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Las ciudades de América Latina quedan rezagadas a nivel global en sostenibilidad

Las ciudades latinoamericanas enfrentan rezagos en sostenibilidad. México muestra avances en movilidad y tecnología, pero arrastra desafíos ambientales, sociales y de gobernanza.
mar 20 enero 2026 05:55 AM
america latina y sostenibilidad
Los mayores rezagos para México según el índice IESE Cities in Motion Index 2025 se concentran en el ámbito ambiental, con la posición 168, así como en cohesión social, tecnología, movilidad y economía, que se colocan en los lugares 137, 135, 134 y 105, respectivamente.
(abalcazar/Getty Images)

Las ciudades de América Latina enfrentan un rezago estructural en materia de sostenibilidad urbana que se refleja en brechas persistentes de planeación, movilidad, medio ambiente y cohesión social. Aunque la región concentra algunos avances puntuales, el desempeño general sigue por debajo de los estándares observados en ciudades de Europa y Asia, de acuerdo con el IESE Cities in Motion Index 2025, que evalúa a 183 ciudades del mundo a partir de nueve dimensiones clave del desarrollo urbano sostenible.

El índice elaborado por el IESE Business School muestra que las ciudades mejor posicionadas en sostenibilidad son Londres, Nueva York, París y Tokio. En contraste, las principales urbes latinoamericanas se mantienen en posiciones medias o bajas. Santiago de Chile, Buenos Aires en Argentina y la Ciudad de México ocupan los lugares 89, 117 y 118, respectivamente, reflejo de factores estructurales como la rápida urbanización, las restricciones presupuestales y una débil coordinación institucional.

En ese sentido, el reporte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre los desafíos y las estrategías de sostenibilidad para América Latina destaca que este rezago para iniciativas en sostenibilidad se debe principalmente a que es la región más urbanizada del planeta, con un 80% de su población (aproximadamente 521 millones de personas) viviendo en zonas urbanas que derivan en un crecimiento acelerado y, a menudo, no planificado, que genera una intersección crítica entre problemas ambientales y disparidades socioeconómicas.

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“El crecimiento urbano sin planificación ha derivado en factores de exclusión social que afectan la vivienda, la segregación y el acceso a servicios básicos. Esta falta de ordenamiento territorial no solo aumenta el riesgo de desastres, sino que también provoca un alto impacto ambiental, como un escaso manejo de aguas residuales y la degradación de recursos hídricos subterráneos”, señala el reporte de la ONU.

En este contexto regional, México aparece como un caso representativo de avances desiguales. Ciudades como la Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara han incorporado políticas de movilidad sustentable, expansión del transporte público y digitalización de servicios gubernamentales, lo que les permite mejorar su desempeño en dimensiones como tecnología y economía. Sin embargo, el propio índice advierte que estos avances no han sido suficientes para compensar rezagos históricos en contaminación del aire, acceso equitativo a servicios urbanos y resiliencia climática.

Dentro del ranking, México obtiene sus mejores evaluaciones en capital humano, donde se ubica en la posición 45, y en perfil internacional, en el lugar 47. En gobernanza sostenible ocupa la posición 65, mientras que la planeación urbana se sitúa en el lugar 79. En contraste, los mayores rezagos se concentran en el ámbito ambiental, con la posición 168, así como en cohesión social, tecnología, movilidad y economía, que se colocan en los lugares 137, 135, 134 y 105, respectivamente.

El componente ambiental es el mayor desafío para las ciudades mexicanas. El IESE Cities in Motion Index 2025 incorpora nuevos indicadores como el porcentaje de áreas verdes y el uso de energías renovables, variables en las que muchas ciudades del país muestran resultados limitados frente a otras regiones. A ello se suma la alta vulnerabilidad climática asociada al aumento de temperaturas y a la presión sobre los recursos hídricos, factores que comprometen la sostenibilidad de largo plazo.

Otras de las variables que tuvo rezago fue en temas de cohesión social, pues el estudio subraya que la desigualdad sigue siendo un obstáculo central para el desarrollo urbano en México y toda América Latina. Indicadores como el coeficiente de Gini, el acceso a vivienda asequible y la seguridad pública continúan impactando negativamente el desempeño de las ciudades de la región.

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En México, según el reporte, pese a tener una mayor cobertura de servicios básicos en zonas urbanas, persisten contrastes marcados entre áreas centrales y periféricas, lo que limita la calidad de vida y la inclusión social.

Para la investigación de IESE Business School la gobernanza urbana es un factor decisivo para cerrar brechas de sostenibilidad. Dentro del reporte, se resalta que la participación en redes internacionales, el uso de datos abiertos y la adopción de estándares como la certificación ISO 37120 (proporciona un marco de indicadores clave para medir y comparar el desempeño de los servicios urbanos y la calidad de vida en las ciudades) son prácticas aún incipientes en muchas ciudades latinoamericanas. En el caso mexicano, si bien existen avances en digitalización gubernamental, el reto sigue siendo traducir esas herramientas en políticas públicas más eficientes, transparentes y con impacto ambiental medible.

“El rezago en sostenibilidad de las ciudades latinoamericanas no se debe a un solo factor, sino a la combinación de una urbanización masiva con estructuras económicas de baja productividad, alta informalidad y un entorno de violencia y desigualdad extrema”, agrega la ONU.

Por su parte, el IESE Cities in Motion Index 2025 concluye que el futuro de las ciudades latinoamericanas dependerá de su capacidad para adoptar una visión integral de sostenibilidad, basada en datos confiables, cooperación entre sectores y planeación de largo plazo. Para México, la IESE Business School destaca que el desafío no es solo escalar las buenas prácticas existentes, sino cerrar las brechas estructurales que siguen limitando la transición hacia ciudades más resilientes, inclusivas y sostenibles.

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