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Financiamiento sostenible maduró y el capital mantiene el apetito por proyectos ASG

Especialistas señalan que el financiamiento sostenible dejó atrás la expansión acelerada y ahora integra riesgos climáticos, sociales y de naturaleza en las decisiones de crédito e inversión.
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En la imagen, Rosalía LaraEditora de Expansión ESG e Inteligencia Expansión, junto con los participantes del panel de financiamiento sostenible. De izquiera a derecha: Carlos Ernesto Rodríguez Gómez, director general adjunto de Inteligencia Sectorial en FIRA; José Luis Muñoz Domínguez, Banorte Chief Sustainability Officer y Gabriel Estrada, Socio en Dalus Capital. (Diego Álvarez Esquivel)

El financiamiento sostenible en México y América Latina dejó atrás la fase de crecimiento acelerado para entrar en una etapa de maduración, en la que los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) comienzan a incorporarse de forma transversal en las decisiones de crédito, inversión y administración de riesgos, coincidieron especialistas durante el panel de Financiamiento ESG en un entorno desafiante, en el marco del ESG Summit 2026 de Expansión.

Los participantes reconocieron que, después de crecer desde 2018, el mercado registró en 2025 su primera caída. Sin embargo, consideraron que el descenso no representa el fin de la tendencia, sino el tránsito hacia una etapa más sofisticada, en la que ya no basta con etiquetar bonos o proyectos como verdes: ahora se exige medir resultados, evaluar riesgos y demostrar que el capital genera beneficios económicos, sociales o ambientales.

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“Desde el punto de vista del sector financiero, cada vez hay más apetito por colocar financiamiento etiquetado y también más demanda para proyectos propios. Hay un matrimonio natural entre oferta y demanda”, afirmó José Luis Muñoz, Chief Sustainability Officer de Banorte.

El directivo explicó que las empresas han sido menos vocales sobre sus estrategias ASG ante el entorno “anti ESG” de los últimos años, pero sus compromisos y proyectos se mantienen. Y añade que la menor exposición pública no implica que las inversiones sostenibles hayan desaparecido.

Carlos Ernesto Rodríguez, director general adjunto de Inteligencia Sectorial de FIRA, coincidió en que el mercado atraviesa una etapa de maduración. La transformación, dijo, consiste en pasar del simple etiquetado de inversiones verdes a incorporar los riesgos climáticos y de la naturaleza en los balances y decisiones de las empresas.

Aunque en 2025 se frenó la velocidad de las emisiones sostenibles, la tendencia de largo plazo continúa siendo sólida, especialmente en inversiones para adaptación. Rodríguez aseguró que organismos financieros internacionales buscan de manera constante canalizar recursos a México para mitigar los efectos del cambio climático.

La transparencia corporativa dará más oportunidades

Uno de los retos pendientes, para el sector bancario, es ampliar la información ASG disponible entre pequeñas y medianas empresas, señaló Muñoz. Mientras los grandes corporativos y las empresas públicas suelen divulgar estos datos, muchas compañías privadas todavía carecen de incentivos u obligaciones para hacerlo.

Para los bancos, esa información permite identificar fortalezas, debilidades y riesgos que pueden atenderse mediante financiamiento, asesoría o seguros. El incentivo para las empresas, explicó Muñoz, es que una mayor transparencia puede facilitar el acompañamiento financiero y mejorar su resiliencia.

De hecho, Gabriel Estrada, socio de Dalus Capital, sostuvo que el interés por las inversiones de impacto continúa pese a los cambios políticos internacionales, porque el cambio climático y los problemas estructurales de la región siguen creando oportunidades de negocio.

Dalus Capital no nació como un fondo de impacto, su tesis inicial se concentró en startups tecnológicas, pero pronto identificó que muchas de esas empresas podían atender problemas económicos y sociales de gran escala. Estrada recordó que la firma fue uno de los primeros inversionistas en Clip al observar el potencial de la inclusión financiera, al ser uno de los problemas estructurales más urgentes en México.

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Actualmente, su portafolio incluye compañías de salud femenina, software, mitigación del cambio climático y biotecnología aplicada a la agricultura. Para invertir, la firma busca emprendedores con experiencia, mercados suficientemente grandes para escalar, soluciones claras, menores costos frente a las alternativas existentes y ventajas competitivas que aumenten la probabilidad de éxito.

La exposición al riesgo climático es clave para el crédito

El análisis de crédito también está cambiando, de acuerdo con el directivo de Banorte, además de la información financiera tradicional, los intermediarios comienzan a pedir la geolocalización de las empresas para conocer su exposición a huracanes, sequías, inundaciones u otros fenómenos que pueden afectar la continuidad del negocio y elevar la probabilidad de impago.

A partir de esa información, las instituciones pueden ofrecer acompañamiento técnico, seguros y medidas de mitigación. Cuando un proyecto de sostenibilidad mejora la productividad, reduce costos o protege la operación, añadió Estrada, su mayor rentabilidad se convierte en la explicación natural para financiarlo.

El socio de Dalus también destacó el potencial de soluciones basadas en información climática y satelital para mejorar los seguros y vincularlos directamente con productos de financiamiento bancario.

FIRA coloca 50,000 millones de pesos en bonos temáticos

FIRA ha realizado 18 emisiones de bonos temáticos por alrededor de 50,000 millones de pesos en los últimos años y, en todos los casos, la demanda superó el monto ofrecido, explicó el directivo de la institución. Los instrumentos han incluido bonos verdes, sociales y azules, respaldados por marcos de referencia, taxonomías y criterios científicos para garantizar a los inversionistas el destino de los recursos.

Uno de los bonos con mayor demanda estuvo enfocado en la pesca y la acuacultura sostenibles. Entre los problemas que buscaba atender se encuentran las llamadas redes fantasma, aparejos de pesca abandonados que permanecen en el mar y dañan a la fauna si no existe un proceso para recuperarlos.

Rodríguez señaló que la banca de desarrollo en México ocupa una posición privilegiada para movilizar estos recursos, debido a su red de intermediarios. De hecho, FIRA coordina la demanda de hasta 180 instituciones financieras y también ha garantizado emisiones temáticas de algunos de sus socios.

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Además, destacó que el sector agropecuario debe ser prioritario para el sistema financiero, tanto por sus necesidades de inclusión como por su impacto ambiental. Señaló que es el segundo generador de gases de efecto invernadero en México y enfrenta riesgos crecientes por la degradación del suelo, la disponibilidad de agua y la dependencia de insumos importados.

Como parte de su estrategia, FIRA impulsa la agricultura de conservación y programas para reducir el uso de fertilizantes nitrogenados. Por cada reducción de 30% en el uso de nitrógeno, la institución puede disminuir en 150 puntos base la tasa de financiamiento, además de respaldar el uso de biofertilizantes y bioestimulantes.

El directivo advirtió que los riesgos ambientales ya pueden trasladarse desde el campo hacia otras industrias mediante mayores costos, interrupciones de insumos y afectaciones en las cadenas productivas. Por ello, las empresas que no evalúen su exposición al agua, la biodiversidad y otros servicios ecosistémicos podrían enfrentar condiciones de capital y fondeo menos favorables.

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ESG

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