Entre las alternativas que han ganado atención destaca el uso de cabello humano y animal como material absorbente. La técnica ha sido promovida por organizaciones como Matter of Trust, que desde hace años impulsa la recolección de cabello para fabricar barreras capaces de retener petróleo en superficies acuáticas. La organización certifica a las peluquerías y barberías a través de su programa ‘Club Salones Cero Residuos’ en México y América Latina.
En distintos países, esta solución ha sido aplicada con apoyo de voluntarios y comunidades locales. Salones de belleza, veterinarias y granjas participan en la recolección del material, que posteriormente es transformado en tapetes o cilindros absorbentes. Este enfoque no solo contribuye a la limpieza, sino que también fomenta la participación social en la respuesta ambiental.
En México, colectivos y organizaciones han comenzado a replicar estas iniciativas tras el derrame. La posibilidad de involucrar a la ciudadanía en la recolección de cabello ha generado redes de colaboración en las zonas afectadas, aunque organizaciones como Greenpeace y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) advierten que su uso requiere procesos adecuados de manejo y disposición para evitar impactos secundarios.
“Un litro de hidrocarburo es capaz de contaminar hasta 150,000 litros de agua, afectando el intercambio de oxígeno, comprometiendo la respiración y la reproducción de los peces y llevando a la muerte de muchos organismos acuáticos. Esta tecnología de fieltrado de pelo, validada por la NASA y utilizada por la Fuerza Aérea de Estados Unidos, es eficaz en la descontaminación”, indica en un reporte la organización.
Según datos de Matter of Trust, el cabello puede retener varias veces su peso en petróleo, lo que lo convierte en un recurso útil en escenarios de emergencia, menciona que también tiene propiedades naturales que le permiten absorber hidrocarburos con eficiencia, pues cada kilo de pelo puede remover hasta ocho kilos de hidrocarburos y cinco gramos de metales pesados, además de otros contaminantes como heces fecales de animales y humanos, los contaminantes químicos persistentes o eternos (PFAS, por sus siglas en inglés) y compuestos de carbón o petróleo. El Petropelo se destaca como uno de los mejores absorbentes del mercado, apoyando a empresas y comunidades en la respuesta a eventos de contaminación. Además, su disponibilidad y bajo costo facilitan su adopción en contextos donde los recursos son limitados.
Otra de las soluciones que ha cobrado relevancia es la biorremediación mediante microorganismos. Este método utiliza bacterias y hongos capaces de descomponer los compuestos tóxicos del petróleo, transformándolos en sustancias menos dañinas para el entorno natural.
La National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) ha documentado que ciertas bacterias marinas pueden metabolizar hidrocarburos de forma natural, acelerando la degradación del petróleo en el agua. Este proceso ocurre de manera espontánea, pero puede ser potenciado mediante intervenciones controladas.