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Las emisiones de bonos ESG en México crecen 132% y rozan el total de 2025

Tras la primera caída desde 2018, el mercado mexicano de bonos verdes repuntó con mayores exigencias de transparencia, impacto climático y rendición de cuentas.
bonos y méxico
Durante el primer semestre de este año alcanzó un monto de 197,815 millones de pesos, un crecimiento de 132% respecto al mismo periodo de 2025. (Imagen creada en Google Flow)

El mercado mexicano de bonos etiquetada recuperó dinamismo en 2026, después de registrar en 2025 su primer retroceso anual en emisiones desde 2018. Durante el primer semestre de este año, alcanzó un monto de 197,815 millones de pesos, un crecimiento de 132% respecto al mismo periodo de 2025. En solo seis meses, la cifra equivale a 97% de lo colocado durante todo 2025, de acuerdo con cifras del Consejo Mexicano de Finanzas Sostenibles (CMFS).

La caída registrada en 2025 puede interpretarse como un ajuste después de varios años de expansión, más que como un cambio estructural en la demanda por instrumentos sostenibles. El repunte de 2026 apunta, en cambio, a una recuperación del interés tanto de emisores como de inversionistas.

Santiago Leal, director de Estrategia de Mercados Financieros de Grupo Financiero Banorte, señala que la reactivación del mercado responde tanto a las necesidades de refinanciamiento como a una mayor participación de Fibras y Agencias Federales. Con las emisiones ya anunciadas y posibles refinanciamientos adicionales, estima que el monto de instrumentos etiquetados podría cerrar ligeramente por encima del registrado en 2025.

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Por su parte, Janneth Quiroz, directora de Análisis Económico, Cambiario y Bursátil de Monex, coincide en que el comportamiento observado durante el primer semestre es una señal positiva y permite anticipar que el mercado de bonos etiquetados podría cerrar el año por encima de los niveles de 2025.

"Lo interesante de 2026 es que estamos viendo nuevamente una mayor disposición tanto de emisores como de inversionistas, además de la participación activa del gobierno, incluida la colocación simultánea de 35,000 millones de pesos mediante Bonos G y Bono S en febrero y la actualización del marco de referencia para financiamiento sostenible de Hacienda, que contribuyen a generar referencias para el mercado y facilitan que otros emisores acudan a este segmento", señala Quiroz.

A esta recuperación se suma la postura del Banco de México, que ha señalado que el desarrollo de las finanzas sostenibles requiere fortalecer la identificación y administración de los riesgos climáticos dentro del sistema financiero, así como mejorar la calidad de la información que reciben los participantes del mercado. Para el banco central, ambos elementos son necesarios para preservar la estabilidad financiera conforme aumentan las inversiones vinculadas con criterios ambientales.

El fortalecimiento del mercado también coincide con la consolidación de la Taxonomía Sostenible de México, desarrollada por la Secretaría de Hacienda para identificar las actividades económicas que contribuyen a objetivos ambientales y sociales. La herramienta busca dar mayor certeza a inversionistas y emisores sobre el destino de los recursos y reducir los espacios para prácticas de greenwashing.

"El mercado de bonos etiquetados, tanto local como global, enfrenta importantes retos y oportunidades en los próximos años. El desafío más relevante radica en fortalecer la divulgación y la transparencia para preservar el rigor del sector y mitigar los riesgos de greenwashing", señalaron en un reporte Luisa Adame y Belén Cubero, analistas de HR Sustainable Impact.

Las analistas de HR Ratings también identifican una oportunidad en la diversificación de los proyectos que pueden financiarse mediante estos instrumentos. El alcance normativo y la variedad de actividades económicas elegibles dentro de la Taxonomía Sostenible de México podrían ampliar el universo de emisores y proyectos, siempre que exista información suficiente para demostrar sus beneficios y riesgos.

Leal explica que el crecimiento del mercado está acompañado por una mayor exigencia de los inversionistas, pues la etiqueta sostenible, por sí sola, ha perdido capacidad para generar un beneficio automático en las condiciones de financiamiento, mientras que la calidad y profundidad de la información ESG se han convertido en factores cada vez más relevantes para diferenciar las emisiones.

"En este sentido, hemos observado una evolución en la sofisticación de las estructuras detrás de los bonos temáticos, de acuerdo con un mayor grado de madurez en este tipo de emisiones. Esto ha llevado a inversionistas y emisores a refinar sus objetivos y preferencias al momento de seleccionar los instrumentos en los que participan o estructuran cada uno", agrega Leal.

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Esta mayor selectividad también está impulsando cambios en las estructuras de los bonos temáticos, pues conforme el mercado madura, emisores e inversionistas afinan sus objetivos y criterios para determinar qué instrumentos ofrecen una contribución sostenible creíble y consistente con la estrategia general de la empresa.

A nivel internacional, la Asociación Internacional de Mercados de Capital (ICMA), responsable de los Principios de Bonos Verdes, ha actualizado sus lineamientos para reforzar la transparencia, la asignación de recursos y los mecanismos de reporte. El objetivo es fortalecer la confianza de los inversionistas y reducir el riesgo de declaraciones ambientales que no estén respaldadas por resultados verificables.

"La transparencia, la divulgación y la integridad del mercado son fundamentales para mantener la confianza de los inversionistas en las finanzas sostenibles, ya que la credibilidad de estos instrumentos dependerá cada vez más de la evidencia que respalde los beneficios ambientales de los proyectos financiados", señala la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Esta evolución también modifica la forma en que los grandes administradores de activos, como BlackRock, Mirova y Nikko Asset Management, evalúan los instrumentos sostenibles. La disponibilidad de métricas comparables permite mejorar la evaluación de los riesgos climáticos y distinguir entre proyectos con beneficios ambientales comprobables y aquellos cuya contribución es limitada o difícil de verificar.

Desde la perspectiva de Banorte, la evaluación de estos instrumentos requiere considerar no solo las características ambientales del proyecto, sino también la forma en que se estructura y verifica la emisión y la estrategia de sostenibilidad de la empresa. Entre los elementos que pueden adquirir mayor peso están el destino de los recursos, la alineación con marcos de referencia, la verificación independiente, los reportes de impacto y la integración de los criterios de sostenibilidad con el gobierno corporativo y las taxonomías aplicables.

A nivel internacional, los bonos etiquetados acumularon un monto de 8.1 billones de dólares en los últimos 10 años. En los primeros ocho meses de 2026, las emisiones sumaron 454,000 millones de dólares, equivalentes a 57% del monto colocado durante todo 2025, según datos de Climate Bonds.

Para Quiroz, el crecimiento del mercado no implica sustituir el análisis financiero tradicional por criterios ambientales, sino incorporarlos dentro de una evaluación más amplia. El primer criterio debe seguir siendo el riesgo crediticio del emisor, seguido por el rendimiento ajustado por riesgo y la liquidez. Después debe analizarse qué se financiará, cómo se seleccionan los proyectos, cuáles son los indicadores de impacto y cómo se reportan los resultados.

"El país tiene necesidades importantes de inversión en energía, agua, infraestructura, transporte, vivienda y eficiencia energética, por lo que los bonos etiquetados pueden convertirse en una fuente adicional de financiamiento para proyectos que tienen una necesidad económica real", recalca la directora de Análisis de Monex.

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