“Considero que, por ahora, el tema (de sostenibilidad) no ocupa un lugar prioritario en la agenda. Existen preocupaciones más apremiantes, como la guerra arancelaria o la situación de sectores clave como el automotriz; en ese contexto, la agenda ambiental queda relegada. No obstante, en materia energética persisten tensiones y disputas que evidencian la falta de una alineación clara entre los países”, explica María Rangel, profesora investigadora en relaciones internacionales y economía política internacional de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno de Tecnológico de Monterrey.
En este escenario, Rangel comenta que México enfrenta desafíos estructurales relevantes. Por un lado, debe equilibrar la atracción de inversión extranjera con el cumplimiento de compromisos ambientales, en un contexto donde Estados Unidos puede resistirse a incorporar obligaciones que incrementen los costos de sus empresas. Por otro lado, persisten limitaciones internas, como una matriz energética aún dependiente de combustibles fósiles, presión sobre recursos como el agua y brechas en la implementación y monitoreo de la regulación ambiental.
“La sostenibilidad es transversal y está relacionada directa e indirectamente con todas las actividades económicas que se discuten no nada más dentro del T-MEC, sino también fuera, especialmente por el grado de integración de las cadenas de suministro”, resalta Erick Hernández, presidente de la Comisión de Medio Ambiente de la International Chamber of Commerce México (ICC México).
Hernández añade que a estos retos se suma la dificultad de alinear prioridades entre los socios comerciales. Mientras Canadá mantiene una postura más favorable a la agenda ambiental, Estados Unidos puede utilizar estos temas como herramienta de negociación, al subordinar estos temas a intereses económicos o comerciales. Esto obliga a México a definir con claridad qué está dispuesto a negociar y qué debe mantener como prioridad estratégica.
“Estados Unidos va a presionar para que estos temas no sean obligatorios si implican costos adicionales para sus inversiones. Muchas veces los usan como moneda de cambio en la negociación”, advierte Hernández.
No obstante, también emergen oportunidades relevantes para México. La creciente presión del sector privado y de inversionistas internacionales está impulsando la adopción de criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), lo que posiciona a la sostenibilidad como un factor clave para atraer capital y fortalecer la integración productiva. Además, el país tiene potencial para insertarse en cadenas de valor vinculadas a tecnologías limpias, energías renovables y economía circular.