El estudio evalúa 183 ciudades de 92 países mediante nueve dimensiones: economía, capital humano, cohesión social, medioambiente, gobernanza, planificación urbana, movilidad y transporte, tecnología y proyección internacional. La metodología busca medir la capacidad de las ciudades para generar competitividad y sostenibilidad de manera equilibrada, considerando tanto el desempeño actual como sus perspectivas de desarrollo futuro.
Dentro de América Latina, la Ciudad de México se ubicó en la cuarta posición regional, por debajo de Santiago, Buenos Aires y Montevideo. Sin embargo, fue una de las pocas ciudades líderes de la región que perdió posiciones en los últimos años. Mientras Santiago avanzó 13 lugares entre 2023 y 2025, la capital mexicana descendió nueve posiciones en ese mismo periodo.
“A su vez, Ciudad de México exhibe su mayor fortaleza en proyección internacional, en el que se ubica en el lugar 28 y capital humano con una posición en el ranking en el 53, coherentes con su peso demográfico y su rol como capital política y cultural de referencia regional”, indica el reporte.
El principal foco de atención está en la dimensión ambiental. De acuerdo con el ranking por categorías, la Ciudad de México ocupa la posición 168 de 183 ciudades evaluadas en medioambiente, uno de sus peores resultados. También registra un desempeño rezagado en tecnología, donde se ubica en el lugar 140, y en movilidad y transporte, con la posición 139.
El reporte de la Universidad de Navarra, menciona que los desafíos ambientales no son menores, pues la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) continúa enfrentando episodios recurrentes de contaminación atmosférica y presión sobre sus recursos hídricos. Datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) indican que más del 70% del agua que consume la ciudad proviene de acuíferos sobreexplotados, mientras que el Sistema Cutzamala ha registrado en años recientes algunos de sus niveles de almacenamiento más bajos. A ello se suma la creciente vulnerabilidad climática derivada de sequías, inundaciones y olas de calor.
La calidad del aire también sigue siendo uno de los principales retos. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la exposición prolongada a partículas finas PM2.5 está asociada con enfermedades respiratorias y cardiovasculares. La propia metodología del índice considera variables como emisiones de carbono, contaminación atmosférica, acceso al agua, disponibilidad de áreas verdes y vulnerabilidad climática para evaluar el desempeño ambiental de las ciudades.