Quizá por eso la preocupación es tan profunda. Un estudio publicado en The Lancet Planetary Health, realizado con 10 mil jóvenes de diez países, encontró que tres de cada cuatro consideraban aterrador el futuro y que más de 45% señalaba que sus sentimientos frente al cambio climático afectaban su vida cotidiana. De acuerdo con el estudio, ese malestar también estaba relacionado con la percepción de que los gobiernos no estaban haciendo lo suficiente y con sentimientos de abandono y traición.
Esa preocupación también ayuda a entender lo que ocurre hoy en México. Durante la Local Conference of Youth, LCOY 2026, un espacio de discusión climática liderado por juventudes y vinculado con la participación juvenil dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, jóvenes de distintas regiones del país discutieron qué significa, en la práctica, avanzar hacia una transición energética justa.
La discusión ocurre en un momento particularmente relevante. Mientras México busca garantizar su seguridad y soberanía energética, ha vuelto a ponerse sobre la mesa la posibilidad de recurrir a la fractura hidráulica o fracking, una técnica cuestionada por sus posibles impactos sobre el agua, los ecosistemas y los territorios. Para muchas juventudes, esta discusión hace visible una de sus preocupaciones: se les invita a imaginar un futuro bajo en carbono mientras algunas decisiones energéticas siguen considerando la ampliación de la extracción de combustibles fósiles.
Esta preocupación no significa ignorar las necesidades energéticas del país. El propio comité de especialistas convocado por la Presidencia ha planteado que, antes de avanzar hacia la explotación de gas no convencional, México debería fortalecer otras alternativas, entre ellas ampliar la generación con fuentes renovables, mejorar la eficiencia energética, reducir la quema de gas en campos petroleros y aprovechar mejor los yacimientos convencionales.
El debate y preocupación, por tanto, va más allá de estar a favor o en contra de una técnica. También obliga a preguntarnos quién participa en las decisiones, con qué información lo hace y cuánto pesan realmente las voces de quienes vivirán durante más tiempo con sus consecuencias.
Participar no debería significar únicamente ser escuchado. También implica contar con condiciones para intervenir de manera informada y oportuna en las decisiones que afectan los territorios y la vida de las juventudes. Sin embargo, no todas parten de las mismas condiciones.
En 2025, 58.8% de las personas jóvenes ocupadas se encontraba en la informalidad laboral en nuestro país. Hablar de capacitación, liderazgo climático o participación sin reconocer esta realidad corre el riesgo de trasladarles una responsabilidad que no les corresponde asumir en solitario. Participar también exige tiempo, recursos, información y condiciones que permitan sostener esa participación.
Quizá, entonces, debemos dejar de pedir a las nuevas generaciones que simplemente imaginen una economía baja en carbono y comenzar a preguntarnos si estamos dispuestos a compartir con ellas la capacidad de decidir cómo construirla. Porque convocarlas, escuchar sus discursos e incorporarlas a foros y fotografías sirve de poco si los espacios donde realmente se toman las decisiones permanecen prácticamente intactos.
Nahum Elias Orocio Alcántara es Coordinador Universitario para la Sustentabilidad del Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Es biólogo por la Universidad Autónoma Metropolitana, Maestro en Ciencias de la Sustentabilidad por la UNAM y en Análisis, Conservación y Restauración de Hábitats por la Universidad de Jaén, España. Actualmente es Coordinador Universitario para la Sustentabilidad en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, donde impulsa iniciativas de vinculación, incidencia y cultura de la sustentabilidad. Ha participado en proyectos de investigación, educación y acción territorial, y colabora como divulgador en temas de sustentabilidad, crisis ambiental y política ambiental.