China se encamina a ser una potencia reguladora en materia climática con la publicación de su primer estándar nacional de divulgación climática corporativa, una norma que, según analistas, puede marcar un antes y un después en la forma en que las empresas reportan su impacto ambiental y social. El Corporate Sustainable Disclosure Standard No. 1 – Climate establece un marco para que las compañías divulguen información climática de manera más estructurada y amplia que lo que exige la mayor parte de los estándares internacionales actuales.
China fija un nuevo estándar ESG que eleva la exigencia para las empresas
El nuevo estándar llega en un momento en que las empresas mexicanas, tanto aquellas con operaciones directas en Asia como las que forman parte de cadenas de suministro globales, afinan sus estrategias de sostenibilidad para 2026, año en el que entran en vigor diversas obligaciones de reporte en México y otras jurisdicciones.
El estándar chino se basa en cuatro pilares (gobernanza, estrategia, gestión de riesgos y oportunidades, y métricas y objetivos) similares a los del IFRS S2 del International Sustainability Standards Board (ISSB), que ha sido adoptado por diversos mercados, incluida la regulación de información de sostenibilidad en México a partir de 2025.
Sin embargo, el estándar de China incorpora como elemento distintivo la obligación de transparencia no solo sobre cómo el cambio climático puede afectar financieramente a una empresa, sino también sobre cómo la empresa influye en el clima a través de sus operaciones y cadenas de valor, un principio conocido como doble materialidad.
La adopción de este enfoque responde a la ambición declarada de China de alcanzar el pico de emisiones de dióxido de carbono para 2030 y la neutralidad climática para 2060, lo que ha impulsado un avance regulatorio acelerado en sostenibilidad corporativa. En diciembre de 2024 y durante 2025, el Ministerio de Finanzas, junto con otros ocho departamentos gubernamentales, publicó el estándar y sus guías de aplicación, con lo que se estableció la arquitectura de lo que será un sistema nacional obligatorio hacia finales de la década.
Entre las características centrales del estándar climático está la presentación estructurada de inventarios de gases de efecto invernadero (incluyendo emisiones de Alcances 1, 2 y, eventualmente, 3), análisis de escenarios climáticos y metas de reducción. Además, las autoridades chinas ya están desarrollando guías sectoriales específicas para industrias de alto impacto, como energía, acero y automotriz, para facilitar la aplicación práctica del estándar.
Para las empresas mexicanas, estas exigencias tienen implicaciones operativas y estratégicas. México, por ejemplo, ha incorporado desde 2025 las normas del ISSB, entre ellas IFRS S2, como el marco regulatorio para la presentación de reportes de sostenibilidad que deben presentarse en 2026. Pero el enfoque chino de divulgación de impacto requiere ajustes adicionales en la captura de datos y en la gestión de información sobre emisiones a lo largo de la cadena de suministro, no solo para cumplir con requisitos locales, sino también para mantener acceso a mercados, inversionistas y relaciones comerciales vinculadas a China.
Entre las empresas mexicanas que potencialmente se verán impactadas por este nuevo estándar se encuentran Nemak, Bimbo, Vitro y Cemex, todas con presencia operativa en China.
Nemak, por ejemplo, opera plantas en China que abastecen a fabricantes automotrices globales, un sector que ya está en la mira de las guías sectoriales que desarrollan los reguladores chinos. Grupo Bimbo cuenta con operaciones productivas y comerciales en el país asiático, lo que la obligará a profundizar la medición y divulgación de emisiones y riesgos climáticos en su cadena de suministro.
Vitro mantiene capacidades industriales y alianzas en China para atender a clientes del sector automotriz y de envases, mientras que Cemex, aunque ha reducido su huella directa, sigue expuesta a requerimientos de reporte climático a través de clientes, proveedores y financiamiento ligado a proyectos en la región.
En todos los casos, el nuevo estándar chino no solo implica ajustes en reportes, sino también en procesos internos de gestión climática y trazabilidad de impacto ambiental.
Para analistas, el avance chino representa un desafío para el “modelo anglosajón” representado por los estándares del ISSB y puede motivar a otros países a revisar sus propios enfoques hacia la doble materialidad y la transparencia climática.
En la práctica, las empresas con exposición a China tendrán que invertir en sistemas de reporte más robustos y en procesos de medición de impacto que cubran no solo riesgos financieros, sino también efectos ambientales reales y tangibles. Este salto exige mayor coordinación con proveedores y socios en Asia, así como una revisión estratégica de las políticas de sostenibilidad para 2026 y más allá. Los cambios regulatorios en China, aunque iniciados como voluntarios en su fase de prueba, están encaminados a convertirse en obligatorios a medida que madure el marco normativo.