El rezago del país también se refleja en las comparaciones internacionales. El Índice Global de Residuos 2025, elaborado por la empresa Sensoneo, que evalúa la eficiencia y sostenibilidad del manejo de desechos en países de la OCDE, ubica a México en el lugar 31. En contraste, Japón, Corea del Sur, Estonia, Alemania, Austria, Finlandia y Bélgica encabezan el ranking. En América Latina, Colombia y Costa Rica destacan como los mejor posicionados.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), uno de los principales retos para los países que inician programas de separación de basura son los cuellos de botella en la infraestructura. Entre ellos sobresalen la falta de rutas de recolección bien definidas, horarios consistentes y la limitada capacidad de las plantas de selección y compostaje para procesar el volumen de residuos que generan las grandes ciudades.
Sin embargo, el desafío no es exclusivo de México. En distintas regiones del mundo, la separación de residuos ha dejado de ser un gesto simbólico para convertirse en una política pública con impactos medibles en el ambiente, la economía y la calidad de vida urbana. Mientras ciudades europeas y latinoamericanas afinan sistemas de recolección diferenciada y corresponsabilidad ciudadana, estos casos sirven como referencia para el camino que busca seguir la CDMX.
Casos consolidados en Europa
Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, países como Alemania, Austria y Bélgica reciclan más del 50% de sus residuos municipales gracias a esquemas obligatorios de separación en origen, infraestructura de recolección diferenciada y tarifas que penalizan la generación excesiva de basura.
En Alemania, bajo el marco del Ministerio Federal de Medio Ambiente, el manejo de residuos se rige por un modelo de economía circular que prioriza prevenir, reutilizar y reciclar. El país aplica separación obligatoria, el esquema de “paga según lo que tiras” y la responsabilidad extendida del productor, que obliga a las empresas a financiar la recolección y reciclaje de los envases que colocan en el mercado. El WEF destaca que, con infraestructura avanzada, educación ambiental y coordinación gubernamental, Alemania ya supera 60% de reciclaje y ha reducido al mínimo el uso de vertederos.
Austria sigue una ruta similar. La separación obligatoria en origen está respaldada por normativas nacionales que exigen a hogares y comercios clasificar sus residuos, con sanciones en caso de incumplimiento. A ello se suma una fuerte inversión en reciclaje, compostaje y valorización energética.
En Suecia, la Agencia de Protección Ambiental señala que opera un sistema para aprovechar sus residuos, basado en separación en origen, economía circular y valorización energética de residuos. El programa combina reciclaje, compostaje y valorización energética para que menos del 1% de la basura termine en vertederos.
La separación obligatoria permite recuperar materiales como papel, metales, vidrio y plásticos, mientras que los residuos orgánicos se destinan a biogás para transporte y calefacción. Lo no reciclable se procesa en plantas de incineración con recuperación de energía, que generan electricidad y calor para redes de calefacción urbana.
Experiencias locales también muestran resultados concretos. En ciudades como Milán, Italia, la recolección puerta a puerta de residuos orgánicos permitió superar el 60% de recuperación de materiales y reducir de manera significativa el volumen enviado a rellenos sanitarios, de acuerdo con datos del ayuntamiento y de la Comisión Europea.