Tuvalu es una serie de atolones de coral y figura entre los países más expuestos a los efectos del cambio climático, como la subida del nivel del mar, la acidificación de los océanos y la propagación de enfermedades tropicales.
La superficie terrestre es tan escasa que la pista del aeropuerto internacional se usa también como pabellón deportivo.
Dada la fragilidad de su economía y sus escasos recursos naturales, Tuvalu confía en un fondo fiduciario gubernamental para financiar su lucha contra la crisis climática.
Su gestión se confió en 2022 a Mercer, que invirtió los recursos en fondos con participaciones en grandes empresas de combustibles fósiles, según documentos financieros e informes oficiales consultados por AFP.
El Fondo Fiduciario de Tuvalu fue creado en 1987 con apoyo de Australia, Nueva Zelanda y Reino Unido, y es una fuente crucial de financiación para un país muy dependiente de la ayuda exterior.
El activista local Richard Gokrun calificó de "realmente chocante" que el país esté vinculado a inversiones en combustibles fósiles, responsables de un calentamiento global que amenaza su supervivencia.
"Estamos muy a favor de salir de los combustibles fósiles, porque vemos el impacto en el país", dijo a AFP desde la capital Funafuti este hombre que trabajó en los servicios meteorológicos.
"Los mayores cambios que vemos es la subida del nivel del mar. Hay zonas nuevas que están siendo inundadas", añadió Gokrun.
Mercer no quiso responder en detalle. "No comentamos ni facilitamos análisis sobre nuestros clientes o sus carteras de inversión", indicó.