“Desde el punto de vista del sector financiero, cada vez hay más apetito por colocar financiamiento etiquetado y también más demanda para proyectos propios. Hay un matrimonio natural entre oferta y demanda”, afirmó José Luis Muñoz, Chief Sustainability Officer de Banorte.
El directivo explicó que las empresas han sido menos vocales sobre sus estrategias ASG ante el entorno “anti ESG” de los últimos años, pero sus compromisos y proyectos se mantienen. Y añade que la menor exposición pública no implica que las inversiones sostenibles hayan desaparecido.
Carlos Ernesto Rodríguez, director general adjunto de Inteligencia Sectorial de FIRA, coincidió en que el mercado atraviesa una etapa de maduración. La transformación, dijo, consiste en pasar del simple etiquetado de inversiones verdes a incorporar los riesgos climáticos y de la naturaleza en los balances y decisiones de las empresas.
Aunque en 2025 se frenó la velocidad de las emisiones sostenibles, la tendencia de largo plazo continúa siendo sólida, especialmente en inversiones para adaptación. Rodríguez aseguró que organismos financieros internacionales buscan de manera constante canalizar recursos a México para mitigar los efectos del cambio climático.
La transparencia corporativa dará más oportunidades
Uno de los retos pendientes, para el sector bancario, es ampliar la información ASG disponible entre pequeñas y medianas empresas, señaló Muñoz. Mientras los grandes corporativos y las empresas públicas suelen divulgar estos datos, muchas compañías privadas todavía carecen de incentivos u obligaciones para hacerlo.
Para los bancos, esa información permite identificar fortalezas, debilidades y riesgos que pueden atenderse mediante financiamiento, asesoría o seguros. El incentivo para las empresas, explicó Muñoz, es que una mayor transparencia puede facilitar el acompañamiento financiero y mejorar su resiliencia.
De hecho, Gabriel Estrada, socio de Dalus Capital, sostuvo que el interés por las inversiones de impacto continúa pese a los cambios políticos internacionales, porque el cambio climático y los problemas estructurales de la región siguen creando oportunidades de negocio.
Dalus Capital no nació como un fondo de impacto, su tesis inicial se concentró en startups tecnológicas, pero pronto identificó que muchas de esas empresas podían atender problemas económicos y sociales de gran escala. Estrada recordó que la firma fue uno de los primeros inversionistas en Clip al observar el potencial de la inclusión financiera, al ser uno de los problemas estructurales más urgentes en México.