modelos circulares depende en gran medida de cambios en los hábitos de consumo, como el uso de sistemas de recarga o la preferencia por productos duraderos, lo que requiere educación y confianza en las nuevas soluciones.

La experiencia en los cosméticos

En sectores de consumo masivo, estas innovaciones son más visibles. L'Oréal, por ejemplo, ha impulsado productos de cuidado personal sin empaque o con sistemas de recarga, con el objetivo de reducir el uso de plásticos de un solo uso y mejorar la reciclabilidad de sus envases. Según datos de la propia empresa, más del 60% de sus empaques ya son reutilizables, reciclables o compostables, y su meta es alcanzar el 100% en 2030. Estas estrategias de economía circular también incluyen el uso de materiales reciclados y la reducción del peso de los envases.

“Hemos pasado de entender la circularidad solo en términos de envases a aplicarla en lo que llamamos la ‘circularidad de la molécula’. Esto implica repensar el origen mismo de los ingredientes: en lugar de extraer nuevos recursos, reutilizamos subproductos de otras industrias. Por ejemplo, utilizamos pulpa de madera de la industria papelera para desarrollar Pro-Xylane, o aprovechamos cáscaras de frutas y semillas provenientes de la industria alimentaria para extraer antioxidantes y aceites esenciales. De esta forma, cerramos ciclos de valor sobre recursos ya cosechados, reduciendo presión sobre la biodiversidad”, señala Araceli Becerril, directora de Responsabilidad Corporativa de L'Oréal.

Becerril agrega que otra estrategia clave es el sistema de refill, que puede tener un impacto inmediato y cuantificable en la reducción de residuos. Al rellenar un envase existente en lugar de adquirir uno nuevo, se evita la fabricación de nuevos componentes, lo que reduce el uso de materiales vírgenes y la energía asociada a su producción. Ejemplos como Lancôme La Vie Est Belle, que al optar por una recarga de 100 mililitros (ml) en lugar de dos frascos de 50 ml, se logra un ahorro del 73% de vidrio, 66% de plástico y 61% de cartón y también, Acqua di Giò Eau de Toilette, que con una recarga de 150 ml frente a tres frascos de 50 ml permite ahorrar 57% de vidrio, 49% de cartón, 21% de plástico y 100% de metal.

Otras empresas más pequeñas del sector también han avanzado en esta ruta. Fátima Sámano y Luula Sámano, CEO de Rice & Shine, señalan que lo natural no siempre es sinónimo de sostenibilidad y reconocen que algunos ingredientes naturales pueden requerir un uso excesivo de agua o tierra, o involucrar procesos poco responsables, por lo que la clave está en seleccionar insumos que sean efectivos, seguros y obtenidos de manera responsable.

“Hoy en día, las marcas no podemos limitarnos a la simple noción de que un ingrediente es ‘natural’. Es esencial conocer el origen de cada componente, quién lo cultiva o produce y bajo qué estándares. En Rice & Shine, nuestra prioridad es colaborar con proveedores de confianza y utilizar materias primas con un respaldo verificable. Para nosotros, la trazabilidad es un pilar fundamental que garantiza la calidad de nuestros productos”, comenta Sámano.

Las directivas añaden que una estrategia centrada en la economía circular permite optimizar el uso de recursos y evitar desperdicios. En su caso, insumos como el arroz representan una oportunidad para desarrollar múltiples beneficios a partir de una misma fuente. “La idea es formular con propósito, utilizando ingredientes con valor real y evitando fórmulas innecesariamente complejas”, dicen.

La implementación en otros sectores

La consultora PwC señala que muchas empresas aún se enfocan en mejoras incrementales en productos ya existentes. Por ejemplo, las compañías de agua embotellada han reducido el tamaño de los tapones de plástico, una medida que, aunque positiva, tiene un impacto limitado frente al problema de los plásticos de un solo uso. Las empresas, advierte, deberían abordar el embalaje de forma más integral.

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En la industria tecnológica, el rediseño va más allá del empaque. Empresas como Apple han incrementado el uso de materiales reciclados en sus dispositivos y optimizado el diseño para facilitar su desmontaje y la recuperación de componentes. Por su parte, Dell Technologies ha incorporado plásticos reciclados y materiales renovables en sus equipos.

En el sector mobiliario, IKEA ha rediseñado productos para que sean más fáciles de desmontar, reparar y reciclar, además de apostar por materiales renovables y reciclados. Su objetivo es que todos sus productos sean circulares para 2030.

La industria de la moda también experimenta transformaciones. Marcas como Adidas y Nike han lanzado líneas de calzado fabricadas con materiales reciclados, incluidos plásticos recuperados de los océanos, y trabajan en modelos completamente reciclables al final de su vida útil.

Según PwC, el 69% de las empresas a nivel mundial apenas ha comenzado a abordar la sostenibilidad, realizando evaluaciones del ciclo de vida en menos del 25% de sus productos. Además, estima que el gasto anual en innovación y desarrollo de productos sostenibles podría alcanzar los 100,000 millones de dólares en los próximos tres a cinco años.

“Una de las formas más efectivas de ser sostenibles es transformar el portafolio de productos y las prácticas de desarrollo subyacentes. Si bien este proceso puede ser complejo, los beneficios superan los costos. Integrar la sostenibilidad en los procesos clave permite mejorar el valor que la empresa ofrece tanto a los clientes como a la sociedad”, indica la consultora.

El rediseño como el paso a seguir

En un entorno donde reguladores, inversionistas y consumidores demandan mayor responsabilidad ambiental, las empresas que integren estos principios desde el diseño estarán mejor posicionadas para transitar hacia una economía más sostenible. Modelos como la recarga o la reutilización dependen, sin embargo, de cambios en los hábitos de consumo, lo que exige campañas de educación y comunicación para facilitar su adopción.

La directiva de L'Oréal reconoce que el mayor reto no es solo el material, sino el hábito. Durante años, el consumo se ha construido alrededor de la conveniencia de lo desechable: rápido, práctico y accesible. Cambiar esta lógica implica rediseñar no solo el envase, sino toda la experiencia del usuario.

“La industria ya ha establecido metas ambiciosas, como avanzar hacia plásticos reciclados o de origen biológico y empaques rellenables o reutilizables, pero aterrizarlas requiere transformar toda la cadena de valor”, menciona Becerril.

Por su parte, Ellen MacArthur Foundation destaca que, si bien el diseño ha desempeñado un papel crucial en la construcción de sistemas actuales poco eficientes, también puede ser clave para crear modelos más sostenibles a largo plazo. Esto implica repensar radicalmente la forma en que se diseñan los productos.

“Se requiere voluntad de cambio, pero también creatividad, capacidad, la participación de todos los sectores y una multiplicidad de enfoques. El desafío es urgente, pero el futuro es prometedor”, reconoce la organización.

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